En el Pérez Carreño, el Clínico, El Algodonal y en Los Magallanes hubo protestas espontáneas por diversos motivos: falta de insumos, agresiones, fallas con la luz y la presencia de los colectivos.

Caracas. La crisis presupuestaria y de insumos tiene a los hospitales de Caracas al borde del colapso. Este martes se desarrollaron protestas espontáneas y por diferentes motivos en el hospital Clínico Universitario de Caracas (HCU), en el José Ignacio Baldo —conocido como El Algodonal—, en Los Magallanes de Catia y en el Miguel Pérez Carreño.

Los más afectados por toda la situación son los pacientes, quienes se ven expuestos a una atención precaria: son ruleteados y en muchos de los casos no hay materiales médicos para curarlos. Si llegan con una apendicitis o un parto en condiciones críticas los remiten a otro centro.

Este lunes en la pizarra donde los médicos del HCU anotan las intervenciones quirúrgicas se leía: “Restringidas todas las emergencias porque no hay sutura intestinal, sutura obstétrica, soluciones y RX”.

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Un aviso contundente de los médicos.

“Lamentablemente, referimos a los enfermos a otros centros porque es un riesgo enorme para nosotros. Hacemos lo humanamente posible, pero ya esto se nos escapa. No hay ni siquiera los implementos básicos como guantes, jeringas y tapabocas”, dijo uno de los doctores que optó por resguardar su identidad.

El HCU recibe una partida adicional cada mes, a diferencia de otros centros como Los Magallanes de Catia o la Maternidad Concepción Palacios, dijo Pablo Zambrano, presidente de la Federación Venezolana de los Trabajadores de la Salud (Fetrasalud), al tiempo que denunció que hay una constante agresión contra los trabajadores.

Señaló que la administración tiene una deuda desde el 2013 que está amparada en la contratación: “¿Pero qué hace la directiva? Firmó un convenio con el sindicato adepto y ahora pagará un bono de Bs. 10.000 a esos trabajadores, cuando lo adeudado supera los Bs. 50.000”.

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A eso se suma las malas condiciones hospitalarias, los ascensores dañados e incluso la deficiencia nutricional. Trascendió que a los pacientes les están dando gelatina líquida y avena, y ya no les sirven un menú basado en los requerimientos dietéticos para cada patología.

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Ese es el combo del menú que les llevan a los pacientes.

Los materiales escasean al punto de que los médicos y enfermeras improvisan guantes y tapabocas.

HCU
Los trabajadores se las ingenian para hacer guantes, batas y tapabocas.

Colectivos en El Algodonal 

Pero mientras en el Clínico la tensión agarraba fuerzas por los pasillos, los trabajadores de El Algodonal no la estaban pasando mejor. En este puesto asistencial hay deficiencias de todo tipo: el tomógrafo está dañado desde hace siete años, al igual que el mamógrafo; de cuatro salas de pabellón solo funciona dos; la terapia del hospital Simón Bolívar no tiene aire comprimido para los ventiladores mecánicos. La máquina portátil de RX está obsoleta; los marcos de las puertas son todas de madera, lo cual trae como consecuencia proliferación de hongos en las habitaciones, y hay paredes con las baldosas hasta la mitad.

Pero la gota que derramó el vaso fue ayer cuando llegaron los colectivos, denunció el presidente de Fetrasalud.

Hospital El Algodonal- Foto Cheché Diaz -34
Los trabajadores se molestaron por la presencia de personas armadas.

“Eso generó molestias en la masa laboral, pues estas personas llegaron armadas. Lo que se filtró de la dirección es que los colectivos iban a sembrar alimentos en las áreas verdes. Se hizo la denuncia respectiva a la Dirección de Salud y nos dijeron que en horas de la tarde esas personas no estarían dentro del hospital. No entendemos cómo pasan estas cosas si El Algodonal está dentro de un pulmón vegetal que además es Parque Nacional”, cuestionó.

“Sin luz” en el Pérez Carreño 

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Y quienes protestaban en el Pérez Carreño, ubicado hacia el oeste de la ciudad, eran los pacientes. Josefina Cabezas llegó a eso de las 6:30 a.m. al hospital. Cada seis meses lleva a su papá —que sufre una discapacidad— a la cita con el endocrino. Pero este martes ni el madrugonazo que se echaron les garantizó la asistencia oportuna.

“Cuando llegué estaba la puerta cerrada. Había mucha gente afuera y lo único que nos dijeron unos vigilantes era que se había dañado una planta generadora de electricidad. Pero lo más curioso es que desde el estacionamiento veíamos bombillos encendidos. Hubo gente que comentó que se está haciendo frecuente esta situación. Las personas llegan y de repente están suspendidos los servicios por problemas con la luz. Yo lo viví, fue este martes, pero siento que hubo mucho maltrato de parte del personal de vigilancia”, criticó.

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En el Pérez Carreño se limitó la entrada.

Fue a las 8:30 am cuando la presión de los usuarios logró que se permitiera el acceso al edificio. “Había gente en sillas de ruedas, en muletas, viejitos y pacientes crónicos. Muchos se fueron debido a la espera”, relató Cabezas.

A mitad de mañana, Carlos Rotondaro, presidente del Instituto Venezolano de Los Seguros Sociales desmintió las quejas.

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Asambleas en Los Magallanes

También en el José Gregorio Hernández de Los Magallanes ocurrieron protestas internas. El personal de la institución manifestó que la situación de este nosocomio es insostenible: no hay soluciones 099 ni alcohol. Y se atienden exclusivamente las emergencias, siempre y cuando no sea una parturienta que requiera terapia neonatal para su bebé.

Hospital Dr Jose Gregorio Hernandez - Los Magallanes de Catia
En Los Magallanes hay espacios cerrados desde hace años por remodelación.

La gravedad del asunto es tal que el próximo martes realizarán una asamblea con las sociedades de médicos de los 14 hospitales caraqueños junto con los gremios de enfermeras, empleados e incluso con los diputados de la Asamblea Nacional —de todas las toldas políticas—, para exigir soluciones inmediatas como establece la Constitución, y no solo exponer la crisis hospitalaria. “La gente se está muriendo en los hospitales y eso no puede seguir pasando”, acotó Pablo Zambrano.

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Fotos: Angeliana Escalona/Cheché Díaz



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