Las lluvias complican la vida en el refugio Fuerza y Razón en El Junquito. Un total de 441 personas, entre ellas 178 niños, permanecen desprotegidas y sin recibir inspecciones técnicas de los organismos del Estado tras los sismos de junio.

Caracas. El agua volvió a entrar bajo las carpas y el terreno cedió una vez más. A casi dos meses del evento sísmico que destruyó sus hogares, las familias del sector Fuerza y Razón en el kilómetro 4 de la parroquia El Junquito, ubicada en el oeste de Caracas, duermen con el miedo suspendido entre la lluvia, el frío y el constante temor a nuevos derrumbes, mientras las autoridades incumplen sus promesas de inspección técnica en la zona.

Las precipitaciones de la noche del lunes 17 de agosto ocasionaron el deslizamiento de un terreno cercano, lo que desató nuevamente el pánico entre quienes permanecen allí desde el desastre del 24 de junio pasado.

Darcy Fuentes vive en la zona desde hace cinco años. Tras el doblete sísmico, de magnitudes 7.2 y 7.5, que afectó las viviendas del sector, duerme bajo un toldo improvisado junto con su familia, su esposo de 53 años y su hija de 17 años.

​”Cuando hicieron la primera visita al edificio no se sabía la magnitud de las grietas. Ahora sí se sabe porque todo se moja, todo se inunda y parte del cerro se ha venido abajo. Las casas están agrietadas, las paredes están movidas y no se puede estar allá adentro”, relató Fuentes a Crónica Uno.

Deslizamiento de tierra en el refugio Fuerza y Razón en El Junquito. | Foto: Yandris Saldivia

Estado de vulnerabilidad

La parroquia El Junquito no fue la única afectada. Las fuertes precipitaciones registradas durante esa misma noche también ocasionaron el colapso parcial de una vivienda en la parroquia Antímano, además de la caída de un árbol en El Paraíso e inundación en el sector de Catia.

Lo ocurrido se suma al panorama general de la ciudad, donde las persistentes lluvias e inundaciones, un fenómeno frecuente por la falta de drenajes adecuados, amenazan constantemente a cientos de familias que duermen bajo el asfalto o en refugios provisionales.

Casi dos meses después del doble sismo de junio, considerado por expertos como el evento natural de mayor impacto en el país en dos siglos, que ha dejado hasta la fecha más de 6400 fallecidos y miles de familias damnificadas, los afectados continúan a la intemperie temiendo que el terreno siga cediendo con los próximos aguaceros.

“Ha sido fuerte porque no solamente perdimos nuestras casas, sino que quedamos aquí a la deriva, con lluvias y frío. Sobre todo las lluvias”, afirmó.

Edificio no ha sido inspeccionado por las autoridades. | Vídeo: Cortesía de Damnificados

Sin presencia de autoridades

Mariela Piña, vocera principal de la comunidad, denunció a Crónica Uno que hasta el momento ninguna institución del Estado ha realizado una inspección formal del suelo, de la edificación ni del talud, el terreno inclinado o pared del cerro que bordea la estructura, que muestra signos de socavamiento, o pérdida de sustentación por la erosión del agua.

La noche del lunes, comisiones del cuerpo de bomberos acudieron al sector. Una vez en el sitio hicieron una revisión preliminar después de las denuncias realizadas por los vecinos a través de las redes sociales.

Piña reveló que los funcionarios acordaron regresar en máximo 24 horas para continuar la revisión y ponerle etiqueta al edificio, un procedimiento oficial para evaluar el nivel de habitabilidad y riesgo de una infraestructura. Sin embargo, el equipo de Crónica Uno confirmó que las autoridades no volvieron en el plazo prometido.

“Aquí vivimos 130 familias y tenemos 178 niños, niñas y adolescentes.  De esos niños algunos tienen discapacidad motora o una condición. Las lluvias no han golpeado bastante. Las carpas se mojan, a pesar de que son impermeables, y se nos han mojado los colchones”, contó Piña. 

130 familias siguen sin respuesta del Estado.| Foto: Yandris Saldivia

La vocera explicó que la exigencia de los vecinos a los organismos públicos es principalmente un estudio del suelo tras el desprendimiento de tierra. También piden una evaluación estructural directa, vivienda por vivienda, dentro del edificio.

Aunque no se dispone de un informe geotécnico formal ni de un análisis especializado sobre la firmeza del terreno elaborado por la Alcaldía o Protección Civil, la observación empírica del socavamiento en el talud evidencia que el riesgo latente de deslizamientos masivos es cada vez mayor. De ahí el temor de los afectados.

​”Les exigimos que nos hagan una inspección de suelo, primero y principal, y evaluarnos uno por uno dentro del edificio. Ayer vimos como se moja todo por dentro desde el piso dos hacia arriba hay muchos daños así no podemos regresar»,

señaló Piña.
Foto: Yandris Saldivia

Una rutina en carpas y sin ayudas

Las autoridades prevén que las lluvias continuarán con igual intensidad. El pronóstico abarca al menos hasta el 23 de agosto, por el paso de la onda tropical número 38.

De acuerdo con la información emitida por el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología, el sistema de la onda tropical 38, un fenómeno meteorológico que genera inestabilidad atmosférica y precipitaciones intensas, mantendrá condiciones de nubosidad y descargas eléctricas.

La rutina dentro del campamento se complejiza para quienes tienen familiares dependientes. El esposo de Darcy tiene una discapacidad motora por una fractura en la pierna izquierda. Por este motivo lleva seis años con una prótesis rota, por lo que requiere muletas para desplazarse.

​”Yo tengo que salir a trabajar, dejar todo aquí con él y mi hija. No es fácil estar en un campamento. Hay personas que no están acostumbradas a convivir así y nos toca adaptarnos”, dijo.

Damnificados siguen a la espera de inspección técnica . | Foto: Yandris Saldivia

Fuentes señaló que los insumos recibidos hasta la fecha han llegado por iniciativa de particulares y empresas privadas. Estos les han donado ropa, alimentos y han organizado actividades para los niños quienes muchas veces no pueden dormir por el temor a réplicas.

Este patrón de asistencia comunitaria y apoyo privado se ha repetido en distintas comunidades vulnerables de Caracas, ante la ausencia prolongada de asistencia social institucional.

Agregó que ni la alcaldía ni el gobierno han ido al refugio a decirles qué necesitan o en qué nos pueden ayudar. “Si no fuera por la gente de afuera, no tendríamos la comida ni la ropa que nos han traído”.

Ante el pronóstico meteorológico sobre la continuidad de las precipitaciones por la onda tropical 38, el refugio Fuerza y Razón afronta una ventana de tiempo crítica. Las 130 familias exigen una solución definitiva urgente antes de que las lluvias provoquen un colapso definitivo en el terreno.

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