La Laguna Venezuela, que es un esbozo del mapa y alberga 120 especies y variedades de Nymphaea, está en emergencia. Con 1,10 metros de profundidad, 980 metros cuadrados y una capacidad para represar un millón de litros de agua, exhibe la huella inaplazable del racionamiento.

Caracas. Caracas sin agua es más que una ciudad de viviendas en caos. El colapso del servicio no solo entra por la puerta de hogares dispuestos a cargar tobos para bañarse y preparar algo de comida. El problema es todavía más profuso y desemboca en el terreno institucional.

Hoy las clínicas, escuelas, hospitales y oficinas son el testimonio más lúcido de una crisis en cuyo nombre se inscribe también la escasez de agua, una dificultad que amenaza con extinguir la mayor colección de plantas acuáticas del país, un acervo que reposa en la Laguna Venezuela del Jardín Botánico en la Universidad Central de Venezuela.

El reservorio, que es un esbozo del mapa de Venezuela y alberga 120 especies y variedades de Nymphaea, está en emergencia. Con 1,10 metros de profundidad, 980 metros cuadrados y una capacidad para represar un millón de litros de agua, exhibe la huella inaplazable del racionamiento y la sequía. Se requieren por lo menos 450.000 litros para recuperar su ecosistema; lo que es igual a decir 100 camiones cisternas, según botánicos de la institución.

Así se veía la Laguna Venezuela el año pasado cuando tenía niveles óptimos de agua

La Laguna Venezuela, que es considerada un patrimonio excepcional, es el hábitat de plantas acuáticas traídas de Egipto, Japón, China, África y Norteamérica. Para quienes se dedican al cultivo de las especies allí existentes, su mayor esplendor estriba en su carácter ecléctico. El cuerpo de agua resguarda la mayor diversidad de especies de Nymphaea, entre las que descuellan la Victoria Amazónica, los melindros acuáticos y los nelumbos del río Nilo cuyas semillas provienen de las Pirámides de Egipto.

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El especialista en plantas acuáticas y docente universitario, Miguel Castillo, enfatiza que no existe una especie en el mundo que no esté representada en ese lugar. Castillo, quien es licenciado en Biología y ejerce como curador de las plantas acuáticas del Jardín Botánico, explica que la escasez de agua se agrava con la evapotranspiración, un fenómeno natural que reduce el cuerpo de agua, por tratarse de un reservorio a cielo abierto.

Las especies acuáticas tienen un valor excepcional, algunas semillas son traídas desde Egipto

En lo que va de año, advierte Castillo, solo han tenido agua en dos ocasiones. La primera fue en febrero y la siguiente en abril, cuando recibieron el servicio por dos horas, respectivamente. El docente señala que las semillas de la también conocida como Flor de Loto, la planta estrella de la laguna, provienen de El Cairo, Egipto, y llegaron al país en 1968, año en el cual la Universidad de El Cairo las repartió a la Facultad de Ciencias de la UCV y a otras universidades del mundo.

Aun cuando no se tiene una referencia clara, se cree que las semillas, halladas en los museos de El Cairo tras un incendio, son de las más antiguas del mundo. La Flor de Loto o Flor Sagrada de Egipto, como también se le conoce, fue enviada por todo el mundo con un protocolo estricto para su germinación y preservación.

El loto sagrado es un símbolo de la pureza espiritual y la longevidad. Sus semillas pueden sobrevivir hasta 1300 años, sus pétalos y hojas repelen la suciedad y el agua, y sus flores generan calor para atraer a los polinizadores.

Aunque la escasez que seca al Botánico es un problema de vieja data, las dificultades se han multiplicado en los últimos tres meses. “Nunca habíamos estado tan grave como ahora”, dice el curador de las especies acuáticas.

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El personal del jardín explica que el líquido no llega con suficiente presión y hay problemas con las bombas de los depósitos. En los terrenos del Botánico reposan dos tanques de agua, uno de los cuales es de uso exclusivo del Hospital Clínico Universitario, mientras que el otro abastece al Jardín Botánico. Pero ambos están vacíos. Y el tanque de compensación, que es un tercer reservorio para mantener la presión del agua, lleva alrededor de una década fuera de servicio. Ello impide distribuir el agua con fuerza.

La Laguna Venezuela también aloja especies animales como los peces Guppy y Petenia, un ejemplar nacional que habita en los morichales, que ayudan a controlar la población de zancudos. “También hay algunos camarones pequeños”, dice su curador.

El Clínico Universitario, que lleva 77 días sin agua, no escapa de las consecuencias. Y los médicos han tenido que suspender los planes quirúrgico electivos. Tienen poco margen de maniobra para practicar cirugías de emergencia. El problema de agua, que data de hace cinco años en la casa que vence la sombra, recrudece. También impide retomar las actividades en la Facultad de Odontología.

En medio de toda esa atmósfera árida, parece cumplirse el mayor designio para un jardín que se queda sin agua. Más de 60 chaguaramos, que forman parte de la mayor colección de palmas de Suramérica, se secaron y algunos han sido talados. Es el anticipo de una plaga que socava la vitrina botánica más importante del país y que ha acabado con cientos de árboles y especies vegetales.

Me preocupa la laguna porque está un poco menos de la mitad. Llega a los 40 centímetros. Los 98 contenedores de plantas están fuera de la cota de agua. Y muchas especies se han perdido, los viveros se secaron y tampoco hay agua para el resto del jardín. Todo ello afecta los reservorios de orquídeas y bromelias, dice Castillo.

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Además de la Laguna Venezuela, el problema compromete otros tres cuerpos de agua en la institución. Si al menos nos mandaran agua dos veces por semana, por lo menos dos horas, podríamos recuperar los espacios afectados. Desde mayo hasta lo que va de mes han mandado dos horas de agua los tanques, pero con eso no se hace nada. No hay entrada desde la calle.

Fotos: Miguel Castillo



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