Julia, Catherine y Fernando nunca pudieron hacerse la prueba PCR porque no consiguieron un centro de salud público que tomara la muestra y les daba miedo que los aislaran en un hotel sanitario. Además, en un laboratorio privado, tiene un costo de 80 dólares y no podían pagarla. En cambio, Mayerlin pudo hacerse el test molecular, pero jamás recibió los resultados.

Caracas. La pérdida del gusto y el olfato fue el factor diferenciador entre una gripe común y COVID-19, que puso en alerta a Julia* y Catherine*. Lo primero que hicieron fue llamar a una conocida que es doctora para ver cómo las podía ayudar. La especialista les dijo que, lo más probable, es que sí se habían contagiado del virus y les recomendó hacerse una placa de tórax y unos exámenes de sangre. Desde ahí sabían que tenían que quedarse encerradas en casa. 

Julia llamó al seguro médico que tiene gracias a su trabajo. Le hicieron una teleconsulta, le enviaron un informe y órdenes de exámenes al correo electrónico. En cambio, Catherine no tenía seguro, sino que se iba guiando con la atención que recibía su pareja y con los comentarios de la doctora conocida.

Lo primero que pensaron fue en hacerse la prueba para confirmar o descartar si tenían COVID-19, pero no tenían ni idea dónde las hacen. Supieron por un primo que vive con ellas que en un Centro de Diagnóstico Integral (CDI) por El Paraíso solo estaban haciendo el test rápido.

—Se les avisa de una vez que las personas que den positivo se van a quedar para ser recluidos en algún centro de salud o en un hotel para que estén en aislamiento —avisó un trabajador en la puerta del CDI cuando fueron a averiguar.

Julia y Catherine se asustaron. Prefirieron aislarse en la habitación de su casa. Para caminar por los pasillos se ponían el tapabocas y desinfectaban todo por donde pasaban.

La orden de aislar en hoteles sanitarios a los pacientes con COVID-19 la retomó el mandatario Nicolás Maduro en su discurso a partir del anuncio de nuevos casos comunitarios con la cepa P.1 y P.2 en Caracas, Miranda, La Guaira y Bolívar. Estos espacios, que estuvieron ocupados entre marzo y septiembre de 2020, se devolvieron a sus dueños a partir de octubre de ese año por una aparente disminución de los infectados y para que el sector trabajara durante la flexibilización ampliada de diciembre.

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Ahora, la medida se echó para atrás y nuevamente están mandando a ocupar a los hoteles.

Cuando los médicos les confirmaron que los exámenes apuntaban a una infección respiratoria, Julia comenzó a sentir mucha ansiedad. Lloraba todos los días porque tenía miedo a empeorar. Decidieron comprar un oxímetro para estarse midiendo con bastante frecuencia la saturación de oxígeno y pasarle reportes a los especialistas que las tenían vigiladas.

La idea de hacerse la PCR quedó en el olvido. Por el sector público, solo les ofrecían el test rápido con aislamiento y, por el sector privado, una prueba molecular cuesta al menos 80 dólares.

No estábamos dispuestas a gastar 160 dólares por algo de lo que prácticamente ya teníamos la certeza, sostuvo Julia.

En el último boletín sobre el estado epidemiológico de la COVID-19 en Venezuela publicado por la Academia Nacional de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, se hace mención que para el 7 de enero de 2021 hubo un promedio de 17 pruebas por 1000 habitantes en el país, una cobertura muy por debajo de la reportada en otros países de la región, como Chile en donde procesan 472 test por 1000 habitantes o en Colombia que está por encima de 218 test por 1000 habitantes, según información que registra la plataforma Our World in Data, de la Universidad de Oxford.

COVID-19 | curva en alza
Foto: Gleybert Asencio

Aún desde casa, el tratamiento es costoso. Julia y Catherine gastaron un aproximado de 26 dólares entre las placas de tórax y exámenes de sangre. Además, fue engorroso porque en el centro de salud al que fueron no tenían para dar vuelto y tuvieron que cambiar unos dólares en ese instante para pagar una parte con bolívares. Todo mientras se sentían mal.

Además, el examen de sangre de Julia tardó varios días en llegar y cuando la doctora lo revisó, tenía las plaquetas bajas y la hemoglobina alta. La mandaron a repetir el examen y tuvo que gastar otros cinco dólares.

En la noche tomábamos guarapos calientes por recomendación de la doctora y un médico homeópata que nos sugirió sobre todo el limón, contó Julia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido muy clara en afirmar que aunque algunas soluciones de la medicina occidental, tradicional o “remedios caseros” puedan resultar reconfortantes y aliviar síntomas leves de la COVID-19, hasta ahora ninguno de estos “tratamientos” han demostrado prevenir o curar la enfermedad, por lo que no lo recomiendan y resaltan la importancia del acompañamiento médico.

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Julia y Catherine se cuidaron mucho de no comentar por el grupo de WhatsApp del edificio que estaban contagiadas. Solo les avisaron a sus vecinos de piso porque se habían visto días atrás y les compraron vitaminas para regalárselas. De resto, prefirieron mantener el secreto para evitar que fueran señaladas.

Nuestros vecinos cercanos estaban muy pendientes de nosotras y nos mandaban maticas para los guarapos y algo de acetaminofén, agregó Julia.

COVID-19
Foto: Archivo / Tairy Gamboa
El ajetreo

Fernando* comenzó a sentir dolor de garganta el miércoles de 10 de marzo y el sábado 13 de marzo se quedó ronco y tenía mucha tos. Comenzó a llamar al seguro el lunes siguiente, a eso de las 9:00 a. m. buscando atención médica telefónica. Al mediodía fue que pudo hablar con alguien que lo orientara.

Le dijeron que se hiciera una placa de tórax y que la única manera de que le reembolsaran el dinero de la PCR era que arrojara un positivo. Así que fue hasta el CDI en El Calvario, ubicado en el municipio El Hatillo, y le dijeron que solo hacen la prueba rápida y si da positivo entonces citan a la persona para hacerle la PCR. Se fue de ahí y descartó hacerse el test.

Tuvo varios problemas con la atención médica a distancia porque no lo llamaban para hacerle seguimiento. Se volvió a comunicar y le dijeron que los médicos trabajan en guardias de 24 horas y no siempre atiende el mismo. El miércoles de esa semana mandó los exámenes que debieron ver el lunes y le dijeron que siguiera aislado porque tenía una infección respiratoria y que debía cuidarse mucho por ser una persona asmática.

El reposo lo cumplió a medias. Aunque estaba en su casa, tuvo que salir a hacerse los exámenes, a ver dónde le hacían la prueba y a buscar medicamentos, porque algunos no consiguió a través del delivery de una farmacia reconocida en el país.

El tratamiento que siguió se lo garantizó el seguro con 10 cápsulas de desloratadina y 10 de acetaminofén. Tuvo que comprar otras medicinas adicionales en las que gastó un poco más de 40 dólares.

Es estresante tratarte en casa. Todo tienes que hacerlo tú o tus familiares y es un riesgo, resaltó Fernando.

La internista e infectóloga de la Policlínica La Arboleda, Patricia Valenzuela, explicó en una entrevista para Crónica.Uno que algunos pacientes están llegando a la unidad de COVID-19 en condiciones de salud un poco comprometidas porque tienen entre 10 y 12 días de la enfermedad activa, en su mayoría, porque cumplen indicaciones de los seguros médicos o incluso por referencia de conocidos que recomiendan antibióticos, que no están aprobados para tratar una infección viral como el coronavirus.

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La especialista agregó que esto le quita la posibilidad al personal de salud de aplicar tratamientos que deberían suministrarse en los primeros ocho días de la enfermedad.

De acuerdo con la información que dijo la vicepresidenta Delcy Rodríguez el 15 de marzo, en el país había 6951 casos activos: 96 % estaban en centros de salud públicos, mientras que 4 % en clínicas privadas. Sin embargo, señaló que 20 % de los pacientes de Caracas y 60 % de Miranda permanecen en sus casas. Se desconoce información adicional a estos porcentajes. 

COVID-19

La situación es similar en San Cristóbal

Mayerlin Villanueva regresó a su casa luego de trabajar y se sentía muy cansada. Se lo atribuyó a que ese día estuvo muy ocupada. A eso de las 10:00 p. m. comenzó a sentir una gripe que no era normal. A la medianoche le dolía todo el cuerpo como si hubiera salido a trotar. Y, al día siguiente, estaba mareada. De inmediato le escribió a un amigo que es doctor.

Cuando perdió el gusto y el olfato fue hasta el Hospital Central de San Cristóbal, en el estado Táchira, y pudo hacerse una PCR. Han pasado tres meses desde ese día y no ha recibido los resultados.

Una de las secuelas que más resalta es la ansiedad. Ahora, Mayerlin ha extremado los cuidados porque le da terror volver a contagiarse con la nueva cepa que, según evidencia científica levantada en Brasil, puede volver a afectar personas que ya pasaron por la enfermedad. Lo que yo viví no se lo recomiendo a nadie”, sentenció.

En el último reporte de la administración de Nicolás Maduro, este 18 de marzo, informaron 631 nuevos casos y ocho personas fallecidas por COVID-19. El Distrito Capital encabeza la lista de contagios con 263 positivos, seguido de los estados Miranda (164), Aragua (65) y Bolívar (45). Con este balance, Venezuela contabiliza 1467 decesos y 148.208 casos de COVID-19.

* Julia, Catherine y Fernando son nombres ficticios para proteger su identidad.


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