Los jugadores de los equipos de Caracas se exponen a lesiones y se las ingenian para sacar adelante los partidos en el pésimo césped del recinto.


Caracas. Un primer golpe del mediocampista del Atlético Venezuela, Johnny Mirabal, hizo que le vendaran la cabeza a un costado del maltrecho terreno del estadio Brígido Iriarte de Caracas. Unos minutos después, el mediocampista del cuadro tricolor tuvo el infortunio de chocar con el defensor del Aragua FC Carlos Salazar, lo que le produjo un corte en una ceja que le impidió seguir jugando.

Las pésimas condiciones del césped obligan a los futbolistas a anticiparse al rebote irregular de la pelota que a menudo pareciera tener un conejo adentro por la inesperada dirección que suele tomar partido a partido. Esa urgencia por “adivinar” el pique para adueñarse del balón propicia choques en el único de los dos escenarios principales de la capital donde se juega fútbol profesional.

“En esta cancha se juega mucho a lo físico, ya que está muy mala. No tiene las condiciones adecuadas para jugar al fútbol y se tiran muchos pelotazos”, lamenta el propio Mirabal, quien salió “barato”, pues las lesiones que suelen producirse en terrenos en tan mal estado amenazan tobillos y rodillas, además de producir alergias por la polvareda que se levanta.

“Hay que ver cuándo va a picar la pelota y estar muy atento en todas las jugadas. La idea es reaccionar lo más rápido posible, antes que el contrario para poder sacar ventaja en el rebote”, explica el volante sobre las “fórmulas” para intentar jugar en el Brígido, cuyas zonas más deterioradas son el círculo central y las dos áreas chicas, que muestran baches, huecos y muchas áreas sin grama.

La peor cancha de la máxima categoría

El impresentable rectángulo de juego del coso de El Paraíso lo convierte en el escenario con peores condiciones para la práctica del fútbol entre las que sirven de asiento para las 18 oncenas de la Primera División venezolana.

Sin embargo, el cierre del estadio Olímpico de la Universidad Central de Venezuela (UCV) por presentar un deterioro similar mantiene a Atlético Venezuela, Metropolitanos, Estudiantes de Caracas y Libertador FC atados a usar la instalación que administra el Instituto Nacional de Deportes (IND). Caracas FC y Deportivo La Guaira, las otras dos oncenas que hacen vida en la capital, optaron por oficiar de locales en Cocodrilos Sport Park y en el José Antonio Anzoátegui de Puerto La Cruz, respectivamente.

“Cuesta mucho jugar en el Brígido. Los partidos son muy trabados”, admite el volante de contención del Aragua FC, Diego Guerrero, quien jugó dos temporadas en el Atlético y sabe de la poca regularidad en el cuido del recinto, que recibió un “cariñito” el año pasado en ocasión de la Copa Sudamericana.

Al menos en teoría, para el segundo semestre del año el estadio inaugurado en 1983 debería estar aliviado en cuanto al sobreuso al que es sometido en la actualidad y que impide su óptimo mantenimiento con la reapertura del Olímpico. El parque de Los Chaguaramos está en reparaciones y ya se le removió el césped para sembrar uno nuevo.

Foto: Cortesía



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