La zuliana de 18 años asistió junto a su madre a la gala de los premios “The Best”, donde quedó tercera en la categoría al mejor gol de 2016.

Caracas. Cristiano Ronaldo, Marcelo, Tony Kroos, Ronaldo y hasta Diego Armando Maradona. Los astros del balón se dieron cita en Zúrich para asistir a la primera edición de “The Best”, el premio creado por la FIFA que reconoce a los mejores futbolistas de la temporada.

Entre esa constelación de estrellas estuvo la venezolana Daniuska Rodríguez, quien obtuvo la nominación final para la categoría al mejor gol de 2016, en la que finalmente terminó tercera. Rodríguez viajó el sábado a suelo suizo acompañada por su madre y al final de la ceremonia le mandó un mensaje de agradecimiento al país.

“Triste pero hay que ir hacia adelante, me hubiese gustado ganar el premio para mi país, y habrá muchos momentos como este, sé que no será el único”, dijo Rodríguez en la alfombra roja al comentarista Alex Candal. Posteriormente, la mediocampista agradeció el apoyo recibido, que la llevó a ser tomada en cuenta por su gol ante Colombia en el Suramericano femenino Sub 17.

“No se dio la oportunidad de llevar el premio a casa pero sí gané algo muy grande y fue todo su apoyo y cariño. Gracias Venezuela, estoy muy orgullosa de ser venezolana”, escribió la zuliana —criada en Carabobo— de 18 años en su cuenta de Instagram.

Superó los obstáculos

La nominación de Rodríguez al premio Puskás supone un gran triunfo a la constancia y a la superación. La joven disputó el Mundial Sub 17 Costa Rica 2014, salió campeona en los dos últimos suramericanos y solo una lesión en la rodilla derecha la sacó de la Copa del Mundo de Jordania el año pasado, en la que la Vinotinto llegó a semifinales.

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Su golazo ante Colombia en el Suramericano de Barquisimeto la proyectó, aunque en dicho torneo anotó cinco dianas más. Esa destacada actuación le sirvió para driblar las malas condiciones en las que vivía junto a su familia.

Rodríguez creció en un espacio de 9×3 con nueve personas más en una modestísima vivienda en el barrio Brisas del Terminal de Valencia. Cerca de allí dio sus primeros pasos en la cancha Aquiles Nazoa, donde jugaba futbolito con sus amigos. En su casa organizaban torneos de bolas criollas y vendían cerveza para hacer posible su participación en distintos torneos.

En marzo del año pasado, el gobernador de Carabobo, Francisco Ameliach, le otorgó un apartamento de tres habitaciones y dos baños, aunque aún visita el sector popular donde de niña soñaba codearse con lo más granado del fútbol mundial, tal como lo hizo esta semana.

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