Al mes, la Fundación Arcoiris recibe ocho o nueve casos de nuevos portadores del virus. La incidencia no se detiene en la región. Sin embargo, José Espinoza, vicepresidente del organismo, no se amilana con la tarea de educar y prevenir. Han creado alianzas con otras organizaciones.

Caracas. El VIH-Sida es visto como una condena a muerte y más si no hay antirretrovirales que mantengan a raya el virus.

Desde hace dos años es intermitente la entrega de estos fármacos, según José Espinoza, vicepresidente de la Fundación Arcoiris por la Vida, que funciona en Cúa, Los Valles del Tuy.

Estas fallas en el suministro además de generar angustias en la población afectada, provocan la expansión de la epidemia. Si una persona positiva al VIH no se toma los antirretrovirales, su carga viral aumenta y es más factible que sea foco de contagio.

Las instancias superiores no tienen una política preventiva al respecto, de modo que el trabajo recayó sobre las fundaciones, las organizaciones no gubernamentales y el voluntariado.

Arcoiris desde hace ocho años anda en esa labor, que —durante estos últimos años— ha reforzado, principalmente por la vulnerabilidad de la ciudadanía.

Según Espinoza, amas de casa, embarazadas y muchachas entre los 14 y 25 años figuran entre los casos reportados más recientemente.

A fuerza de voluntariado

José Espinoza, abogado de profesión, contó que la idea de fundar Arcoiris fue de José Toro, voluntario de una organización que se llamaba Futuro, Acción y Vida, la cual incluso tenía un proyecto con los waraos.

El presidente para ese entonces murió a manos del hampa. Toro quedó herido en ese evento y mientras estaba en el hospital muchas personas le sugirieron que siguiera con la labor, que no decayera. No obstante, él no podía asumir el cargo de presidente y fue en ese momento cuando empezó a darle sentido a lo que hoy es Arcoiris.

Espinoza puso a disposición su cibercafé, que tenía en Cúa. En ese espacio organizaron y armaron toda la parte legal y administrativa, registraron todo el concepto del proyecto y salieron al ruedo con campañas preventivas en las licorerías. En esos espacios daban pequeñas charlas, repartían condones yponían lazos rojos, símbolo del VIH-Sida.

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El material lo conseguían a través de donativos. Luego se inscribieron en el Programa Nacional de Sida del Ministerio para la Salud. Allí entregaron su proyecto y durante algún tiempo recibían bultos de preservativos.

Fueron a las escuelas, hospitales y a las empresas con las charlas. El programa comenzó a fallar, pero ellos siguieron con su trabajo en las calles. Capacitaron y formaron un equipo multidisciplinario para brindar atención.

En su camino crearon alianzas con otras organizaciones. Así fueron hablando del VIH-Sida en muchos espacios. Ahora apoyan con la entrega de medicamentos, que reciben gracias a la organización Aid for Aids con sede en Los Teques. También con Accis, Amivida-Zulia y Acción Solidaria emprenden campañas preventivas.

Lo más reciente es que están capacitando a 25 jóvenes —portadores del virus, miembros de la comunidad sexodiverso y gente de bajos recursos— gracias a un proyecto que se llama Emprende, dictado por el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA).

Espinoza indicó que cada curso cuesta 70 dólares, dinero que paga la Comunidad Europea. Dentro de tres semanas sale certificada esta primera cohorte de emprendedores. Luego, Arcoiris los ayudará a registrar su emprendimiento y durante un año les hará seguimiento, de manera gratuita.

Lo que busca la fundación es que la gente se empodere de su patología. Tener VIH-Sida causa mucha discriminación y por eso es necesario el apoyo moral, psicológico y médico. Cuando nos llega un nuevo caso, los acompañamos en su duelo, lo llevamos al hospital, hacemos que tengan los tratamientos, buscamos los fondos para los exámenes, señaló.

Actualmente, brindan apoyo a 51 personas del Área Metropolitana y Los Valles del Tuy.

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Van a los liceos de la zona a dictar charlas.

En Venezuela no se maneja la cultura de usar el condón, que es el método de barrera, pero gracias a la toma de retrovirales las personas que tienen la condición cuando es indetectable no transmiten. Si no están sometidos a los tratamientos, se eleva la carga viral y por cualquier vía sexual se propaga el virus. Por eso es que cada vez hay más casos, sostuvo Espinoza.

El número telefónico de Arcoiris suena ahora más que nunca. Y lo que le asombra es que son muchas personas pidiendo apoyo, información, orientación.

De los 11.000 registros de infecciones, en Miranda se ven de 8 a nueve casos cada mes, “por eso nuestra tarea de sensibilizar y visibilizar la enfermedad”.

Hoy en día, la escuela José Leonardo Chirinos —que está a 100 metros de la fundación— les facilitó un salón para que dicten con más frecuencia los talleres.

De las aulas también van a las calles con caminatas de concienciación y con jornadas de protestas, como las que han hecho ante el Ministerio de Salud, en la Vicepresidencia, o en las puertas de la Organización Panamericana de la Salud.

Este 1° de diciembre se conmemora el Día Mundial de la lucha contra el Sida y es propicia la ocasión para elevar la voz de protesta ante la impuesta escasez de antirretrovirales. No hay cifras oficiales, pero las estadísticas manejadas por las organizaciones que defienden el derecho a la salud dan cuenta de más de 70.000 pacientes afectados.

Por tal motivo, este espacio de Gente Buena es tribuna para quienes hacen un trabajo de hormiguitas y velan por el derecho a la salud sexual y reproductiva de la población.

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Fotos: cortesía Fundación Arcoiris por la Vida

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