11 adolescentes, provenientes de las parroquias Caraballeda, Tanaguarena y Catia La Mar plasmaron su sentido de arraigo, pertenencia e identidad cultural en la exhibición de fotografía Postales de La Guaira, a tres meses del doble terremoto.
Caracas. Entre el cemento y el asfalto una pequeña planta se abre camino. Esa fotografía en blanco y negro es para Kevin Nava el mejor retrato del litoral donde creció. Cree que la imagen representa el espíritu de los guaireños: la capacidad de florecer sin importar qué tan duras sean las circunstancias.
“A pesar del entorno en el que estemos o de lo que haya pasado, siempre florecemos y prevalecemos. Eso es algo que el guaireño tiene desde que nace, afirmó el joven para explicar la fotografía analógica que tomó con una cámara desechable”, dijo el joven, de 14 años de edad.
Kevin formó parte del grupo de 11 adolescentes, de entre 13 y 18 años, provenientes de las parroquias Caraballeda, Tanaguarena y Catia La Mar, que presentó la exposición Postales de La Guaira. La muestra reunió 12 fotos en las cuales los sobrevivientes plasmaron su sentido de arraigo, pertenencia e identidad cultural.

Entre el 21 de agosto y el 11 de septiembre los estudiantes acudieron a las aulas de la Unidad Educativa Simón Bolívar de Fe y Alegría, en Caraballeda. Allí aprendieron el uso de la cámara, el contraste y los encuadres, además de adquirir técnica fotográfica, el espacio les permitió canalizar el trauma provocado por los temblores, tejer nuevos lazos de amistad y descubrir vocaciones.
Este 24 de septiembre se cumplen tres meses del doblete sísmico que afectó a siete estados de Venezuela, entre ellos La Guaira, donde se registraron mayores daños. Según las cifras oficiales hubo 6509 fallecidos.

La Unicef estima que cerca de 3,9 millones de niños, niñas y adolescentes residen en las zonas declaradas en emergencia o con impacto estructural. Por su parte, más de 86.000 estudiantes debieron ser reubicados en otros centros educativos para el inicio del año escolar debido al colapso o daño en la infraestructura escolar.
Mirar el futuro con esperanza
Susej Ibáñez, de 14 años, enfocó su propuesta fotográfica en los colores del cielo costero de La Guaira.
“A pesar de lo que pasó tenemos una Guaira hermosa. En unos años, cuando me gradúe y tenga un trabajo, quisiera verla más bonita, cuando haya salido adelante. A otros jóvenes les diría que vean las partes buenas de todo lo malo, porque de las cosas que parecen duras seguimos aprendiendo”.

Por su parte, Eyberth Díaz, de 16 años, destacó el valor del contraste y la memoria visual. “Las fotografías son momentos que se guardan en el tiempo para recordar y rememorar las vivencias. Yo quisiera que La Guaira fuera la misma que yo recuerdo cuando estaba chiquito, siempre linda. Con este taller aprendí que hasta en los momentos difíciles hay rayos de esperanza. Siempre algo o alguien te cambia y te alegra la vida. Quiero seguir tomando fotos, terminar mis estudios de aduana y luego formar una familia”.
Los adolescentes expresaron su deseo de cumplir metas a corto y largo plazo. Sueñan con ser fotógrafos, abogados, aduaneros, formar sus propias familias y convertirse en agentes de cambio en sus sectores.

Al hablar sobre la situación de La Guaira tras los terremotos, ofrecieron propuestas para impulsar el turismo, sembrar árboles y recuperar las áreas verdes del estado.
Historias congeladas en rollo
La iniciativa con los adolescentes surgió del Proyecto Expresan, un programa impulsado por la organización Cecodap desde 2024, en alianza con la Fundación La Salle, la Universidad Monteávila y la Unión Europea. La propuesta en La Guaira se fortaleció gracias a la donación de cámaras de rollo por parte del fotógrafo Ernesto Costante, quien asumió el rol de facilitador.
Indira Rojas, periodista y coordinadora de la Agencia PANA del equipo de Cecodap, explicó que el propósito central fue reforzar el sentido de pertenencia en la juventud venezolana en medio de un contexto de adversidad.
“Partimos de la pregunta de cómo podemos reforzar la identidad cuando todo parece perdido y cómo hacerlo desde la propia voz de los muchachos. El resultado superó todas las expectativas”.

Las fotografías se tomaron con cámaras analógicas plásticas desechables. Los adolescentes no pudieron ver el resultado de sus encuadres sino hasta el momento del revelado, lo que transformó el proceso en una experiencia de paciencia y descubrimiento.
Vanessa Moreno Losada, coordinadora de comunicaciones e investigadora de Cecodap, resaltó la importancia de abrir canales directos para la libre expresión infantil y juvenil. “Buscamos aportar a la sociedad no solo desde el servicio informativo tradicional, sino al darle valor a la opinión y participación de los niños, niñas y adolescentes como verdaderos protagonistas de sus comunidades”.

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