La vocación de servir a otros es algo que le nace. Lo hace convencida y sin hacer distinción entre colores políticos. Recoge ropa, prepara comida —cuando se puede— y dona medicamentos.

Caracas. Marisol Ramírez, enfermera de profesión, vio en el servicio público su razón de ser. Desde hace más de 15 años trabaja detrás de bastidores llevando jornadas médicas y sociales a las comunidades más desfavorecidas del país.

Comenzó en esta labor a raíz del terremoto de Cariaco en 1997. Se unió a un grupo de médicos que ayudó en los rescates durante y luego de esa tragedia nacional.

Desde entonces visita los barrios. Hablamos con las comunidades, muchas de ellas en la parte alta de los sectores populares y establecemos jornadas los fines de semana. Vamos los sábados y les llevamos atención odontológica, medicina general, pediatría, neumonología. Buscamos que las personas presten sus casas para las consultas, pues a los médicos les gusta ser más personales con los pacientes.

Es una labor, a decir de Marisol, invaluable, porque supone brindar bienestar al prójimo.

Marisol, la de franela de rayas verdes, siempre está aprendiendo algo.

Además, Ramírez recoge ropa, prepara comida —cuando se puede— y dona medicamentos.

La gente ya me busca y me ofrece tratamientos para el cáncer o para la tensión. Los llevo a las personas en los barrios que necesitan esas medicinas. Siempre que estén en buen estado. Ahora es un poco más difícil hacer esas recolectas por la situación del país, pero siempre hay alguien que colabora.

Y, por si fuera poco, Marisol decidió echarle piernas a la ayuda del adulto mayor.

Todo eso lo hace los fines de semana. Cada 15 organizan jornadas y si los recursos alcanzan van a alguna comunidad del interior del país.

Esta mujer tiene dos hijas: una periodista y una abogada que viven en el exterior. Así que su tiempo cada vez más va dirigido a la labor comunitaria, algo que le deja en los bolsillos satisfacción y caras de agradecimiento. “Porque es así, los que hacemos esto no cobramos, simplemente es porque nos nace ayudar a otros”.

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Para llegar al barrio, contó que dejan la política en la acera del frente. “Una vez la Alcaldía Metropolitana nos facilitó el transporte para llegar a una comunidad intrincada y de ahí salimos corriendo porque nos cayeron a tiros. Ahora no vamos identificados con ninguna agrupación partidista”.

Su radio de acción es la parroquia San Juan y durante mucho tiempo el hospital Clínico Universitario fue la escuela de la labor social.

No me arrepiento de haber agarrado este camino. Cansa y a veces uno se siente impotente de no tener todo a la mano para ayudar al vecino. Pero estos años me han demostrado que, con empeño, dedicación y sin egoísmo es más fácil voltear la mirada al necesitado.

Marisol Rosales en su tiempo libre busca de formarse en talleres sobre Derechos Humanos y así ir más preparada al abordaje comunitario.

Fotos: Cortesía/Luis Miguel Cáceres



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