La institución azul y amarilla se impuso en el torneo invitacional de clubes en categoría micro que se celebró en la cancha Festival 67 donde hace vida desde 1993.

Caracas. El torneo invitacional de clubes categoría micro marcó prácticamente el cierre del año para la Escuela de Baloncesto José Antonio Rodríguez (JAR), institución que hace vida en la parroquia Coche y que en este 2018 celebró 33 años de fundada.

El evento que se disputó hasta el pasado domingo coronó campeón en semillita a la academia que viste de azul y amarillo y que ofició de local en la cancha festival 67 donde opera desde 1993 tras iniciar actividades el 29 de mayo de 1985 en el parque Madariaga del populoso sector caraqueño.

Estamos orgullosos de todos los integrantes de nuestra escuela JAR porque son muchachos que con mucho esfuerzo y trabajo tratan de elevar su nivel de juego, comenta el entrenador José Antonio Prieto, conocido como Jim, un profesor de Educación Física del Pedagógico de Caracas con más de 30 años en la formación integral de niños y jóvenes a través de la práctica del baloncesto.

Por el club pasó el más reciente NBA criollo, Greivis Vásquez, quien es nativo de Coche y suele impartir clínicas e inclusive hacer donativos en la JAR, a su juicio “una de las escuelas de baloncesto más importantes de la capital” y que “le recuerda sus raíces”. Vásquez estuvo el año pasado en la escuelita en ocasión del inicio de las remodelaciones de la instalación.

La JAR trabaja con pequeños basquetbolistas desde la edad de 5 años y entre los valores que se leen en la publicación oficial de la institución —iniciativa que surgió este año— destacan la igualdad y la educación. “El atleta puede ser de clase baja, media o alta pero será tratado de igual manera por el director técnico y ayudantes del recinto. Eso sí, la educación es un factor muy importante que deben tener en cuenta los alumnos. Ser grandes jugadores y mejores profesionales es la meta de la institución”, señala la revista digital.

Con pocos aportes económicos de parte de las autoridades, la escuela depende en buena medida del apoyo de los representantes y de algunos patrocinantes. También suele hacer rifas y recibir donativos para poder mantener las actividades, sin impedir que los niños que no puedan pagar la inscripción o la mensualidad respectiva continúen lanzando al canasto.

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