Chamos empiezan a empinar el codo desde los 9 años

Desde tempranito los niños tienen contacto con el alcohol y principalmente es porque los papás se lo dan, sin saber que cometen rolo de error

Yohana Marra/@yohanamarra

Caracas. El ejemplo comienza por casa y a veces no es el más indicado aunque los padres crean que se la están comiendo. Por eso desde tempranito los chamos podrían dar sus primeros pasos para convertirse en alcohólicos y es posible que no se estén dando cuenta.

Entre los nueve y 11 años los niños empiezan a empinar el codo, de acuerdo con el profesor Hernán Matute, coordinador general de la Cátedra Libre Antidrogas. Este promedio bajó porque unos años atrás el rango era a los 17 años.

“Ir a un colegio y encontrarlos echándose palos es normal. Se inventó un trago que le dicen Power Ranger que usan bastante en las escuelas, una mezcla de varias cosas”, explicó.

El foco de este rollo comienza en casa cuando los papás cometen el error de darle un vaso con bebidas alcohólicas, prefiriendo que lo hagan en su cara, pues se refuerza la conducta negativa ya que fue de la mano de una imagen de respeto. “Por eso es que vemos a muchachos siempre con vasos en las manos y es porque su papá se lo dio”.

También le transmiten la normalidad de tomar por cualquier pretexto y la cultura que ellos ven es que la caña es una bebida más en el hogar, sobre todo si hay tristezas, alegrías, cumpleaños, muertes, o reencuentros familiares.

“El alcohol comienza por el efecto del modelaje negativo. Los padres les piden a los hijos que les compren las bebidas o les destapen las cervezas. Incluso se los llevan a los estadios y ellos andan con vasos de cervezas, igual que el papá”, sostuvo.

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Lo alarmante del asunto es que de acuerdo con las investigaciones del profesor Matute el promedio de edades de niños que toman caña puede disminuir cada vez más, si no se toman cartas en el asunto como campañas preventivas por parte del Gobierno y el más importante: que los padres no consuman enfrente de ellos ni mucho menos los involucren con el alcohol.

Recordó una charla que dio hace cinco años, en una escuela de La Vega, en la cual niños de ocho años levantaron la mano cuando él preguntó si le habían dado un chupito al menos en una oportunidad. Fue aumentando la frecuencia de consumo hasta que 14 alumnos admitieron probarlo por quinta vez.

“Después cambié la pregunta a si habían sentido sueño, felicidad, violencia, que son algunas las reacciones del alcohol, y esos últimos 14 levantaron la mano; es decir se sintieron mareados”, dijo con asombro.

Se remata en la escuela

Según Matute, lo aprendido en casa es llevado a los colegios y es clave que los maestros sepan cómo actuar si les llega un muchachito borracho. “Lo importante es que el profesor diga cuáles son las consecuencias de tomar alcohol y no exponga al alumno a burlas”.

Resaltó que en los planteles cometen el error de permitirles a los muchachos que organicen actividades y vendan licor, pues deben ser escenarios de educación y actividades culturales y recreativas.


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