La delincuencia impuso toque de queda en La Candelaria

Vecinos prefieren bajarse de las camionetas si notan algo sospechoso a bordo. Los delincuentes suben a las unidades en parejas, exigen las pertenencias de los usuarios y las meten en bolsos.

Caracas. Desde que a Javier Colmenares lo intentaron robar el pasado noviembre cerca de la estación Parque Carabobo, mientras hacía ejercicios, ahora procura llegar a su casa antes de las 6:00 p. m.

Ese día, mientras trotaba por la zona, dos sujetos se le acercaron para pedirle el celular con el cual escuchaba música. Aunque ambos estaban armados, la reacción del joven de 23 años fue correr.

Por ello, ahora solo va del trabajo a la universidad. Prefirió dejar de hacer ejercicios y si va a compartir con alguno de sus amigos, opta por quedarse en casa de este antes que agarrar camino a su hogar y preocupar a sus padres.

Ya cuando cae la noche en los alrededores de la plaza La Candelaria, los ciudadanos aprietan el paso, debido a la falta de alumbrado público. Temen que asaltantes los aborden en la oscuridad. Por las noches solo quedan indigentes apostados en las calles. 

Nilsa Pernía llega a su casa, en plena avenida Urdaneta, pasadas las 9:00 p. m de su trabajo ubicado al este de Caracas. Aunque sale a las 7:00 p. m., la falta de transporte ha hecho que llegar a descansar tarde más de la cuenta.

No solo me expongo mientras agarro la camioneta que me trae a la casa, también me expongo mientras camino el pedazo que me toca. Por aquí ya es normal los gritos de las personas cuando las acaban de asaltar, pero no se puede hacer nada porque la mayoría de los robos ocurren con las motos, relató la mujer de 30 años.

Mientras tanto, los vecinos prefieren protegerse con un toque de queda autoimpuesto, para evitar ser blanco de delitos, pues no creen que los funcionarios traigan seguridad a la zonas, sobre todo si toman en cuenta la actuación de los mismos en la época de protestas de este año.

Desde que La Candelaria fue escenario de las protestas antigubernamentales entre abril y agosto del año en curso, la paranoia se ha colado en la vida de Milfred Escalona: ya no solo debía protegerse de los delincuentes, también debía hacer lo propio con las bombas lacrimógenas y perdigones arrojadas por funcionarios policiales.

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Ahora, cuando todo luce en aparente calma, ella igual se mantiene alerta cada vez que anda por la zona. Aunque las protestas culminaron, los delincuentes permanecen, mientras que los policías no se dejan ver ni la sombra, según la muchacha.

El robo de celulares a cualquier hora del día es el delito frecuente en el sector, con los motorizados como los principales victimarios, aprovechan a los más desprevenidos para arrebatarles los equipos.

De la misma forma ocurre a bordo de las camionetas, cuando parejas de delincuentes asaltan en pleno trayecto y, con bolsas y pistolas en manos, exigen las pertenencias de los pasajeros.

A mí me han robado dos veces en las camionetas que pasan por toda la avenida Urdaneta. Siempre es uno que se sienta atrás y otro se queda adelante, para luego ordenarle a todos que metan sus cosas en los bolsos que ellos cargan. Ahora si veo algo sospechoso en las camionetas, prefiero bajarme y agarrar otra, sostuvo una mujer en condición de anonimato.

Si bien detrás de la plaza La Candelaria se encuentra un módulo de la Policía Nacional Bolivariana, de acuerdo con los vecinos, no es mucho lo que hacen, y en ocasiones se les puede ver hablando con los vendedores informales que hacen vida en las aceras del sector.

Asimismo, en plena avenida se ubican varios ministerios estadales que cuentan con la presencia de funcionarios armados, pero cuando los delitos suceden cerca de ellos, “siempre te dicen que no pueden hacer nada, que ellos solo están para vigilar el lugar donde están”, recalcó Escalona.

Foto referencial: Mariana Mendoza


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