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A la Plataforma Unitaria le faltó compromiso, entendimiento y sobre todo unidad en 2021

dirigentes de los principales partidos de la oposición

Foto cortesía Prensa Presidencia Encargada

Ramón Guillermo Aveledo afirma que la vía para lograr una instancia de coordinación eficiente como lo fue la MUD es a través del “compromiso sincero y auténtico” de la dirigencia en torno a objetivos, reglas y un programa mínimo. Maryhen Jiménez considera que la Plataforma Unitaria no logró constituirse como una alternativa real de poder en 2021 porque, aparte del contexto autoritario venezolano, nació atada al gobierno encargado y a los intereses de su burocracia.

Caracas. Cerró 2021 y la oposición venezolana no logró integrar una instancia de coordinación propia, eficiente y efectiva. Antes por el contrario, el año transcurrió para la mayoría de ese bloque político reunido en la Plataforma Unitaria en una especie de inercia, en la que no fue la existencia y aplicación de una estrategia concertada sino la fuerza de los hechos la que la trajo hasta el día de hoy, casi último del año.

Crónica.Uno sondeó la opinión de dos figuras calificadas para evaluar el desempeño en 2021 de ese intento de coalición de oposición que es la Plataforma Unitaria y proyectar los retos hacia el nuevo año: el ex secretario ejecutivo de la extinta Mesa de la Unidad Democrática, abogado, doctor en Ciencia Política y expresidente de la Cámara de Diputados del desaparecido Congreso Nacional, Ramón Guillermo Aveledo; y la politóloga, docente y doctora en Ciencia Política, Maryhen Jiménez.

Y es que visto en retrospectiva –y dejando en claro que el contexto autoritario, hegemónico y represivo de Venezuela dificulta la coordinación opositora– a la Plataforma Unitaria pareciera que se le fue el año 2021 dando tumbos de un lado al otro de la realidad política, como la pelotica de acero del arcaico juego de Pinball en su persistente intento de no caer en el foso, donde finalmente, más tarde o más pronto siempre caía.

Tumbos desde el principio
La Plataforma Unitaria fue presentada el 21 de abril de este año, integrada por el G4, los partidos minoritarios de la AN 2016-2021 y una veintena de partidos pequeños nacionales y regionales. Foto cortesía @noticierovv

El primero de los traspiés de la Plataforma fue el hecho de haber arrancado en abril de este año sin normas de funcionamiento interno, instancias para la toma de decisiones y mecanismos de resolución de conflictos conocidos. ¿Consecuencia? De los cuatro objetivos que se planteó en sus inicios, ninguno está cerca de ser alcanzado: no pudo ser un instrumento para atender la crisis humanitaria y de salud, no ha logrado restituir el orden constitucional y el respeto de los derechos humanos, no pudo restablecer la soberanía a través de elecciones libres, ni promovió una campaña relevante o masiva sobre la necesaria reconciliación nacional.

El segundo tumbo lo dio en junio, a dos meses de su creación, cuando el Consejo Nacional Electoral puso fecha a las elecciones regionales y comenzó la disputa entre los partidos y movimientos sociales dentro de la Plataforma que querían participar y los que no. ¿Consecuencia? La parte de la Plataforma que concurrió a la elección lo hizo desde una posición débil, desventajosa y dividida, perdió una buena oportunidad para lograr reorganizarse desde las bases. Ese entuerto ha tratado de remendarse con una participación unida y en apariencia sólida, de cara a la repetición de las elecciones en Barinas pautada para el 9 de enero.

En ese dilema estaban enfrascados cuando llegó agosto y con él el tercer tropiezo de la Plataforma: enfrentar un proceso de negociaciones en México con un grupo en busca de la salida constitucional pero inmediata de Nicolás Maduro, y otro intentando iniciar la reconstrucción de las condiciones electorales y acumulación de fuerzas de forma progresiva. ¿Consecuencia? La delegación de Maduro se paró de la mesa en octubre y no ha habido emergencia humanitaria compleja, migración masiva, ni 94,5 % de pobreza que le haya hecho volver.

Y hoy, a horas de culminar el año, la Plataforma Unitaria da un último tumbo en el tablero político cuando frente al debate sobre la continuidad (y utilidad) de la Asamblea Nacional electa hace ya seis años y del gobierno encargado instalado hace casi tres años, no logra ser el espacio para concertar una posición de unidad con argumentos y una ruta a seguir.

Sin compromiso ni entendimiento

Ahora bien, cabe preguntarse: si los dirigentes de los principales partidos de la oposición que fundaron la MUD en 2008 y la condujeron hasta implosionarla en 2017, son los mismos que integran la Plataforma Unitaria ¿por qué esa experiencia no ha servido para replicar en la Plataforma Unitaria lo que sí funcionó y descartar lo que no?

“Es un misterio”, responde Ramón Guillermo Aveledo, que accedió a ser parte de este trabajo respondiendo a las preguntas de Crónica.Uno vía correo electrónico. A su juicio, a diferencia del PSUV y del oficialismo, la oposición parece no tener la capacidad de aprender y adaptarse, y por el contrario tiende a desaprender.

“Como en el mito de Sísifo, volvemos a empujar la piedra desde abajo. Lo que la experiencia nos ha enseñado, lo descartamos. La fórmula no es secreta, se requiere consenso sobre tres cosas: (1) objetivos estratégicos y cómo alcanzarlos, (2) reglas claras de toma de decisiones y (3) acuerdos programáticos básicos. Se dice fácil, pero requiere un trabajo que nunca acaba y un esfuerzo de coherencia comunicacional a partir de empatía con la gente que tiene motivos para querer un cambio. El secreto es el compromiso sincero, auténtico”, afirma.

Maryhen Jiménez, que desarrolló un modelo científico que mide los incentivos/desincentivos que hay en contextos autoritarios para que los movimientos de oposición se coordinen eficientemente, agrega otro elemento: la MUD no era instrumento de un solo partido, como ha terminado siendo la Plataforma.

“La Plataforma Unitaria surge por la presión interna y externa de mostrar unidad, pero no es eficaz porque no sabemos cómo se toman las decisiones y porque está muy vinculada al liderazgo de Juan Guaidó y del gobierno encargado. Un liderazgo que por diseño es muy vertical. Eso no permite el entendimiento ni la cooperación constructiva entre los grupos opositores. La MUD funcionaba porque no era un partido mandando sobre los demás, sino una Secretaría Ejecutiva que ponía a los partidos a coordinarse en torno a reglas preacordadas”, señala.

Jiménez, quien también pone el foco en la poca capacidad de aprendizaje que muestra el liderazgo opositor, remata: “La oposición debería ir hacia algo como la MUD, si quiere demostrar a la sociedad que tiene capacidad de aprendizaje. Si no, es muy posible que en 2024 sea el chavismo el que haga su transformación y gane”.

Apariencias versus cooperación
El exsecretario ejecutivo de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo, tilda de «misterio» la incapacidad de la dirigencia opositora para conformar una nueva coalición eficaz y exitosa. Foto: Luis Morillo

Aveledo y Jiménez concuerdan en resaltar que esa especie de inercia de la oposición, ese dar tumbos mencionado al comienzo, proviene del origen mismo de la Plataforma Unitaria. Es decir, del hecho de no haber sido producto de un convencimiento auténtico y sincero sobre la necesidad de estar unidos, sino más bien el resultado de un reclamo y una exigencia interna y externa para estar unidos.

“Las apariencias no bastan, hace falta substancia. Este país ha cambiado mucho en estos años, repetir diagnósticos y esquemas que caducaron no funciona y menos si ni siquiera los cumples. Si los pasos correctos (y estos creo que los fueron) se dan por aparentar, nacional o internacionalmente, lo normal es que resulten fallidos. La médula de la cuestión, de esta y de cualquiera, está en el objetivo. Cuando uno le planteaba un problema al maestro Arístides Calvani, él comenzaba con la pregunta esencial: ¿cuál es nuestro objetivo? El objetivo del grupo en el poder es claro, permanecer allí, a cualquier costo. ¿Cuál es el de la oposición?”, se cuestiona Aveledo.

Vía telefónica, Maryhen Jiménez, advierte sobre la transformación de los objetivos de la oposición –o de una parte de ella–. Más allá del discurso y la narrativa que pueda emplear Guaidó y la Plataforma, los objetivos de la oposición agrupada en torno al gobierno encargado, dice, mutaron: “Lamentablemente el gobierno interino se transformó en un propósito en sí mismo. Ahora existen incentivos e intereses alrededor de esa burocracia para mantenerla casi a cualquier costo. Se ha convertido en un espacio de búsqueda de renta y poder, así sea parcial, para los grupos que se organizan en torno a él”.

En ese sentido, la politóloga considera que 2021 no fue un año de estancamiento para Voluntad Popular, el gobierno encargado y sus aliados más cercanos, pues ese bloque fue coherente y se movió en la búsqueda de su prolongación en el tiempo. Pero por el otro lado está la gente.

Para Jiménez, “la estrategia incoherente” propuesta por el gobierno interino de Juan Guaidó (poner el foco en las alianzas y mensaje internacional) abrió más la brecha entre la oposición y la gente que ve a una dirigencia que no impacta en su vida diaria, lo que la lleva a solucionar por cuenta propia sus problemas, sin los políticos, ni la política, ni los partidos.

“Hay una transformación en la sociedad desde la no cooperación hacia la cooperación. Esa polarización que vemos entre actores sociales, entre grupos de élite política o en las redes sociales, no se ve en la gente en el día a día. Hay cooperación para resolver el problema del agua, el problema de la electricidad, tanto chavistas como opositores y eso dice que estamos en un territorio en el que todos podemos ser parte de la solución”, dice Maryhen Jiménez.

El mensaje del 21-N y de Barinas

Esa integración de sectores, grupos y personas en la búsqueda de soluciones a problemas comunes representa para Jiménez la oportunidad de conectar este momento de transformación con el mensaje que a su juicio mandó un sector importante de la población el 21 de noviembre.

“La gente entiende que la no participación electoral estanca el conflicto y favorece al gobierno, pero también se siente dolida con la oposición que debería representar una alternativa real de poder. En las comunidades y estados más golpeados, la gente salió a votar contra el PSUV porque sabe que el voto puede servir. Vemos Zulia, vemos Barinas. Hay una oportunidad de rearticular a la oposición desde Barinas porque lo que hizo Barinas el 21-N fue demostrar que el gobierno es derrotable”, dijo Maryhen Jiménez.

Es por ello, que sostiene que hay que subir los costos de la no cooperación y bajar los costos de la cooperación. Jiménez plantea la necesidad de que la oposición se meta de lleno en los municipios y estados para determinar en qué temas y con cuáles sectores se puede trabajar unidos en beneficio del colectivo.

“Para mí 2022 es un año clave para la reestructuración de la oposición, construir nuevamente mecanismos de toma de decisión y resolución de conflictos, ir hacia un liderazgo descentralizado y colectivo desde las regiones, ir promocionando la participación, democratizando desde las alcaldías y gobernaciones ganadas, ver con cuáles alcaldes y gobernadores se puede cooperar. Y 2022 trae también una oportunidad única para la ciudadanía para presionar a la oposición y al gobierno hacia una democratización”, dice Jiménez.

Cuestión de confianza
En julio pasado, partidos y movimientos de la Plataforma Unitaria emitieron un comunicado en repudio a la detención del diputado Freddy Guevara, liberado posteriormente en agosto. Foto cortesía Prensa Presidencia Encargada

El otro reto de 2022 es la negociación en México. Y allí, nuevamente la clave sería la cooperación en temas de interés para los venezolanos, dice Jiménez: “Si la Plataforma Unitaria vuelve a México con el único propósito de sacar a Maduro y con un discurso maximalista, será difícil avanzar”.

A su juicio, el potencial de ese espacio está en lograr encontrarse con el oficialismo –aunque esa idea del encuentro sea difícil de procesar para muchas personas, dice– en los temas sociales, humanitarios y económicos, y construir confianza y cooperación: “Ahí entra el reto del acompañamiento internacional, en crear mesas técnicas de trabajo que generen verdadera confianza entre los actores. Y la oposición a su vez debe confiar en la sociedad”.

El asunto de la confianza es medular también para Aveledo, quien sostiene, como el experto en políticas públicas Michael Penfold, que el problema de la oposición no es tanto electoral como político: “No se trata de hacer tal o cual ajuste. La cosa es más profunda y parte del déficit de confianza mutua entre los actores políticos democráticos, entre estos y otros actores sociales y entre el liderazgo y la sociedad toda. Creo que el camino es un nuevo compromiso unitario: consenso de objetivos y ruta, reglas transparentes, mensaje consistente y una articulación abierta, respetuosa con todos los sectores legítimamente interesados en un cambio político. Eso incluye a un gentío, de distintos niveles, que ha creído en el mensaje chavista”.

Y en esa dirección, el exsecretario de la MUD acota que es “i-ne-lu-di-ble” (sic) abrir un proceso de elecciones internas dentro de los partidos de la oposición que permita renovar o ratificar sus liderazgos, pero que en definitiva reoxigenaría al movimiento opositor desde sus bases: “Habrá unos nuevos, otros serán ratificados, otros cambiarán su papel”.

Cautelosos frente al referendo revocatorio
La politóloga Maryhen Jiménez considera que el revocatorio podría ser un arma de doble filo para una oposición no cohesionada. Foto captura de pantalla, TEDxTalks Why Democracy Matters, abril de 2020

2022 es también el año en el que se podría solicitar la revocatoria del mandato de Nicolás Maduro, mecanismo sobre el cual, por cierto, tampoco hay una postura de consenso en la Plataforma Unitaria. Un mandato cuestionado en su legitimidad de origen y desempeño, pero que en la práctica tiene el reconocimiento de la Fuerza Armada, el acceso a los recursos públicos y el control de la mayor parte del territorio (si se consideran que grandes franjas de frontera están controladas por grupos armados irregulares).

Una vez más, Aveledo y Jiménez tienen aproximaciones similares al tema, esta vez desde la cautela frente a una herramienta que en el pasado ha dejado frustraciones a la oposición y que adicionalmente, si se concretara, demandaría una cohesión y rapidez de respuesta de la oposición que hoy no existen.

“Yo no veo el revocatorio como una chispa que sirva para promover la reunificación, sino más bien como la chispa de la competencia entre actores de la oposición y ahorita no se necesita esa competencia, necesitamos que se tiendan puentes. Además tenemos las experiencias de lo que ocurrió en 2004 y en 2016 con el revocatorio. Es un mecanismo bastante volátil y en un contexto mucho más autoritario hoy que entonces, puede ser cancelado o manipulado por el gobierno”, dice Jiménez.

Por eso la politóloga reitera que la apuesta de la oposición en 2022 –pero con la mirada puesta en 2024– debería ser a las regiones, a los liderazgos locales y a la reconexión de los políticos con la gente: “En 2019 la estrategia del cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres apelaba a la esfera doméstica. Ahora el gobierno interino trata de ser una voz internacional de la lucha contra los autoritarismos globales sin haber resuelto el problema interno. 2022 es el año de recorrer el país, buscar puentes entre sectores democráticos y coordinar en torno a una propuesta”.

Aveledo, por su parte, sopesa los pros y los contras para finalmente invitar a la reflexión sobre si es ese realmente el camino que conducirá a la oposición a la construcción de un cambio político duradero. Resalta que es un instrumento pacífico, democrático, constitucional y electoral que además está siendo promovido principalmente por dirigentes que considera respetables políticos de oficio. Ahora bien, insta a no dejarse llevar de buenas a primeras por la oferta de que es la vía más rápida para producir el cambio.

“Uno escucha los argumentos a favor y piensa que es una ‘vía rápida’, pero cuidado: revisemos los obstáculos, las trampas colocadas por el grupo en el poder. No está el clima social nacional como para otra frustración. Y sobre todo, subrayado y en mayúsculas, hay que tener pensada la siguiente jugada. Supongamos que todo sale perfecto y sin demoras y la mayoría revoca Maduro: ¿Estaremos listos para cumplir el supuesto del 233 constitucional y tener una candidatura para la elección que deberá realizarse dentro de los 30 días consecutivos siguientes al revocatorio? Me parece que eso hay que pensarlo bien y antes”, sostiene Ramón Guillermo Aveledo.

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