Baja calidad y piezas defectuosas: la cara visible de la fallida producción de carros iraníes en Venezuela

carros iraníes

Del convenio entre Venezuela e Irán que formó a Venirauto en 2006, solo resultaron mafias en la asignación de vehículos, problemas para adquirir piezas y partes y una producción mínima de vehículos subsidiados  que solo benefició a un pequeño grupo.

Caracas. El ensamblaje de carros iraníes en el país, producto de convenios estratégicos entre Venezuela e Irán, generó más problemas y pérdidas que soluciones, tanto para el Estado como para los pocos que corrieron con la “suerte” de adquirirlos.

El mismo Ministerio de Industrias lo reconoció en su última memoria hecha pública, correspondiente a 2015. Ese año, ni el ensamblaje de vehículos y partes, ni la venta de repuestos y prestación de vehículos posventa, vieron luz.

Venirauto, empresa mixta venezolana-iraní creada en 2006, produjo tan solo 1947 unidades en el último año del cual hay información disponible, pese a que se había fijado una meta menor a la de 2014 (esperaban producir 5725, casi 3000 unidades menos que el año anterior).

La empresa enumeró tres “obstáculos” que afectaron la gestión:

  • Se demoraron los despachos de materia prima en el último semestre por problemas para pagarle al proveedor internacional (aunque aún no había sanciones).
  • Los proveedores iraníes enviaban partes y piezas defectuosas y era difícil reponerlas.
  • No todas las partes y piezas recibidas desde Irán contaban con certificados de calidad.

En el Plan Estratégico 2013-2019 de Venirauto reconocían, además, la falta de planificación en el monitoreo y manejo de materia prima, la escasa información de partes y piezas de los productos Turpial y Centauro, la baja incorporación de partes y piezas nacionales y que no había un mecanismo de transferencia tecnológica.

Los obstáculos de entonces y los de ahora

En su Memoria 2015, el Ministerio de Industrias reconoce que los retrasos en la asignación de divisas provocaron retrasos en la adquisición de materia prima y escasez de repuestos para mantener maquinarias y equipos.

Ese año, la nación notaba los efectos de la caída de los precios del petróleo y los primeros signos del deterioro de la industria, pero lo cierto es que antes de que se desplomara el mercado petrolero y Venezuela entrara en recesión, Venirauto ya registraba números rojos:

  • En 2015 solo se ensambló 34 % de lo programado, pero en 2011 fue menor (23 %) y en 2012 apenas llegó a 43 %.
  • Solo un tercio de la capacidad instalada por línea de producción de vehículo fue aprovechado en 2011. Cuatro años más tarde, la utilización era de menos de 20 %.
  • Los costos de producción aumentaron (motivado en parte a la inflación) y la productividad laboral cayó a la mitad entre 2011 y 2015 (de ocho a cuatro unidades por trabajador al año).
  • En el último año con información disponible, solo se lograron atender 19.163 solicitudes de repuestos y servicios especializados, apenas 16 % de lo programado.

La situación actual no dista mucho de la de hace siete años: el Estado sigue con recursos limitados, la producción y los ingresos petroleros están estancados y la industria apenas está recuperándose. Sumado a la precariedad de los salarios, las posibilidades de acceder a créditos son casi nulas.

¿Llegaron y llegarán a todos?

Siete años después, y con el país apenas recuperándose de una de las contracciones económicas más profundas de su historia, el gobierno de Nicolás Maduro vuelve a asomar la posibilidad de abastecer el mercado nacional con carros iraníes ensamblados por Venirauto, con partes que -aparentemente- también producirá la industria venezolana.

“¿Malo? Malo no es”, exclamaba Maduro cuando el ministro de Industrias mencionó que los carros iraníes costarían entre 12.000 y 16.000 dólares. La última memoria de Venirauto ubicaba el costo unitario de los vehículos en Bs. 321.984 (de 2015), que al entonces tipo de cambio Simadi equivalía a poco más de 1600 dólares (aunque el salario mínimo de finales de ese año apenas superaba los 9600 bolívares).

Transparencia Venezuela, sin embargo, asegura que los vehículos de bajo costo, subsidiados por el Estado, nunca pudieron ser adquiridos directamente por el ciudadano común. Desde el inicio del proyecto Venirauto, se contempló su distribución en redes de concesionarios privados, pero no pasó de allí y, en cambio, pasaron a ser vendidos de manera exclusiva por el Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada (Ipsfa).

Solo integrantes de la FAN o funcionarios públicos cercanos al poder pudieron acceder a los vehículos baratos de entonces. Así como pasaba con los carros chinos marca Chery, eran comunes las denuncias de presunta reventa de vehículos Turpial y Centauro por parte de particulares.

Fachada de Automotores Ipsfa, empresa de la FANB creada para comercializar autos Venirauto y Chery. Foto: Mayela Armas.

Solamente entre 2011 y 2014, según dijo el entonces diputado opositor a la Asamblea Nacional (AN), Rodolfo Rodríguez, más de 4000 personas fueron afectadas por presuntas mafias en la asignación de vehículos del Plan Venezuela Automotriz. Desde 2007, el Gobierno había prometido ensamblar entre 8000 y 20.000 carros iraníes al año, pero en 2014 apenas superaba las 16.000 unidades.

El actual ministro de Industrias, Hipólito Abreu, asegura que se espera la participación de empresas privadas para producir las partes y ensamblar los vehículos del nuevo convenio, pero hasta el momento no hay comentarios sobre su distribución, salvo un registro previo -controlado por el Gobierno- para solicitar la compra.

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