Los hermanos Rodríguez han administrado las cifras de tal manera que es engorroso caracterizar los casos por municipios, por tiempo de incubación o por tipo de transmisión.

Caracas. El gobierno de Nicolás Maduro nunca sinceró los contagios. Siempre culpó y estigmatizó de una u otra forma a los viajeros, mientras se desarrollaron pacientes locales que no fueron identificados ni informados oficialmente. ¿Quién permite que pasen la barrera epidemiológica en la frontera? ,¿quién controla las pruebas?, ¿quién dice si se levanta o no la cuarentena?, ¿están en lo cierto los académicos con la curva en alza?

“No vamos a permitir que la curva exponencial de Brasil, Colombia, Ecuador y Perú viaje a Venezuela”, dijo el ministro de Comunicaciones del gobierno de Maduro, Jorge Rodríguez, este 19 de mayo, cuando reportó a cuentagotas 131 casos positivos, para llevar la cifra total a 749 contagios. Inicialmente solo se refirió a 21 casos nuevos, que desglosó así: 16 comunitarios y 5 por contacto con personas viajeras.

Pasadas varias frases de su discurso fue cuando dijo que había otros 110 ciudadanos enfermos, para un total de 131 en un día, el mayor número desde que comenzó la pandemia en el país.

Su alocución parecía un sí pero no, que generó confusión entre los medios de comunicación. Pero, ¿esa era una estrategia comunicacional? La respuesta la tiene el mismo Jorge Rodríguez, quien desde un principio ha tenido la vocería en materia COVID-19, junto con su hermana Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva.

Los hermanos Rodríguez han administrado las cifras de tal manera, que ha sido engorroso y casi imposible caracterizar los casos por municipios, por tiempo de incubación o por tipo de transmisión. 

Llevarle el ritmo a las cifras que ofrece el gobierno es complicado, cuando hay contagios locales, los despachan con la frase “hay casos comunitarios”, pero no especifican dónde y cuántos, variante que afecta la data científica.

¿Estamos ante un reacomodo de la estrategia comunicacional del gobierno de Maduro?

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Contar por separado los enfermos de un día, hace presumir que sí, pues ese resultado de las pruebas va cónsono con lo que algunos médicos epidemiólogos proyectaban del comportamiento del virus, cuando referían que de mayo a junio podría modificarse la curva.

Y mayo con la curva en alza, en tan solo 19 días, le ha dado la razón los expertos: 416 casos, 55,5 % del total registrado en toda la nación, y de esos 290 en los últimos cuatro días 38,7 %.

“El escenario de una curva aplanada y un control total de la epidemia que se ha venido difundiendo es improbable a la luz de las proyecciones de los modelos epidemiológicos. Inclusive en un escenario con un subregistro bajo (poco probable), el número de nuevos casos que se esperan cada día está por encima del millar”, indicó la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales en un análisis que publicó el 23 de abril.

“En otros escenarios menos conservadores este número podría ascender alrededor de 4000 casos. Ello sugiere que el país debe prepararse para el impacto que representa un número entre 1000-4000 casos nuevos diariamente durante el pico de la epidemia, que podría producirse entre junio y septiembre de este año”, dijeron los expertos de la Academia.

Los científicos venezolanos han comparado el comportamiento de la pandemia y de la curva de contagio con métodos similares a los usados en otros países y algunos propios.

Tal vez, el aumento de casos está atado a varios factores. Uno de ellos el ingreso por las fronteras terrestres de más de 41.933 venezolanos, de los cuales 220 personas han resultado positivos al COVID-19, de acuerdo con Delcy Rodríguez.

Muchos de ellos vienen de Colombia y Brasil, donde hay una exposición alta de contagios comunitarios. 

¿Se enfermaron en el camino, en la frontera o ya en sus casas, eso es algo no determinado? Para la caracterización e investigación de quienes llevan la batuta en el gobierno esas son interrogantes con respuestas a la ligera.

Otras variantes son la escasez de gasolina que obliga las personas a movilizarse y a permanecer durante muchas horas en los alrededores de las estaciones; la necesidad de sobrevivir y salir a trabajar; la relajación de la cuarentena antes de tener al mayor grueso de la población inmune; la falta de agua que de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, solo 10 % de los venezolanos recibe el suministro de forma continúa.

¿Tiene que ver en esta alza que están haciendo más pruebas? Siempre Jorge Rodríguez ha dicho: “Somos el país que más pruebas hace en el mundo”.

La OCHA, en su informe del 22 de abril, dijo que hasta el 19 de abril, las autoridades venezolanas habían reportado haber realizado un total de 336.169 pruebas de diagnóstico de COVID-19, desagregadas en 330.200 pruebas rápidas y 5969 PCR. 

“Es importante señalar que las rápidas no necesariamente identifican a todos los posibles casos debido a que tienen una sensibilidad de hasta el 80 % si son realizadas a personas con menos de 5-8 días de haber sido infectadas”, explicó el organismo internacional.

A la fecha, Venezuela ha realizado 581.082 pruebas para el diagnóstico del COVID-19, lo que representa 19.369 pruebas por millón de habitantes, según el Gobierno.

Muchas son de diagnóstico rápido, y, posiblemente, al tener poca sensibilidad a la patología del virus, permite el paso del virus de la frontera al interior del país.

Además, las personas que están llegando solo pasan entre cuatro y cinco días en el Táchira, no los 14 de aislamiento que indica la norma sanitaria. 

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Luego van a sus regiones y en ese tiempo se incuba la enfermedad. A los 15 días con el segundo o tercer análisis de COVID-19 resultan positivos.

Entonces, a las preguntas iniciales ¿quién permite que viajen los enfermos de Colombia, Perú, Ecuador y Brasil?, ¿está funcionando la barrera epidemiológica en la frontera?, ¿se sigue usando la técnica de pruebas rápidas?, hay más dudas que respuestas y pesan sobre un país sumergido en emergencia humanitaria compleja, en el sistema de salud que cada día está más deteriorado para enfrentar casos de manera exponencial, en caso de ocurrir.

Solo dos ejemplos para ilustrar ese panorama: ya en el J. M. de Los Ríos, en Caracas, hay cinco pacientes positivos, confirmados por médicos que piden resguardo de su identidad. Y no es un hospital centinela, sin embargo, por tratarse de un centro infantil los tienen ahí, pero no tiene terapia intensiva, no tiene agua y está en condiciones muy precarias. Ahora el riesgo inminente también es para el personal de salud, al cual en vez de equipos de bioseguridad le están entregando cajas Clap. 

Y, en El Algodonal, que sí es hospital centinela, hay 24 casos e igual con las mismas deficiencias en la infraestructura y en los servicios. No hay ni rayos X para enfrentar una curva en alza.


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