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La lluvia es la única que surte de agua a lo más alto de la parroquia La Vega

La Vega

Foto: Yelitza Figueroa

En la comunidad de El Encanto, en lo más alto de La Vega, unas 15 familias tienen, cada una, bomba hidráulica, que instalan en un tubo ubicado en plena calle, para poder bombear agua a través de conexiones superficiales hasta sus casas. Esto es así desde siempre. Sin embargo, en los últimos meses ni siquiera de esta manera han podido tener agua potable, debido a los cortes prolongados en toda la parroquia.

Caracas. “Cuando cae la lluvia, bendito sea Dios”, dice Flor Fuentes, habitante de El Encanto, un sector ubicado en la cima de la parroquia La Vega, municipio Libertador. Allí el agua no llega desde hace cuatro meses. Sin embargo, los problemas con este servicio datan desde hace décadas. Con 36 años de edad, y la misma cantidad viviendo en La Vega, Flor cuenta que en su sector nunca han tenido agua directamente por tuberías debido a la altura de la zona.

“Horrible” es el adjetivo que utiliza Flor para describir la situación actual que está viviendo toda la parte alta de La Vega con respecto al suministro de agua por parte de Hidrocapital: “Hasta el sol de hoy tenemos cuatro meses sin agua. Han estado trayendo cisternas, pero donde vivo es tan alto que no podemos tener acceso ni siquiera al suministro por cisterna”.

El pasado 14 de mayo Nahum Fernández, presidente del gobierno del Distrito Capital, informó que el motor dañado, que bombea agua desde Coche a la parte alta de La Vega, sería reparado y que en una semana llegaría el agua a todas las comunidades remotas de la parroquia.

Según la explicación de Hidrocapital a los vecinos, el corte se debe a que se dañó uno de los motores que bombea agua a lo más alto de La Vega, el cual está ubicado en Coche. Jairo Pérez, dirigente vecinal de La Vega y defensor de derechos humanos, relata que el agua tiene al menos dos semanas llegando a la parroquia, sin embargo, no llega con la presión suficiente para bombear agua hasta el sector donde vive Flor.

Las familias de El Encanto tienen varias desventajas con respecto al servicio de agua. A esta comunidad de al menos 15 familias el agua no llega de manera directa por tuberías, sino a través de un tubo que está ubicado en la calle principal, allí hay una instalación con varias boquillas que les permite conectar a cada familia su propia bomba hidráulica desde donde bombean agua hasta sus casas a través de conexiones superficiales.

Además, para lograr que las bombas puedan funcionar, explica Flor, tiene que haber suministro continuo de al menos dos o tres días con suficiente presión en todos los sectores de La Vega, porque sin suficiente presión, por más que las bombas tengan resistencia, no logran hacer su trabajo debido a la altura. Estas bombas funcionan con electricidad. Flor cuenta que en la zona falla muy poco el servicio de luz, pero igualmente no escapan de las constantes fluctuaciones o de esporádicos cortes prolongados.

Nosotros tenemos que bombear desde un tubo para que el agua pueda subir a las casas. Pero desde hace cuatro meses el agua nunca más llegó. Aparentemente, según Hidrocapital, repararon el motor y van a empezar a bombear, cuenta Flor.

Cuando es la lluvia la que surte, desde sus casas los vecinos instalan canales improvisados con varios materiales, entre ellos, telas que sirven de filtro, para tratar de recolectar el agua que cae cerca de sus viviendas, o sacan algunos tobos o cualquier otra cosa que sirva para almacenar agua. Otra opción que han aplicado los vecinos ha sido alquilar cisternas privadas que bombean agua desde casas que estén en un nivel más bajo de la parroquia hasta El Encanto.

“Hace poco un vecino pagó una cisterna de 4000 litros y le cobraron 30 dólares, una cantidad que no todos pueden pagar. Es angustiante vivir resolviendo situaciones que sencillamente no nos corresponden porque nosotros no deberíamos estar preocupándonos por el agua, pero nos tocó y hay que salir adelante”.

Como un recuerdo lejano, Flor menciona que hace mucho tiempo, cuando aún existían las asociaciones de vecinos, varios habitantes de la comunidad se organizaron e hicieron un acta donde explicaban su situación con respecto al agua e hicieron la propuesta de construir un tanque subterráneo e instalar una bomba industrial, todo lo presentaron ante Hidrocapital, pero no hubo respuesta.

“Yo tengo 36 años, todos viviendo acá, y he visto cómo de generación en generación va pasando la costumbre de poner y quitar la bomba. Hace años vino un ingeniero de Hidrocapital que nos explicó que por la altura de donde vivimos nunca nos va a llegar agua por tuberías, que hay que hacer un trabajo como el de los edificios que tienen un tanque subterráneo, ese tanque se llena y luego se hace el bombeo con una bomba industrial, pero eso es un trabajo de Hidrocapital”.

Jairo comenta que, anteriormente, en La Vega el racionamiento de agua impuesto por Hidrocapital consistía en que el servicio llegaba los jueves en la tarde y se iba los domingos a mediodía. Pero en los últimos cuatro meses solo han tenido dos ciclos de agua, ambos en las últimas semanas y diferente al patrón establecido anteriormente por Hidrocapital.

“El agua ha llegado los viernes y se ha ido los sábados, es decir, un total descontrol. Antes de la pandemia por la COVID-19, en las reuniones que sostuvimos con representantes de Hidrocapital, prometieron un ciclo de cinco días sí y dos no, luego otro de cuatro días sí y tres no. Ahora nosotros pedimos que aunque sea nos manden agua dos día sí y cinco no, pero que sean dos días continuos y fijos”.

La parte alta de La Vega está formada por unos 40 sectores, incluidos varios bloques y la urbanización Terrazas de La Vega. Para poder bombear agua a las zonas más altas, explica Jairo, deben funcionar al menos dos motores y con suficiente presión de agua. Sin embargo, Jairo duda que el motor que fue reparado recientemente esté trabajando a su máxima capacidad, y, asegura, no es primera vez que este motor tiene que ser reparado. Y según sus cálculos el problema con el suministro de agua potable viene agravándose cada vez más desde hace aproximadamente tres años.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social documentó en el primer trimestre del año 495 protestas para exigir mejoras en los servicios básicos. Otro dato de esta consulta es que 45 % de estas manifestaciones (223) fueron para exigir el restablecimiento del servicio de agua potable.

“A veces nos avisan que viene una cisterna, cuando llega vemos que es una cisterna nueva, grandísima. Entonces uno se pregunta: ¿no es más rentable comprar un motor nuevo que estar comprando cisternas? ¿Para eso sí hay dinero pero para comprar un motor nuevo no? Además, nosotros nos dirigimos al Ministerio para la Atención de las Aguas para denunciar que algunas cisternas estaban siendo desviadas para beneficiar a ciertas casas o locales comerciales bajo un presunto pago”.

Luego de esta denuncia, el 24 de marzo, Jairo fue detenido por funcionarios de Policaracas por presuntamente “incitar” a la protesta en la parroquia debido a las fallas en el servicio de agua. Pasada la 1:00 p. m. lo llevaron a un comando de este organismo de seguridad en la Cota 905. A las 6:21 p. m., la organización no gubernamental Provea informó de la liberación de Jairo.

“Esa denuncia ocasionó una gran molestia en los ejes comunales de la zona, porque luego de eso a nosotros nos nombraron como contraloría social de las cisternas, yo estuve detenido por esa denuncia también. Eso les molestó porque terminó con el negocio que había con las cisternas”.

El último sondeo del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, realizado en 12 ciudades del país, reveló que, aunque 90 % de las personas encuestadas aseguró contar con la infraestructura necesaria para recibir agua en sus casas, solo 25 % indicó que cuenta con el servicio todos los días.

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