Una estudiante de la Facultad de Artes denunció por presunto acoso al profesor Leonardo Chacón, quien supuestamente redujo sus calificaciones luego de que ella se negara a posar como modelo de desnudos. Casi dos años después la Universidad de los Andes mantiene paralizado el expediente del caso.
Mérida. Mery* denunció que sufrió acoso de parte de uno de sus profesores, en la Facultad de Arte de la Universidad de Los Andes, cuando el docente le habló de manera muy cercana dentro de un cilindro que forma parte de un juego, en el parque de La Isla de Mérida, durante una actividad.
Tras el incidente físico la alumna recibió mensajes de texto en los cuales el profesor, identificado como Leonardo Chacón, presuntamente buscaba una cercanía inapropiada. “¿Sí le puedo confesar algo entre nos? Me habría metido dentro de ese cilindro a seguir hablando toda la tarde”, le escribió a la joven, quien cursaba quinto semestre para entonces.
La presión escaló cuando la estudiante rechazó una propuesta del profesor para ser modelo de desnudos en un proyecto fotográfico. Mery explicó a Crónica Uno que, tras su respuesta negativa, sus calificaciones bajaron drásticamente de 19 a 14 puntos sin una justificación técnica clara.
Este hostigamiento dejó huellas en la salud mental de la universitaria. Durante un año, o más, durmió con bruxismo y despertaba con dolores mandibulares.

Silencio de las autoridades
La situación generó zozobra entre las estudiantes, tras conocerse de otras supuestas víctimas. “La gravedad del daño es evidente, una de ellas no puede ver al profesor sin ponerse a temblar del miedo”, dijo Angélica Pacheco, consejera universitaria del movimiento Imagen Universitaria 20, sobre otras sobrevivientes.
“Yo sí lo evitaba totalmente porque no quería ni que me dijera comentario alguno, incluso me asomaba en la entrada de la facultad y si veía su moto prefería esperar para no verlo”,
contó Mery.
Según Holaya Peña, exintegrante de la Comisión de Género y coordinadora de ULA Mujer, el acoso abarca actos de violencia o discriminación en el entorno universitario. Para reconocerlo, es clave identificar conductas que invadan el espacio personal, alteren la seguridad emocional o vulneren a la víctima, lo cual hace necesaria la activación de protocolos de protección.

A pesar de los testimonios, las víctimas denuncian que desde el departamento de Diseño Gráfico no han dado respuestas, alegan que hasta que no se abra un proceso legal no son ciertas las acusaciones.
Además, Pacheco denunció que las autoridades universitarias hicieron comentarios revictimizantes que sugieren que las estudiantes “van de manera escotada”, o que los reportes son simplemente “chismes”.
“Desde la jefatura del departamento dijeron que el profesor Chacón era inocente hasta que se demuestre lo contrario”, subrayó una de las sobrevivientes.
Por este motivo, y en apoyo a las sobrevivientes, un grupo de estudiantes protestó en la Facultad de Arte de la ULA, el 11 de junio, para exigir que avancen las investigaciones en el proceso que está abierto desde 2024.

La consejera universitaria lideró esta manifestación en contra de la impunidad que supuestamente rodea a los profesores Leonardo Chacón y Óscar Gutiérrez, otro de los presuntos acusados, y quienes todavía continúan en sus cargos pese a las denuncias presentadas por las estudiantes de la Facultad de Arte.
Burocracia
La principal barrera para la justicia se encuentra en el Consejo Universitario (CU), donde los casos permanecen estancados desde 2024, de acuerdo con Pacheco.
“La excusa oficial para no actuar es que los expedientes son muy largos como para ellos tener tiempo de sentarse a leerlos”.

Julio Díaz, dirigente estudiantil de la Facultad de Humanidades y Educación, criticó que el reglamento de acoso, aprobado en 2024, solo sirve para burocratizar las denuncias.
“El ente encargado de procesar los casos nunca terminó de ser instaurado, nunca terminó de ser creado, dejando las quejas en un limbo”.
Pacheco aseguró que a las autoridades no les interesa que sigan estos rumores, por lo que evitan emitir pronunciamientos oficiales que validen las quejas. Crónica Uno intentó entrevistar a las autoridades de la Facultad de Artes pero no ofrecieron declaraciones.
La estudiante alertó sobre esta táctica de desgaste y probablemente una de las víctimas se gradúe antes de recibir respuesta de los entes correspondientes de la ULA.
Justicia ordinaria y la presión mediática
Ante el silencio de la ULA, algunos casos han tenido que escalar a instancias externas para lograr medidas de protección. En el caso del profesor Óscar Gutiérrez, el Ministerio Público intervino tras una denuncia por acoso verbal y conductas derivadas, presuntamente, del alcoholismo.
“Se estaba hablando de instaurar una medida, una orden de alejamiento del profesor hacia la víctima”, explicó Pacheco.

Solo bajo esta presión externa, la facultad accedió a separar al docente de su carga académica de manera temporal, contó la dirigente estudiantil.
“No descansaremos hasta que la facultad sea un espacio libre de violencia, nuestra acción en consecuencia es mantenerlo mediático para que ellos se vean obligados a responder”, reafirmó Pacheco.
Represalias administrativas
Tras impulsar las denuncias ante el Consejo Universitario, Angélica Pacheco enfrentó represalias por parte de la jefatura de departamento, donde fue acusada de presunta alteración de calificaciones. Aunque la auditoría interna a su régimen académico concluyó sin hallazgos irregulares, las sealamientos en su contra continuaron.
“Ya son todo ese tipo de acusaciones en las que estoy evaluando tener mi denuncia de acoso académico, porque es algo que no tiene sentido alguno”, afirmó la consejera universitaria sobre los señalamientos recibidos.
A pesar de las represalias tomadas contra ella, Pacheco insistió en que su objetivo principal sigue siendo retomar la normalidad académica dentro de la facultad.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
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