Foto: José Díaz

La urbanización del municipio Chacao se llenó de voluntarios con hachas, picos y palas. También ciudadanos que llegaron a donar refrigerios, cascos y guantes de construcción, para las labores de rescate, tras los dos terremotos del miércoles pasado.

Caracas. Luego de más de 24 horas bajo toneladas de escombros, una mujer grita con fuerza: “Sáquenme de aquí”. Está atrapada dentro del concreto del edificio Obelisco, una de las estructuras que colapsó en su totalidad, en la zona de Los Palos Grandes, municipio Chacao, al norte de la Gran Caracas.

Ese grito se escuchó a eso de las 7:20 p. m. de este jueves 25 de junio, justo cuando las maquinarias detuvieron sus labores para, precisamente, oír el rastro de las víctimas. De inmediato, los funcionarios y la red de voluntarios aceleraron el retiro de escombros para dar con la persona quien, hasta el cierre de esta nota, aún no había sido rescatada.

Mientras eso ocurría en ese punto, en el edificio Don Pepe de Bello Campo, a las 8:21 p. m., lograron salvar a otra mujer con vida, quien fue trasladada de inmediato a un centro de salud.

Hasta las 6:00 p. m., de acuerdo con las declaraciones ofrecidas por el alcalde de Chacao, Gustavo Duque, 26 personas habían sido rescatadas con vida de los escombros, mientras que 12 fueron encontradas sin signos vitales.

Desesperación en las calles

En las redes sociales, y en los grupos comunitarios de WhatsApp, las listas de personas reportadas como desaparecidas son largas. En las calles del municipio las familias también esperan respuestas. Durante todo el día aguantaron bajo el sol, sentadas en las aceras de los alrededores de las torres derrumbadas, disimulando el dolor y la angustia con la esperanza de encontrar a sus familiares y amigos.

En la zona se mezclan los afectados por el doble terremoto, de magnitudes 7.2 y 7.5 que azotó a gran parte del país al final de la tarde del 24 de junio, con los curiosos que toman fotos sin cesar de los edificios agrietados, fracturados y con pisos desprovistos de paredes o balcones. Hasta el momento no hay un balance oficial de las residencias que fueron desocupadas, pero la magnitud del daño es evidente a la vista de los transeúntes.

Foto: José Díaz

El comisario Luis Gonzalo, director de Polichacao, confirmó en declaraciones desde el sitio la noche del 24 de junio que había más de 90 estructuras con afectaciones, una cifra que aún no ha sido actualizada.

Por su parte, el alcalde Duque informó en horas de la tarde que, en coordinación con la Gobernación de Miranda, iniciarían una inspección técnica para conocer con exactitud las consecuencias del sismo y definir cuáles edificaciones son habitables.

Aclaró que si solo hay paredes, pisos y ventanas quebradas, los habitantes podrán regresar. Pero si hay vigas o columnas estructurales comprometidas, el ingreso estará prohibido. Asimismo, adelantó que buscan opciones para resguardar a las familias que pernoctan en las plazas, bajo la posibilidad de trasladarlas a hoteles para garantizar su seguridad.

Solidaridad ante la emergencia

Y mientras la urbanización se llena de voluntarios que llegan con hachas, picos y palas, entre la multitud que se aglomera se abre paso la maquinaria pesada: camiones de volteo, grúas y retroexcavadoras. Al sitio también llega la ciudadanía a donar refrigerios, cascos y guantes de construcción.

Paralelamente se organizan centros de acopio en las plazas Altamira y Los Palos Grandes, en la Esfera de Soto y en el Parque del Este. En este último, la gente también se resguarda de las continuas réplicas; se les ve con niños y niñas, carpas, almohadas, sillas y provisiones. En los sectores norte y sur de la plaza Altamira, decenas de familias pasan la noche a la intemperie.

Aunque la cifra total de damnificados aún se desconoce en el municipio, los reportes preliminares ya registran al menos 300 heridos y la pérdida total de cuatro estructuras emblemáticas: los edificios Petunia, Belmont, Obelisco y Don Pepe.

Qué debería pasar ahora

Ante una catástrofe de esta magnitud, la gestión de la emergencia no es un acto de caridad, sino una obligación soberana basada en los derechos humanos. Los estándares internacionales dictan que el Estado y las autoridades locales deben garantizar de manera prioritaria e inmediata:

  • El derecho a la Vida y a la integridad física: esto implica agotar todos los recursos disponibles en la búsqueda y salvamento de sobrevivientes, sin discriminación alguna, garantizando atención médica de emergencia gratuita y oportuna para los heridos.
  • El derecho a la información clara y oportuna: las autoridades tienen el deber de ofrecer balances oficiales centralizados, transparentes y actualizados sobre fallecidos, heridos y personas desaparecidas para mitigar la angustia de los familiares y frenar la desinformación.
  • Vivienda digna y refugio seguro: el traslado de las familias que pernoctan en espacios públicos debe hacerse bajo condiciones que respeten su dignidad, privacidad y seguridad, asegurando acceso a agua potable, saneamiento y alimentación. El desalojo de estructuras de riesgo debe ser preventivo y acompañado de alternativas de reubicación viables a mediano y largo plazo, prestando especial atención a grupos vulnerables como niños, niñas, mujeres y adultos mayores.

Los afectados además mostraron preocupación por los bienes que dejan en los apartamentos evacuados y por los comercios que fueron afectados. En horas de la tarde se observó a una persona poniendo paredes provisionales a un dormitorio que quedó a la vista de todos. Pero, la mayoría de los edificios solo tienen la protección permanente de sus habitantes quienes hacen rondas para evitar hurtos.  

Garantizar seguridad, transparencia y apoyo psicosocial en las próximas horas será la verdadera medida del compromiso institucional con los derechos fundamentales de una ciudadanía que, en cuestión de segundos, lo perdió todo.

Foto: José Díaz

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