Jóvenes esgrimistas de Carabobo labran su camino hacia la élite mundial ayudados por el programa «Olympus»

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La desatención del gobierno hacia el sector deportivo obliga a muchos jovenes y niños esgrimistas a acudir a ayudas de sectores privados y hasta mendingar recursos en la calle para costear viajes, hospedajes y equipamiento.

Valencia. Daniela Pérez tiene 19 años y ya tiene en marcha un producto ambicioso y altruista que le brinda educación a deportistas jóvenes venezolanos. Se llama «Olympus Program», compromiso por un sueño.

Olympus nació de la necesidad que ella observó estando fuera del país, en referencia al apoyo que requieren los niños venezolanos para lograr sus sueños mediante el deporte.

Ellos no tienen las posibilidades. Entonces nosotros garantizamos el desarrollo deportivo y educativo de los niños en Venezuela, porque sabemos que la educación es un medio para alcanzar sus sueños», dijo.

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Pérez tiene como meta hacer que los esgrimistas carabobeños cumplan su sueño de competir en la élite. Foto: Armando Díaz.

Pérez desde los 9 años se dedica al mundo del esgrima. En su momento, su mamá también practicó la disciplina y eso fue un suceso definitivo en su decisión. Vivir el esgrima fue precisamente lo que le permitió ganarse una beca en la Universidad de Long Island en los Estados Unidos, universidad en la que cursa una doble licenciatura en comunicación social y producción de cine. Por eso precisamente es que se preocupa porque los jóvenes venezolanos miren no solo al deporte si no a los estudios.

Hay una creencia muy visible en la realidad deportiva y es que si te adentras en este mundo los estudios ya no son parta ti, los haces a un lado y esos es falso», refirió Pérez

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Para Pérez, el ayudar a los pequeños esgrimistas de Carabobo es devolver todo lo que el deporte le ha dado. Foto: Armando Díaz.

El haber abrazado la educación, le permitió a ella alcanzar muchos de sus sueños. No solo porque estudia en el extranjero, sino porque forma parte del equipo de esgrima universitario.

Junto con algunas amistades de Engagement Foundation, tuvo la orientación para crear Olympus y fue en diciembre de 2021 que se anunció el proyecto.

Actualmente tiene niños que hacen karate y tenis de mesa, pero el grueso de sus beneficiados son esgrimistas. Pérez evita dar cifras de a cuantos niños ayuda, porque no le gusta enumerar. «Es poner limitantes, mientras más niños ayudamos mejor. Entonces no manejamos una cifra, pero son muchos».

En el caso de los niños que practican esgrima han apoyado a cuatro de ellos mediante un programa de inglés en colaboración con Engagement Foundation, llamado «English for Kids». Estos niños rondan entre los 8 a los 12 años.

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Fotografía: Armando Díaz.

Además tienen un grupo de niños que están clasificados a los Juegos Panamericanos Perú 2022, así como a los Juegos Suramericanos de Cochabamba 2022. En Carabobo hay una nómina de 17 niños solo del Club Venezuela. «Queremos conseguirles los recursos para ambas competencias». Estos recursos no son solo hospedaje y comida, sino también el pasaje y los materiales para la competencia.

Estos esgrimistas en su mayoría entrenan con materiales prestados. Es decir, uniformes, caretas, florete, sable o espada, según el tipo de especialidad, medias, zapatos especiales, cables, guantes, protectores de seno, medio peto y bolsos. En Venezuela no existen tiendas que vendan la indumentaria, por lo que todo debe traerse de afuera.

Un uniforme nuevo puede costar hasta $300 dólares o más, los zapatos $170, los floretes rondan los $200. Estos últimos son muy delicados. «En una competencia rompí tres floretes», recuerda Pérez.

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Fotografía: Armando Díaz.

Como son niños los beneficiados, hay que hacer una constante inversión en uniformes que además cada cierto tiempo cambian por los avances que hace el deporte. «Cuando la Federación de Esgrima hace cambios y actualizaciones. Nosotros tenemos que hacerlo también porque son los estándares de competencia».

Pérez puede decir que tiene todo para competir. Su universidad se encarga de eso, pero no siempre fue así. «Cuando llegué a Estados Unidos no tenía nada. Entonces al momento de comparar yo decía. A mí me lo dan todo, pero a mis niños allá en Venezuela no, qué difícil».

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Fotografía: Armando Díaz.

Parte de esa ayuda que ofrece es un sueño. Considera que no es solo permitirles que lleguen a donde quieran llegar. Si no que lo hagan empoderados. Sin embargo llegar a las competencias sin nada es la realidad.

A veces llegan a las competencias y hay solo cicno floretes y tienen que repartirlos entre ellos. En oportunidades hasta las federaciones de otros países les prestan materiales. Esto sucede generalmente en las categorías infantiles. Pero qué lindo que haya gente que los apoye y aún así a nuestros niños eso no los frene. Pero qué chévere sería no tener que pedir. Si no tenerlo todo para llegar lejos», dice Pérez

Para esta atleta sería un sueño hecho realidad verlos llegar lejos con todos sus equipos. Lejos de lo que se piensa estos niños no están tristes, están felices porque se mantienen en pie entrenado y eso es plausible durante sus entrenamientos en el Club Venezuela ubicado en el municipio Naguanagua.

Fotografía: Armando Díaz.

Aun cuando el panorama es sombrío en el deporte, ella ve en esa adversidad un trampolín para crecer. «No son impedimentos son llaves para nuevas oportunidades porque aunque tengas miles de razones para empeorarlo ¿Por qué no volverlo una fortaleza?»

Dinastía esgrimista

Alex Da Silva conoce bien esas fortalezas porque lleva gran parte de su vida con un florete en mano y entrando. Tiene 13 años, de los cuales 7 han estado dedicados al esgrima, pero su relación con este deporte es más antiguo, puesto que pertenece a una dinastía de esgrimistas. Padre y madre esgrimistas y además son sus entrenadores y por parte de papá, su abuelo también era esgrimista.

«Recuerdo que eso fue en 2016 y mis papás no solo son mis entrenadores. Si no que son los principales entrenadores de acá», dice.

Su papá es Enrique Da Silva y su abuelo era José Da Silva. De hecho cuando este joven deportista estaba gestándose en el vientre de su mamá esta se encontraba compitiendo en las olimpiadas de Beijing 2009.

Fotografía: Armando Díaz.

Un día Da Silva, en casa de sus padres, se levantó del sillón y anunció que quería dedicarse a eso. «Al principio me daba un poco de pena con mis compañeros y ahora estoy aquí».

Son muchas las horas que Da Silva invierte entrenando. Llega a las 4:00 p.m. y casi a las 9:00 p.m está saliendo. En esas horas calienta haciendo lo que él llama una movilidad articular para calentar y poner en movimiento todas las articulaciones, después pasa a calentar los músculos, para darle lugar al desplazamiento y hacer los movimientos de la forma más correcta. Solo después de eso inician los combates y al terminar llega a casa. «No llego cansado, pero si con mucha hambre».

Fotografía: Armando Díaz.

Más que el deporte en si, Da Silva ama la competitividad del esgrima. «Puedo estar siempre teniendo ese intento de superación, de combatir y es muy motivador para llegar mucho más lejos».

Cuando Da Silva tiene el florete en mano y empieza el combate hay una sensación que lo invade y es la adrenalina. Esa sensación le agrada.

Fotografía: Armando Díaz.

Al momento de entrenar, sus entrenadoras le corrigen la parte técnica. «A veces tuerzo un poco el pie, o cuando hago el fondo meto la rodilla. Entonces mi papá siempre me dice que vaya más al ataque, porque por o genera retrocedo para que se me acerquen y pueda atacar».

Da Silva siente plena emoción cada vez que debe ir a competir en donde pueden haber de 6 a 12 competidores en donde se hacen cinco toques y es ahí en donde van avanzando y las modalidades adquieren más complejidad para las categorías, en su caso él es precadete.

Fotografía: Armando Díaz.

Como todo deportista hay alguien en el que ve un modelo a seguir. Esa es su madre.

Fue una atleta bastante fuerte. De hecho su equipamiento está en un museo y además fue dos veces a las olimpiadas. También está mi prima Anebella Guerrero que quedó de segundo lugar en los Juegos Olímpicos de la juventud de Lima y ha sido una motivación para mi, claro también quiero superarla y mi compañero Carlitos que es bastante bueno. Quiero tener un esgrima como el de él», sostiene.

Fotografía: Armando Díaz.

En el Complejo Bicentenario Simón Bolívar se ven a todos los niños y adolescentes que entrenan. Todos llevan su uniforme y avanzan y retroceden. El sonar de los floretes al rozarte es una constante. Ellos parecen ignorar el calor reinante en el espacio. Ni las gruesas telas de sus uniformes los detienen. Todos tienen el sueño de llegar lejos.

Los entrenadores lo dicen «Queremos que de este lugar salga un campeón. Hemos estado cerca pero podemos lograrlo». Programas como Olympus pueden no solo ayudar en este camino si no a pavimentar ese futuro próspero que puede proporcionar un deporte bien llevado y apoyado.

Fotografía: Armando Díaz.


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