Entrena a más de 500 muchachos de las parroquias El Valle y Coche. Un sueño que tenía su hijo pelotero de ayudar a los más desfavorecidos y que, ahora, Moreno continúa de forma personalizada.

Caracas. A los 22 años, “hace un buen rato”, comenzó a jugar béisbol. Luego su hijo se interesó por esta disciplina y terminó metiéndole el pecho a este deporte cuya satisfacción ahora es poder ayudar a los niños más desfavorecidos de las parroquias Coche y El Valle.

Ese es Ramón Moreno, un hombre de hablar pausado, pero que da pasos en firme sobre la arena.

Lleno de polvo, los zapatos corroídos del uso, atiende de manera personalizada a todos los chamos que llegan a su escuela de iniciación en el béisbol.

Mientras da la entrevista está pendiente de las jugadas, de los errores y movimientos de los más chiquitos: los de 3 años en adelante, “los cachorros”, como suelen llamarlos en el diamante.

En las tardes, a partir de las 2:00 p. m. se dedica a entrenar.

Esto de trabajar en pro de los muchachos era una iniciativa que siempre tuvo mi hijo. Él me pidió que lo ayudara con esta tarea y empezamos. Luego, a los 18 años, enfermó. Ya va a cumplir 14 meses de muerto. Le detectaron un tumor en la raíz cerebral. Fue algo muy doloroso, pues tenía mucho talento y era un buen prospecto, dijo con los ojos clavados en la segunda base.

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Su mente en ese momento estaba en su hijo, hasta que recobró el hilo y con ánimo le dio instrucciones a uno de los cuatro profesores que tiene la escuela. “Lanza las pelotas por el piso”.

La sugerencia fue porque uno de los pequeñines lanzó por encima del hombro y casi le pega a uno de sus compañeros.

¿Ve? de eso se trata, de observarlos, de conocer sus aptitudes, de hacerles seguimiento y cuando tienen todos los elementos, de nosotros queda dar el todo por el todo para ellos. Hay muchos que no tienen cualidades para el béisbol, pero nosotros aquí les sacamos punta y hemos detectado que hay chamos con talento para la natación, el fútbol y para otras disciplinas.

Lo que hace entonces con ellos es ubicarlos en otras escuelas. No los dejan desamparados. “Y no podemos hacer eso, los niños no pueden estar ociosos, hay muchas cosas malas en la calle, es mejor que estén en una disciplina”, destacó.

Moreno tiene las puertas abiertas de la escuela para todos los muchachos. Pero eso sí, hasta el más mala conducta tiene que llevar a su representante.

No los recibo si no lo traen. Tenemos que hablar con los papás, conocer el entorno familiar y hacer que ellos también nos ayuden a educar a sus hijos.

Y no es mentira lo que dice, pues mientras suceden las prácticas están las mamás, las tías y las abuelas de “ojo pelao” con sus chamos.

En todas las prácticas les habla sobre los valores y las disciplinas.

“Estoy orgulloso de mis representantes, sin ellos esto no sería posible. Es un trabajo en conjunto”, señaló el entrenador.

Esta escuela de iniciación funciona en el campo de béisbol que está frente al colegio Carlos Delgado Chalbaud, de Coche.

Llegaron ahí luego de que se hicieran mesas de trabajo en las comunidades altas de la parroquia y se acordara la necesidad de rescatar a los chamos en peligro.

Ya con mi hijo veníamos trabajando en esto y luego las comunidades nos dieron el apoyo. Ahora, sumamos más de 500 niños y adolescentes, no solo de Coche, también de la parroquia El Valle.

Por este terreno han pasado aspirantes que llegan descalzos y salen hechos prospectos. Tal es el caso de dos hermanos, muy pobres, por cierto, que están por firmarlos en República Dominicana. He tenido otros con muchos problemas sociales y de violencia y aquí los hemos aplacado. Solo tuve un caso muy triste, que me pegó mucho, porque realmente quería ayudarlo. Tenía 11 o 12 años, él quería venir a entrenar y su mamá no. Ella lo tenía trabajando, vendiendo cosas en las camionetas, hasta que lo mataron en el centro comercial de El Valle.

Pero no todo es así de negro. A los que ya alcanzaron las competencias para avanzar en la disciplina, Moreno los coloca en escuelas de más alcance y hace que los directivos se comprometan a financiarles todo. “Esa es una condición, pues estas personas no tienen para pagar un deporte”.

Actualmente, entre todos, directivos del a escuela y representantes, acordaron pagar 5000 bolívares mensuales a fin de establecer un “salario” para los entrenadores.

De los uniformes, dijo, consiguió que una fundación se los donara. Pero, como toda Gente Buena, Ramón Moreno ya está recogiendo los frutos de su siembra. Cuando llegan a sus casas piden la bendición, cosa que no pasaba en esos hogares. Aquí, antes que agarrar el guante o la pelota, primero le enseñamos valores, respeto y disciplina.

Fotos y video: Mabel Sarmiento Garmendia


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