Las historias se repiten en personas con diferentes oficios. Plomeros, mecánicos, electricistas, también se han visto afectados porque dependen directamente de los ingresos que generen a diario para vivir en medio de una economía inflacionaria y se enfrentan a una paralización laboral producto de la cuarentena decretada para hacerle frente al COVID-19.

Caracas. Llegar al centro comercial El Valle, reunirse con sus compañeros, esperar que abran la peluquería. Dejar su bolso, arreglar su espacio de trabajo. Atender a una clienta, lavarle el cabello, secarlo, plancharlo y despedirse. Así transcurrían todos los días de Diana Pereira para poder mantener a sus dos hijas, Fabiana y Tatiana*. 

La peluquería en la que trabaja Diana acató el decreto de cuarentena social y colectiva que entró en vigencia en Caracas, y otros seis estados del país, a las 5:00 a. m. del lunes 16 de marzo. Ese día no abrió, ese día no fue a trabajar. Como método de protección, prefirió no salir de su casa a menos que fuera para comprar artículos de primera necesidad y se ha ido bandeando con el pago de algunas clientas militares que le dieron comida en vez de dinero.

En estos días me he estado administrando bastante. Preparo muchos granos y de merienda para las niñas siempre les hago chicha de arroz o pasta, contó.

Aparte de la comida, Diana tiene otra obligación que le preocupa: el pago del alquiler de su casa. Mensualmente debe darle 50 dólares al arrendador, pero no sabe cuándo volverá a trabajar para generar tal ingreso. Aunque Maduro suspendió el pago de los alquileres, aquí nadie cree en nadie, lamentó. 

La medida de suspensión de alquileres de viviendas y comercios por seis meses fue decretada por Nicolás Maduro el domingo 22 de marzo y ratificada por el vicepresidente sectorial para la Economía, Tareck El Aissami, como parte de un paquete de medidas económicas que emplearía su gabinete para enfrentar la COVID-19.

Quedan terminantemente prohibidos los desalojos forzosos. Vamos a convocar en las próximas horas una reunión de trabajo con las distintas cámaras inmobiliarias para que también construyamos una política de acuerdos a esos sectores, expresó El Aissami desde el Palacio de Miraflores.

Diana no tiene tanto tiempo para esperar por reuniones o acuerdos, debe pagar. Trató de hablar con el arrendador y la respuesta que recibió es que debe hacer un sacrificio para conseguir el dinero. Me dijo que me entiende, pero que necesita su dinero, explicó con gran preocupación. 

Sus compañeros de trabajo están en la misma situación. Algunos asumieron el riesgo de afeitar a domicilio porque tienen niños pequeños y necesitan hacer dinero del modo que sea. A uno de ellos lo agarró las FAES por Catia cuando estaba trabajando. El peligro está latente en las calles, pero él tiene un bebé pequeño que alimentar, agregó. 

Se cuestiona cuánto tiempo puede aguantar sin generar ingresos. Una clienta le preguntó si podía ir a arreglarse en su casa y sigue pensando si prestar ese servicio porque considera que «tiene un enemigo que no puede ver« y es el coronavirus

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi) reflejó que la tasa de ocupados en el sector informal pasó de 30,6% en el año 2014 a 37,5 en 2017, seguido por la pertenencia al sector público con un 32,6% y un 22,6% al sector privado. Igualmente, la consultora Datos realizó una investigación entre el 9 y 27 de enero de 2020 que reflejó que 47 de cada 100 venezolanos trabajan por cuenta propia.

Fabiana y Tatiana* son nombres ficticios a petición de su madre. 

Foto: Luis Morillo

Al este del municipio Libertador, Marili Ruiz mantiene el criterio de «producir para comer«. Desde hace más de 10 años se ha dedicado al estilismo, y hoy en día, trabaja para un salón de belleza en el centro comercial El Recreo. Mientras más clientes atienda, más dinero puede hacer en un día. En una semana buena puede generar hasta 1,5 millones de bolívares y con eso compra comida para su casa, que comparte con su hija y su esposo. 

Si no produces, no cobras y si no generas dinero entonces cómo comes en la cuarentena, sentenció.

En la cuarentena está sobreviviendo con lo que le queda en su congelador, que, según dijo, solo le aguantará una semana más y en los últimos días ha estado pensando cómo reinventarse. Será que llame a mis clientas para ver si las puedo atender en su casa y me expondré de contagiarme al salir a la calle. No puedo hacer más nada, sostuvo. 

El último reporte de inflación en Venezuela realizado por la Asamblea Nacional señaló que enero de 2020 comenzó con una inflación de 65,4% , el doble de diciembre 2019. Los rubros que sufrieron más variaciones fueron: salud (117,3%), transporte (115,5%), alimentos y bebidas no alcohólicas (91,8%).

Foto: Luis Morillo
“Venían fechas buenas para mí”

Jenny Blanco es costurera y se dedica a la confección de trajes de baño, el principal sustento económico de su casa. La temporada de Semana Santa siempre le cae como anillo al dedo para aumentar las ventas, pero en esta oportunidad ocurrió todo lo contrario.

Las personas no se van a dar el lujo de gastar en un traje de baño si están encerradas en sus casas, no lo pueden usar y seguramente necesitan el dinero para otra cosa. Desde que comenzó la cuarentena dejé de percibir mis ingresos en su totalidad.

Un traje de baño no es un artículo de primera necesidad, pero es la fuente de ingreso económico de una familia. En su casa son cinco personas. El último mercado lo hizo luego de que Nicolás Maduro anunciara los primeros casos contagiados de COVID-19 en el país, e incluso, por un momento se cuestionó si se gastaba los ahorros en comida o esperaba un poco más. En vista de que se estaba alargando la cuarentena prefirió salir a comprar y espera que le dure al menos un mes. 

A veces hay quienes no creen que mantengo mi casa porque se trata solo de trajes de baño, pero es mi negocio familiar. Actualmente, Jenny no dispone de ninguna ayudante, solo su esposo. Voy a publicar los modelos en las redes sociales para ver si alguna clienta me hace un pedido para prepararse cuando termine la cuarentena, añadió entre risas. 

Aunque ha visto que hay costureras que se están dedicando a fabricar mascarillas, Jenny considera que eso sería aprovecharse de la situación.Si lo llegara a hacer sería para regalarlos, afirmó. 

La misma situación, o quizás un poco peor, la vive una señora que limpia en casa de Jenny. Por la cuarentena no ha podido ir a hacerle mantenimiento y están preocupados porque es una persona de escasos recursos.La semana pasada le deposité el día aunque no vino, la cuestión es que ya no se lo puedo volver a depositar porque tampoco tengo con qué, manifestó. 

En abril de 2019, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectó una tasa de desempleo de 47,9% para Venezuela, mientras que en ese año el indicador se ubicaba en 44,3%. Sin embargo, esa cifra no fue pronosticada tomando en cuenta una pandemia que pone a diversos sectores económicos en pausa y puede llevar a los trabajadores a perder sus empleos.

Ahora, con este nuevo escenario del COVID-19, la directora del FMI, Kristalina Georgieva, aseguró que las perspectivas del crecimiento mundial para 2020 son negativas. «Se prevé como mínimo una recesión tan aguda como la crisis financiera mundial», aseguró.

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Foto: Luis Morillo

Estas historias se repiten en personas con diferentes oficios. Plomeros, mecánicos, electricistas, también se han visto afectados. Luis Romero, de 72 años, visitó durante la cuarentena una casa para destapar una cañería y ese fue el único trabajo para el que lo han llamado en casi semana y media.

Yo prefiero salir si es un trabajito cerca de mi casa, si no, prefiero dejarlo así para no estar saliendo mucho, comentó. La mascarilla que se pone es la única que tiene, así que le ha dado varios usos. 

Su esposa recibe sueldo mínimo y él no tiene sueldo fijo.Gracias a Dios y nuestro comandante Maduro nos está dando los bonos porque con eso nos alivia un poco, aseguró Luis. Sin embargo, hasta la fecha no ha cobrado ningún monto por la Plataforma Patria y dijo que está pendiente.

Nicolás Maduro inició entre el 20 y el 29 de marzo la entrega de los llamados «bonos de disciplina y solidaridad« de 350.000 bolívares como una medida de «apoyo« a la población en medio de la cuarentena.

La OMS registra más de 400.000 contagiados en el mundo. En Venezuela, la cifra oficial hasta el 30 de marzo apuntó a 143 casos positivos con tres fallecidos. Además, Nicolás Maduro aceptó que ya hay casos «comunitarios» o que se contagiaron por contacto en el territorio nacional.


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