Las escuelas de Fe y Alegría, a través de las 14 estaciones del viacrucis de Cristo, mostraron la grave crisis que se vive en los planteles educativos. En cada momento los niños pidieron voluntad política y conocimiento para resolver los problemas que impiden rutina la escolar.

Caracas. Las 26 escuelas de Fe y Alegría en Caracas hicieron una representación del viacrucis que padeció Jesús. A través de las 14 estaciones, desde la condena a muerte hasta su sepultura, mostraron la grave crisis que vive la educación y las escuelas venezolanas. Cada momento fue preciso para pedir por las angustias y penurias que padecen los maestros, padres e hijos, para llegar a clases. Los 300 estudiantes de la Unidad Educativa María Rosa Moles, en Catia, elevaron sus plegarias para que sean resueltos los problemas que impiden la rutina escolar.

En la primera estación Jesús en condenado a muerte– la petición de estudiantes y maestros fue para que los pupitres vuelvan a llenarse y por quienes no han ido más a la escuela: «Da dolor ver salones que antes estaban llenos y ahora están por la mitad, a veces menos. La maestra mira los pupitres vacíos y sabe que faltaron por muchas razones: falta de alimentos, uniformes sin lavar, poco transporte, falta de efectivo, no tienen lápices». 

La segunda estación Jesús carga la cruz– pidieron fuerza a los educadores para que puedan permanecer en el aula: «Nuestras maestras cargan cruces pesadas, a veces, no pueden venir porque cada vez hay menos unidades de transporte. Algunas de ellas llegan sudadas al colegio de tanto caminar».

Jesús cae por primera vez. En esta estación la oración fue para que las personas influyentes entiendan la importancia de las jornadas de vacunación en las escuelas para prevenir casos de hepatitis, sarampión.

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En la cuarta estación, Jesús se encuentra con su Madre, estuvo dedicada a las madres que sufren cuando sus hijos enferman y no pueden comprar medicamentos.

Jesús es ayudado a cargar la cruz, en esta estación, pidieron a las autoridades para que el agua pueda llegar a las escuelas: «Sin agua tampoco pueden las madres lavar los uniformes para sus hijos».

La sexta estación, La Verónica limpia el rostro de Jesús: «A veces vemos niños y niñas callados, que faltan mucho a clase, porque sus padres no pueden pagar las camionetas para venir al colegio. Se van de su escuela llorando. Los cambios a mitad de año afectan a los niños». 

Jesús cae por segunda vez, en la séptima estación, la oración fue para los maestros. «Han caído bajo el peso de la Cruz. Imposible continuar trabajando con esos salarios. Un día de clases no da para comprar un lápiz. Muchos se van sin siquiera avisar. Esta cruz es muy pesada: sin maestros no hay escuela».

En la octava estación, Las mujeres lloran al ver a Jesús, pidieron porque el país se den los cambios necesarios para que los padres no tengan que irse lejos de sus hijos a buscar el sustento. 

Jesús cae por tercera vez. Es la novena estación y los niños piden para que sus escuelas no sean robadas y tengan el pan de cada día.

Jesús es despojado de sus vestiduras: «Te pedimos, Señor, para que nuestros maestros y profesores reciban un salario digno que les permita seguir laborando en nuestras escuelas y liceos».

En la décima primera estación, Jesús es clavado en la Cruz, los estudiantes piden que las lágrimas derramadas sirvan para abonar el terreno de la escuela que quieren, «para que los sufrimientos no se pierdan en el valle de lágrimas».

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Décima segunda estación, Jesús muere en la Cruz: «En estos días pasados fue muy triste estar en casa, sin clases, sin agua, sin electricidad y ver a los adultos angustiados por no saber cómo van a comprar sin dinero en efectivo y sin los puntos de venta funcionando. Los niños y niñas no entendemos bien lo que pasa, lo que sí sabemos es que nos gusta estar en nuestras escuelas. En marzo solo hubo ocho días de clases, así lo dispusieron las autoridades nacionales. Se suspenden las clases por no saber resolver los problemas».

La Virgen María recibe el cuerpo de su hijo Jesús y es sepultado: «Así como María sufre inconsolable, sufren las madres de Gregorio y Roberto porque los detuvieron por estar protestando por la falta de luz, agua y gas en la comunidad. También nos enteramos que detuvieron a un profesor que estaba protestando por el salario digno que de los educadores se merece. Protestar pacíficamente no es un delito. No debería ser una cruz».

En la última estación, La resurrección, la oración fue para que la escuela venezolana resucite en las madres que luchan para que el niño no falte a clases, por quienes madrugan para agarrar agua y poder cocinar. «La escuela resucita en los educadores, secretarias, porteros, directivos, que a pesar de las malas condiciones, insisten en trabajar, sabiendo que tienen derecho a un salario digno». 

Fotos: Luis Morillo


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