La escasez de alimentos en el Madre Emilia fue de la mano con el decreto de estado de alarma nacional, establecido en marzo, que implicó una cuarentena. El distanciamiento físico aunado a la crisis económica del país le ponía freno a la empresa privada para seguir donando con la misma cantidad y regularidad de siempre.

Caracas. Ana Sáenz recibió un mensaje por un grupo de WhatsApp que comparte con sus vecinos de la urbanización Montalbán, en Caracas. Cuando abrió el enlace vio un tuit en el que se pedía con urgencia donativos de alimentos para el ancianato de la Fundación Comunidad Madre Emilia, ubicado al lado de la Clínica Dispensario Padre Machado. Había un número para comunicarse, así que decidió escribir para ver cómo podía ayudar.

Cuando llamó no le contestaron y cuando escribió se dio cuenta de que el número la había bloqueado. ¿Será que es una estafa o una trampa?, pensó Ana en ese momento. Entre la duda y la incertidumbre decidió ir caminando hasta el ancianato para corroborar que en verdad estuvieran pidiendo ayuda y saber si el número era real.

Cuando llegó conversó con la hermana Érika Duarte. El contacto publicado en las redes sociales sí era cierto. Lo que ocurrió es que se asustaron con la cantidad de personas dispuestas a ayudar e, incluso, uno que otro mensaje extraño. A las hermanas les dio miedo que fueran muchas personas a llevar insumos al ancianato y, con eso, exponerse a la COVID-19. No sabían cómo manejarlo.

Érika y Ana conversaron. La escasez de comida en el Madre Emilia fue de la mano con el decreto de estado de alarma nacional, decretado en marzo, que implicó una cuarentena. El distanciamiento físico aunado a la crisis económica del país le ponía freno a la empresa privada para seguir donando con la misma cantidad y regularidad de siempre.

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Y es que los últimos 15 días de marzo, en los que se conocieron los primeros positivos de coronavirus en el país, ya era difícil para los ancianatos tratar de que no se hundiera el barco. Poca agua, personal limitado, horas a oscuras, mascarillas improvisadas y almuerzos solamente con granos y pasta.

En el Madre Emilia hay cerca de 60 adultos mayores más el personal que vive y trabaja ahí. En total son casi 100 personas que requieren ayuda para comer, mantener la higiene y cuidarse del virus.

A los abuelos les estaban dando media comida diaria. Cuando me dijeron eso se me salieron las lágrimas, relató Ana.

Así que los vecinos se organizaron para hacer una recolecta. Por los grupos de WhatsApp, tocando puerta a puerta. Corriendo la voz por todos los canales posibles. Yo tengo arroz, yo puedo dar un poquito de pasta, los puedo ayudar con una harina. Poco a poco se fueron sumando mensajes, y Ana iba recogiendo los productos.

Cuando terminó y volteó a ver lo que habían recolectado se dio cuenta de que había más de 100 kilos de comida. Lo subió todo en la maleta de su carro rojo y lo llevó emocionada de lo que consiguió junto con sus vecinos.

Esta fue una de las recolectas de los vecinos de Montalbán para ayudar al ancianato Madre Emilia. Foto: Ana Sáenz

Ya los vecinos de Montalbán llevan tres entregas de alimentos. Están tratando de gestionar desayunos con una panadería de la zona que quiere colaborar y buscan otras empresas privadas que estén en capacidad de ayudarlos durante la cuarentena.

Los adultos mayores forman parte de la población más vulnerable si se infecta de COVID-19. El riesgo es mayor si sufren de enfermedades previas como hipertensión o diabetes. En Venezuela, se le suman más obstáculos: no tienen garantizados sus derechos a la salud, a comer o a las medicinas.

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En las recolectas han tenido mucho apoyo con alimentos como harinas, pasta o granos. La directora del ancianato, madre Teresa, insistió en que esperan conseguir víveres, carne o pollo, pañales, cremas, desodorante, jabón, champú, guantes, tapabocas. Igualmente aceptan medicinas que están a la venta sin récipe como acetaminofén o ibuprofeno.

Aunque la crisis empeora con la pandemia, en noviembre de 2019 la ONG Convite ya alertaba sobre las necesidades de los adultos mayores. Luego de hacer 903 entrevistas concluyeron que el 77 % de los adultos mayores no tenían acceso suficiente a alimentos, uno de cada diez dormía con hambre todas las noches y el 23 % estaban solos.

La ONG determinó que de 150 ancianatos que existen en Venezuela, 80 están en la región capital, pero solo el 40 % son públicos. Muchos cerraron entre los años 2015 y 2019 por falta de insumos.

La dificultad de salir de Montalbán por los puntos de control establecidos como mecanismo de contención durante la cuarentena obliga a Ana a que esta recolección de alimentos sea solo en su urbanización. Ya han colaborado vecinos de los sectores 1, 2, 3 y Juan Pablo. Sin embargo, no descartó que personas de otras zonas de Caracas puedan establecer el enlace con ella a través del correo electrónico anazsaenz@gmail.com para llevarle algún alimento no perecedero.


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