La carretera hacia El Junquito, en Caracas, acumula una década de denuncias vecinales por su deterioro. Ante la falta de soluciones oficiales y los daños que dejaron los sismos de junio, los propios vecinos rellenan los huecos para evitar que la vía termine por dejarlos incomunicados.

Caracas. Cansados de esperar por el asfaltado oficial, los vecinos de El Junquito han tenido que tomar las palas para salvar su única vía de acceso. Tras el abandono de trabajos de tuberías y los daños causados por los recientes sismos, la comunidad rellena con tierra y escombros las grietas de la carretera para evitar que la erosión termine de cortar el paso vehicular hacia Caracas.

A medida que residentes y visitantes ascienden por las curvas hacia las colinas de El Junquito, una parroquia ubicada en las zonas altas del oeste de la ciudad, el panorama es el mismo desde hace años: vías en mal estado, el asfalto reducido por trabajos inconclusos, botes de aguas servidas, ausencia de iluminación y falta de señalizaciones preventivas.

Los botes de agua son constantes en la vialidad y el deterioro acumulado ha obligado a restringir canales en algunos tramos. La gran mayoría de los habitantes trabaja o estudia en Caracas, por lo que la reducción de los canales obliga a los conductores a pasar más de 40 minutos en cola durante las horas pico, tanto para subir como para bajar de la parroquia que alberga a miles de familias.

A los retrasos en el tránsito se suma el impacto económico para quienes tienen vehículo propio. Marcos Rivas, habitante del kilómetro 12 que se traslada a diario hacia Plaza Venezuela, describió la rutina como un desgaste continuo.

“Vivir esto todos los días es agotador. Uno sale de madrugada y no sabe a qué hora va a llegar. Mantener un carro en estas condiciones es una pérdida de dinero constante; el tren delantero no dura nada, los amortiguadores se revientan en esos cráteres y la reparación cuesta bastante. Quienes dependen del transporte público sufren igual, porque el gasto en pasajes es alto”, dijo Rivas a Crónica Uno.

Foto: Crónica Uno

Riesgo, neblina y penumbra

El problema no es reciente. Desde hace una década, los vecinos han denunciado las fallas continuas en los servicios básicos. En especial se han quejado de las interrupciones en el suministro de agua por tubería, lo que obliga a las familias a pagar por cisternas.

A este colapso se sumaron los daños causados por el doble sismo registrado en el país el 24 de junio pasado. El evento telúrico ocasionó colapsos y desprendimientos parciales en el borde de las carreteras, deslizamientos de tierra en laderas inestables y afectaciones estructurales en varias viviendas cercanas.

En los tramos donde se abrieron las zanjas a raíz de los terremotos no hay conos, señalizaciones ni defensas que adviertan a los conductores sobre los trabajos en la carretera. Al caer la tarde, la falta de alumbrado público deja la vía a oscuras debido a que los postes no funcionan. Esta situación empeora con la neblina habitual, que resta visibilidad a los choferes.

Andrés, vecino del kilómetro 8 desde hace más de 15 años, afirmó que los reclamos de la comunidad son ignorados de forma recurrente por las autoridades.

“No es la primera vez que se denuncia esto. Vivimos a oscuras y esquivando huecos. Manejar de noche por aquí es peligroso porque no hay luz ni avisos que te indiquen. Se han entregado cartas, los vecinos han protestado y se ha advertido el riesgo, pero nadie responde”.

Foto: Crónica Uno.

Reparaciones a medio hacer

Desde finales de abril, la Alcaldía de Caracas ejecuta trabajos de sustitución de tuberías de aguas servidas en la carretera principal. Las labores abarcan el tramo que va desde el sector San Rafael hasta la Universidad Nacional Experimental Politécnica Antonio José de Sucre (Unexpo), una casa de estudios superiores de la zona.

Aunque las autoridades anunciaron en redes sociales el cierre total de la vía del 19 al 21 de junio para finalizar la obra, los trabajos no concluyeron. El 25 de agosto se aplicó una nueva restricción de tránsito nocturna. Sin embargo, las cuadrillas solo taparon una alcantarilla.

Ante el hundimiento del asfalto, fueron los propios vecinos quienes rellenaron los huecos y hundimiento con tierra y escombros para evitar que se socavara aún más y así restablecer el paso vehicular.

“Es una falta de respeto con la comunidad. Tuvimos que salir nosotros mismos a echar tierra y piedras con palas para que los carros pudieran pasar. Rompen la calle, dejan el tierrero y se van. Nadie nos dice cuándo van a asfaltar de verdad ni quién responde por esto”, reclamó una vecina del sector San Rafael.

Foto: Crónica Uno.

Anuncios contra la realidad

A través de su cuenta oficial en Instagram, la Alcaldía de Caracas informó sobre el inicio de la construcción de una pantalla atirantada, un muro de contención reforzado con cables de acero fijados al terreno para evitar derrumbes, en el kilómetro 1 como parte del plan de prevención de riesgos por lluvias y movimientos del terreno.

Según la publicación, las labores buscan estabilizar los cerros para frenar los derrumbes y el socavamiento, y reducir el riesgo de nuevos deslizamientos de tierra en este punto. Hasta esta publicación, ninguna autoridad ha precisado detalles sobre el presupuesto y la fecha de entrega definitiva.

Para los habitantes de El Junquito, los anuncios en las cuentas oficiales del Estado no reflejan la realidad de la vialidad. Vecinos coincidieron en que las cuadrillas suelen presentarse tras las quejas en redes sociales. Pero las intervenciones se detienen al poco tiempo sin culminar las obras.

“Vemos las publicaciones en redes con las maquinarias y los anuncios, pero la realidad en la calle es otra. Vienen cuando la gente empieza a quejarse, se toman las fotos, remueven un poco de tierra y se van. Vivimos con el temor de que la carretera se termine de venir abajo en cualquier momento”,

expresó Luis Parra, vecino de la parroquia.

El riesgo de quedar completamente aislada forma parte de la vida cotidiana de la comunidad de El Junquito. Las promesas de las autoridades en redes sociales chocan con el deterioro de una carretera clave para la zona. Ante la falta de respuestas oficiales, los vecinos mantendrán las palas en la mano para defender su derecho a transitar.

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