La diáspora venezolana ha exportado talento, arte y también literatura. En diciembre de 2019 una nueva editorial se estrenó en suelo argentino con la reedición del ensayo CautivasOlvidos y memoria en la Argentina, escrito por la periodista y ensayista venezolana Susana Rotker. Crónica.Uno conversó con el editor jefe de los cuadernos del destierro, Danny Pinto-Guerra, acerca de los procesos que conlleva levantar un sello editorial en el exterior.

Caracas. Danny Pinto-Guerra recuerda 2014 como el año de una generación que no estaba dispuesta a ceder ningún espacio. Entonces acababa de terminar su cuarto semestre en la Escuela de Letras de la UCV en medio de paros administrativos por reivindicaciones salariales, la posibilidad de elecciones universitarias, la protesta opositora denominada La Salida que detonó el movimiento de la resistencia… 

Un año de persecuciones, encuentros y el empeño de algunos por manifestar desde el arte y de forma pacífica. De la Escuela de Letras surgió un proyecto editorial en línea llamado Macagua donde los estudiantes recopilaban testimonios, cuentos, ensayos y material bibliográfico relacionado con los hechos del momento. Fue el mismo año que más me sentí parte de la Escuela de Letras, y mucho se debió a Macagua y a todos los que formábamos parte del grupo, cuenta Danny.

A pesar de los vínculos afectivos con su casa de estudios vendría el duelo migratorio: un pasaje comprado en diciembre de 2013 le descontaba sus días en Venezuela.

Se marchó a Argentina en junio de 2014. Al principio, su intención era quedarse un semestre o dos, pero el conflicto político en el país escaló con rapidez: hubo muertos, violaciones de derechos humanos, montones de presos, colapso general. El boleto de Danny se convirtió en uno de no retorno.

Y en la maleta, entre los libros y los implementos de rigor, emigró también el germen que más adelante daría pie a los cuadernos del destierro.

los cuadernos del destierro
Danny Pinto-Guerra, editor de los cuadernos del destierro.
Buenos Aires y un proyecto en ciernes

Los cuadernos del destierro es la historia de un viaje, de una iniciación y un compromiso. Y, como todo viaje, también es la historia de una maleta. Esa maleta traía 20 libros, entre ellos dos de Cadenas, la poesía completa de Miyó Vestrini, de Ramos Sucre, ensayos de José Balza, antologías de cuentos venezolanos, y algunas novelas y libros de narrativa breve de ficción y no-ficción no leídos, o parcialmente leídos, hasta ese momento.

La capital argentina lo recibió en invierno. Atendió las diligencias correspondientes a legalizar su estatus y se matriculó en la Universidad de Buenos Aires para continuar con la carrera de Letras. Su biblioteca, que se limitaba a los ejemplares resguardados en su equipaje, volvió a engrosar los estantes gracias a la colaboración de sus amistades y conocidos. 

En 2015 ya era estudiante regular y adelantaba un proyecto de libro que había empezado en Venezuela antes de partir. Por recomendación de Rodnei Casares, editor del sello venezolano Libros del Fuego, lo mandó a concursar por el XV Premio Transgenérico de la Sociedad para la Cultura Urbana y obtuvo mención con recomendación para publicar.

Ese año fue productivo en la escritura, no solo por ese reconocimiento sino también por dos más acá en Argentina, lo cual me abrió camino para seguir con la idea de hacer algo: ¿qué era ese algo?, en principio, no lo tenía muy claro, pero si en mi maleta vino literatura venezolana, algo con eso tenía que hacer. Un proyecto de publicación periódica, como una revista, o un sello editorial.

Pero asumir cualquiera de esos retos implicaba más que solo una idea: necesitaba pensar una estructura, buscar asesorías, conseguir capital humano y económico. Danny sabía de algunos venezolanos dentro del campo literario argentino, como los escritores Gabriel Payares y Gustavo Valle, y la escritora Maumy González. En 2015 estableció contacto con ellos, decidido a darle forma a su propuesta editorial. Sus referentes en el campo eran los trabajos de Libros del Fuego, Letra Muerta, Ígneo, Barco de Piedra, entre otros. 

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Ejemplar de «Cautivas», de Susana Rotker, reeditado por los cuadernos del destierro. Foto: los cuadernos del destierro.

Eso me motivó a que fuera un sello y no otra cosa lo que hiciera acá en Buenos Aires. A medida que iba empapándome de lo que esos sellos hicieron en sus inicios y estaban haciendo en el momento, también empezaba a cultivar relaciones y, poco a poco, a colarme en el campo literario argentino

Un sello editorial que sea puente y archivo

Una vez fijado el rumbo, solo quedaba remar: en 2016 Danny cursó en la UBA un seminario esencial. Lo dictó la escritora y docente Elsa Drucaroff y gracias a él pudo conocer, entre otros, a Ana María Shua, Samanta Schweblin, Claudia Piñeiro, Hebe Uhart, Pola Olaixarac y a una persona que considera fundamental para su formación como editor: Luis Chitarroni, escritor y editor del sello argentino La Bestia Equilátera.

En ese seminario, y más precisamente en esa charla con Chitarroni, surgió el nombre de Salvador Garmendia como referente de la narrativa latinoamericana, y el trabajo del editor como puente de voces que merecen cruzar las fronteras del tiempo y el espacio. Y ahí estaba la respuesta en toda su extensión. Hacer un sello editorial venezolano en Buenos Aires que sea puente para rescatar y hacerle curaduría a nuestra literatura, a la vez que sirva para comunicar —a mediano y largo plazo— no solo con la literatura argentina y latinoamericana, sino también con el mundo entero, y de igual manera profundizar en la investigación de archivo de voces que han quedado en el olvido o han sido poco exploradas.

A inicios de 2018 concretó el proyecto: un sello enfocado en la investigación de archivo y curaduría literaria llamado los cuadernos del destierro, como el gran poemario de Rafael Cadenas. El nombre se escribiría siempre en minúsculas en función de una identidad gráfica: «Es una frase que contiene una carga semántica, social y cultural enorme que merece la sutileza y distinción de una tipografía como la que elegimos, pero en minúscula», comenta Danny.

El comité editorial, por su parte, quedó conformado por María Beatriz H. Camarasa, encargada de prensa; Betina Barrios Ayala, quien gestiona contenidos y redes sociales; y Danny a la cabeza del equipo al tiempo que trabaja en las etapas de preedición (investigación, preselección y selección) y posterior edición (corrección y maquetación).

Antes de que Barrios Ayala se sumara al proyecto, un equipo inicial —integrado por otros dos miembros que se retiraron debido a su retorno a Venezuela— participó en la selección del primer título del sello.

Como nos interesaba la circulación del ensayo y la narrativa breve, decidimos que esos fueran nuestros primeros géneros a publicar. Así dimos con Susana Rotker, periodista y ensayista venezolana, de quien encontramos una obra escrita con una delicada fuerza y profunda vigencia. Seguimos con la investigación y conseguimos el apoyo de la Fundación Tomás Eloy Martínez

Eligieron el ensayo de Rotker titulado Cautivas. Olvidos y memoria en la Argentina, publicado por primera vez en 1999. El proyecto también contempla la publicación de su obra periodística inédita en formato libro actualmente.

Presentación de «Cautivas», de Susana Rotker. Foto: los cuadernos del destierro.
Susana Rotker de vuelta a Argentina 

El diseño de Cautivas estuvo en manos de la diseñadora argentina Laura Forni y para las ilustraciones incluidas en la reedición lograron sumar a la ilustradora y diseñadora, también argentina, Florencia Gutman.

Los que han leído esta reedición nos han manifestado un profundo —y a la vez sorpresivo— gusto por un ensayo que se lee con una frescura y fuerza sobre un tema que interpela a los argentinos, pero que abarca más que un espacio geográfico.

Fue un primer tiraje de 500 ejemplares, que Danny cataloga de «sensato» debido a los desajustes económicos de 2018 que afectaron todo el plan editorial en el país. La presentación se llevó a cabo el 12 de diciembre de 2019 en la Fundación Tomás Eloy Martínez. Llenaron la sala y pudieron vender un buen número de ejemplares. Asimismo, contaron con palabras de Tununa Mercado y Noé Jitrik, quienes conocieron a Rotker durante su paso por la UBA.

Un mercado editorial prometedor

El tema migratorio tiene cierta resonancia a la hora de posicionar un producto externo.

«En los últimos años, hemos visto cómo van apareciendo emprendimientos, locales y distintas ofertas venezolanas en el mercado. Efectivamente, el arte, como casi siempre, llega de último a la fiesta y cuesta más acercar un objeto, cuyo valor cultural se mueve a sus ritmos y no es masivo. Lo bueno es que hemos notado el interés, más que comercial, de los argentinos —aunque más específicamente en la ciudad de Buenos Aires— de acercarse a nuestras representaciones. En la UBA se estudian no solo autores, sino también proyectos literarios de raíz venezolana —como es el caso de la Biblioteca Ayacucho, la editorial Monteávila— e incluso galardones como el Rómulo Gallegos«.

Como es de esperar, hay una primacía de lo local y las autoras argentinas se han destacado por captar la atención de la audiencia en los últimos años. Este panorama resulta alentador para los cuadernos del destierro: «La obra —tanto periodística como literaria— de Susana Rotker atraviesa muchos de los tópicos que la contemporaneidad refleja en las novedades literarias. Pero sí, toca poner ese extra para que no solo se pueda rescatar la obra de una autora que en su paso por la Argentina le dio voz a distintas problemáticas, sino también profundizar en la producción literaria venezolana, la cual todavía pide ser leída».

Reedición de «Cautivas» por el sello editorial los cuadernos del destierro

Cautivas ya fue ofrecido a tres librerías y tuvo muy buena recepción por parte de los libreros. «Han quedado fascinados al punto de que quieren venderlo en sus espacios, cosa que nos emociona un montón«, sostiene Danny. 

¿Cómo hacen el contacto con las librerías?

«Generalmente, hay librerías que reciben novedades a consignación, algunas pocas te compran el libro directamente y otras solo trabajan con distribuidoras. Estamos trabajando con las dos primeras opciones, pero no descartamos entrar en la distribución dentro de poco, ya que tenemos un segundo libro en la cocina para este año«.

Cabe destacar que un ejemplar ya llegó a tierras venezolanas y se encuentra disponible en La Poeteca para los lectores que quieran familiarizarse con el sello.

La maleta de Danny ahora reposa en su apartamento. El viaje devino biblioteca y la biblioteca devino oficio. 2020 se perfila como un buen año para los cuadernos del destierro y para todos los que siguen apostando por la literatura venezolana fuera de nuestras fronteras. 


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