La profesora y economista Adicea Castillo, que participó en un foro virtual sobre la feminización de la pobreza, fue enfática cuando reconoció que para salir de la crisis hay que empoderarse del problema económico, estudiarlo y abordarlo con conciencia, y dijo que solo con emprendimientos no es posible salir de la pobreza.

Caracas. En el país se han incrementado las inequidades sociales, pues las mujeres siguen trabajando en sectores de la economía más pobres, hay una segregación clara, reciben muy poca protección y tienen muy pocas oportunidades para mejorar su posición dentro de la sociedad. Así es difícil salir de la pobreza.

Esa postura es parte de la ponencia de la profesora y economista Adicea Castillo, durante su participación en un foro virtual organizado por el capítulo Venezuela de Asap, Académicos contra la Pobreza.

En los 20 minutos de su participación, Castillo destacó que la crisis venezolana es una de las catástrofes económicas más profundas que haya sufrido una nación fuera de la guerra, y esto afectó la producción de la región.

Se refirió a que el desempleo en Venezuela se acerca al que tenía Bosnia en la posguerra de 1996. Según dijo, en el caso venezolano hay una cantidad enorme de factores que corroboran que la pobreza crece enormemente, pero particularmente se eleva con ella la inequidad social: “Y eso se ve en una serie de factores, como que las mujeres estamos siempre empujadas a participar en los sectores menos productivos de la sociedad y en las líneas de trabajo menos pujantes, especialmente en todo lo que tiene que ver con los servicios domésticos de todo tipo y con las ventas informales”.

Castillo señaló que hay una segregación laboral y eso la hace más vulnerable: “Incluso aquellas que han podido acceder a niveles altos de profesionalización y educación, con la presente crisis y con el desarrollo de la tragedia venezolana, son gravemente afectadas, porque se ha acabado la industria, de 12.000 empresas quedan 3000”.

Se refirió al éxodo de venezolanos: han salido, y no por casualidad, cinco millones y medio de personas del país, hombres, mujeres, niños y adolescentes, dejando en una grave situación económica y social a las mayores de la familia y –acotó– Colombia conoce muy bien esto porque ha recibido más de un millón de personas.

Recalcó que la pobreza ha llevado a las mujeres a estar en actividades que tienen muy poca protección social, que son peor pagadas y que tienen escasas oportunidades para mejorar su posición en la sociedad y para salir de la pobreza.

“A veces los expertos en pobreza en el país no veían la feminización, pero esto no es una crisis normal, pasa por lo que se ha denominado una crisis humanitaria compleja, que la caracterizan una serie de ámbitos en todos los espacios de la vida social, en lo económico, en la salud y en la educación. El drama social de Venezuela, en materia educativa –desde la preescolar, que ya eventualmente  no existe, hasta los sectores universitarios–, ha  afectado a los países andinos en forma importante”.

Comentarios relevantes:
  • Embarazo adolescente y en edades tempranas (10, 11,12 años) afianza la pobreza. “Hay niñas madres por todo el país”.
  • “Si las profesionales están empobrecidas, hay que darse cuenta de que con tortas, costura y limpieza no vamos a salir de la pobreza”.
  • Los programas sociales están en desuso y la mayoría de los que hay en las comunidades son dirigidos a la lactancia materna.
  • Las mujeres dejan de comer para que otros integrantes del grupo familiar se alimenten. (En eso hizo una pausa, su voz se quebró y sollozó por unos instantes). “Son el amortiguador del deterioro alimentario del país”.

Adicea Castillo citó cifras del economista Asdrúbal Oliveros cuando dijo que la economía se va a contraer 24,1 % y que la inflación va cerrar a final de año en 2535 % y el dólar se va a cotizar en 979.119 bolívares.

Trabajo en el hogar secuestra el tiempo de las mujeres

Rosa Paredes, profesora de la UCV y directora del Centro de Estudios para la Mujer, tuvo una participación dedicada a la Economía para el cuidado, vista desde el punto de vista del trabajo que realiza la mujer en su casa.

Hizo referencia a que en 18 países de la región se realizan encuestas para medir la economía para el cuidado con énfasis en las mujeres pobres.

En Venezuela, Avesa realizó una investigación en dos parroquias del municipio Sucre, uno en donde habita la población más pobre del país.

Ese estudio trabajó con una encuesta de la Cepal que se llama Clasificación del uso del tiempo para América Latina, entrevistaron a 98 mujeres para la encuesta causal, en la que se midieron 14 actividades domésticas no remuneradas. 

Preguntaron cuánto era ese tiempo antes y después de la cuarentena; y mientras en Latinoamérica el tiempo que las mujeres dedican al cuidado del hogar es de cuatro a siete horas diarias, en esas dos parroquias (datos comparables con zonas de escasos recursos) una joven de entre 15 y 24 años gasta hasta 16 horas entre lavar, cocinar, atender a los hijos, hacer mercado.

  • Una de 25 a 44 años emplea 13 horas de su tiempo.
  • Una de 45 a 64 años, cinco horas.
  • Más de 65, dos horas.
  • Cuando tienen hijos, en promedio 13 horas.
  • Sin hijos, nueve horas.
  • Las que tienen trabajos remunerados, 10 horas en las tareas del hogar.
  • En el empleo informal, 12 horas.
  • Desempleada, 15 horas.

Para Paredes en este fenómeno influyen dos factores: tanto la insuficiencia de ingresos como la norma cultural que designa a las mujeres responsables del cuidado de la familia.

¿Qué hacer?

Tomar en cuenta acciones y programas y proyectos que están realizando organizaciones no gubernamentales.

Para ello, identificó tres áreas, antes de la pandemia, durante y pospandemia: “En nuestro país y en la región se están realizando políticas dirigidas a disminuir la pobreza mediante transferencias económicas, bonos, subsidios. Estas políticas han sido evaluadas como medidas que no fomentan ni la corresponsabilidad familiar ni la responsabilidad social del cuidado. Más bien, consolida el cuidado como responsabilidad de la madre, situación que las empobrece más. Estas políticas ayudan a sobrevivir, pero no sacan de ese estado de miseria. La política nueva de cuidado exige la corresponsabilidad social del cuidado del Estado y de la institucionalidad”. 

Ahora bien, alertó de que durante la cuarentena se desencadenó una crisis de los cuidados sin precedente en todos los hogares: “Las mujeres, además del hogar, deben atender la educación, recreación y la salud física y mental de los suyos, y en los  hogares más vulnerables eso se ha complicado aún más”.

Por eso, recomendó, es necesario reactivar la economía formal y reforzar los emprendimientos, para la generación de empleos; y organizar el cuidado de una manera que involucre a toda la sociedad nacional y local. “Pero eso solo es posible en condiciones democráticas. De ahí que es importante fortalecer las áreas que puedan, en estos momentos de pandemia, acumular acciones y experiencias, para cuando se puedan hacer de una manera adecuada y en democracia”, subrayó.

En el foro virtual también participó Carmen Ibáñez, socióloga boliviana y miembro de la red de investigación sobre Latinoamérica de la Universidad de Colonia, con estudios en migración, etnicidad y movimientos sociales, que desarrolló su ponencia en el histórico de la economía con enfoque de género y dejó para el análisis esta premisa: Aun cuando las mujeres logren independizarse económicamente, siempre van a depender. ¿De qué o de quién? Ese es el dilema.

Foto referencial: Cheché Díaz

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