El área verde caraqueña que es parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad no tiene ni cómo desmalezar la grama. La intermitencia del resguardo que hacen cuatro GNB limita cada vez más las zonas transitables del JBC que alberga al Herbario Nacional.

Caracas. La maleza crece y crece en el Jardín Botánico de Caracas (JBC); al tiempo que la inseguridad reduce cada vez más las 9 hectáreas transitables de esta área verde de la Ciudad Universitaria, que forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad desde el año 2000.

La presidenta del Instituto Experimental Jardín Botánico Dr. Tobias Lasser, Ana Herrera, aseguró que hubo un avance al reconocerles un presupuesto parecido al de una facultad de la Universidad Central de Venezuela (UCV), pero este año deben rendir cinco millones 600.000 bolívares para preservar las 70 hectáreas de terreno boscoso y las 2500 especies de plantas que poseen.

Tienen un inventario de equipos dañados: de las 2 desmalezadoras, solo una funciona. Las dos cortadoras de grama también pasaron a mejor vifa. El camión Volteo está sin batería y desde el año 2010 hay problemas de bombeo por lo que deben lidiar con una sequía perenne.

Herrera explicó que están considerando suspender las visitas guiadas porque el monte está muy alto y temen que los visitantes puedan ser picados por algún animal.

La inseguridad también reduce las áreas verdes para el disfrute de los caraqueños. A los usuarios se les aconseja que no caminen más allá del área donde se encuentran los Ficus religiosos donde hacen las rutas budistas, por lo que la mitad del jardín transitable está vetado. La famosa Laguna Venezuela, donde flota la especie Victoria Cruziana —que se creía extinta en el país y que se conservaba en su momento en el espacio acuático para reintroducirla nuevamente—, es ahora un punto rojo que se debe evitar.

Las clases de yoga solo se pueden hacer cerca del portón de la entrada y desde el año 2012 se dejaron de alquilar las áreas del edificio para fiestas porque no hay cómo garantizar la seguridad de los invitados. “Aún alquilamos a productoras para que graben escenas pero ellos mismos le pagan a los policías para que los resguarden”, precisa Herrera.

No hay vigilantes en las 9 hectáreas operativas del jardín y los 4 guardias nacionales dispuestos para resguardar el sitio son movilizados cada vez que los necesitan en algún operativo de la ciudad. Desde hace dos semanas, los funcionarios están dispuestos para el orden público debido a las manifestaciones y las instalaciones están desoladas.

La ausencia de estos funcionarios dio parte a una desolada Semana Santa y a las únicas dos camionetas de las que dispone la fundación —que ya estaban dañadas por falta de repuestos y baterías— les rompieron vidrios, robaron las computadoras y forzaron sus puertas.

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El declive de las investigaciones

El Instituto Experimental Jardín Botánico Dr. Tobías Lasser tiene 11 investigadores, entre botánicos y ecólogos, que deberían dedicarse al inventario de flora y a la conservación. Desde 2010 no tienen como pagar un trabajo de campo ni un vehículo para desplazarse. Se limitan solo a hacer uso del Herbario Nacional para buscar los nombres científicos de las plantas con las que trabajan.

La jefa de Investigaciones, Audrey Huérfano, ejemplificó que hace dos años se propusieron hacer un proyecto de conservación de al menos 400 especies de plantas amenazadas de extinción que solo crecen en Venezuela. Debían buscarlas en su hábitat natural y, luego de reproducir la especie, introducirlas nuevamente en esos territorios.

El Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Información dio recursos para la construcción de un vivero que duró un año en terminarse, pero luego no había cómo pagar los viajes ni carro para desplazarse. No hubo forma de buscar los recursos y el vivero fue desmantelado en continuos actos vandálicos por delincuentes que entran a hurtar en el lugar.

Se llevaron el techo que era de un plástico especial para regular la luz, las cercas, las tuberías y el sistema de riego. En Semana Santa destruyeron las camionetas que estaban accidentadas porque es imposible pagarles los repuestos, denuncia Huérfano.

Estos investigadores solo van al campo si pueden colarse con otros equipos para trasladarse o buscando financiamiento de forma individual.

La benevolencia cada día se les hace más difícil a los botánicos y la esencia del jardín se va marchitando.

Foto referencial: ucv.ve



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