Un residente no gana más de 1,5 millones de bolívares, eso si hace guardias nocturnas. Se enfrenta a la violencia que invade sus salas de emergencia, al acoso de los directores que quieren silenciar la crisis y a la escasez de insumos y medicinas. En medio de esa crisis, llegan al 10 de marzo, fecha en que deberían estar honrando con orgullo la profesión que procura la vida.   

Caracas. En algunos casos, la crisis de salud incluso doblega la vocación de salvar vidas, de devolver la salud a los enfermos, y hace que algunos médicos quieran servir en otras latitudes, lejos de su país de origen.

Es el caso de Andrés Jiménez, un joven recién egresado como médico general de la Universidad Central de Venezuela, quien se debate entre quedarse en Venezuela o marcharse para salvar vidas.

Con 23 años de edad y una carrera aún por explorar, Jiménez confesó que prefiere irse del país para formarse. Me iré a España, donde optaré por un posgrado en Cardiología. Si me quedo, corro el riesgo de perder la capacidad de asombro que te da un oficio que está hecho para salvar vidas.

Jiménez, quien tiene boleto para junio, señaló que no admite la palabra derrota en su vocabulario. Sin embargo, piensa que no se justifica que, trabajando en un hospital, no se pueda socorrer a los pacientes con lo básico, “porque no hay guantes, adrenalina o sutura. Esta crisis no tiene precedentes en el país”, comenta.

La falla de insumos, que se agudiza conforme el Gobierno niega la crisis, cobra ventaja. El desabastecimiento de medicinas y material médico quirúrgico se hace profuso en los más de 241 hospitales generales y especializados que hay en el país.

Más de 97 % de los laboratorios está en cierre técnico por escasez de reactivo según, Federación de Colegios de Bioanalistas de Venezuela.

Más de la mitad de los quirófanos venezolanos están inoperativos y solo uno de cada 10 hospitales dispone de Rayos X, destaca la última Encuesta Nacional de Hospitales.

Se trata de una lectura de país que ha entrado en una fase todavía más crítica con el desabastecimiento que resuellan los hospitales.

La escasez de insumos y material quirúrgico no solo compromete la atención clínica, también pone en riesgo la formación académica de los médicos.

De 132 posgrados y especialidades, en 35 disciplinas, que tiene la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, la mitad de los cursos está en riesgo por la crisis que asedia a las 24 instituciones de salud que son sedes de los programas universitarios en el Área Metropolitana, según la dirección de posgrado de la Facultad de Medicina de la UCV.

Un hospital que le toma el pulso a la crisis es el José Ignacio Baldó, en El Algodonal, una institución que agrupa a tres centros especializados, cuyos médicos se declaran sin recursos. En un reciente informe sobre la coyuntura sanitaria en El Algodonal, la Sociedad de Médicos de esa institución informó que carecen de relajantes musculares para hacer intervenciones quirúrgicas. Tampoco disponen de gasas, compresas ni vendas.

No hay antibióticos, sueros, inyectadoras y medicamentos de emergencia como la Hidrocortisona, advierte Marietta Rea, de la Sociedad Médica.

A ello se suma el éxodo de pediatras, anestesiólogos y neumonólogos que han abandonado el país para asegurarse una vida holgada, apartada de la crisis que los acorrala.

La Federación Venezolana de Médicos da cuenta de un éxodo cercano a los 22.000 médicos en la década reciente. Hay otra cifra de 42.300 profesionales fuera del sistema, que es la manejada por las facultades, de acuerdo con la información del doctor Jaime Lorenzo, médico cirujano, especialista en Salud Pública y vocero de la organización Médicos Unidos por la Salud.

Decir cualquier cifra ya es alarmante. Nuestros muchachos residentes, la generación de relevo, se está yendo a otras latitudes e incluso están en otros oficios. Hay países que les piden muchos papeles, les hacen muchas pruebas. Es muy duro por lo que pasan. Se van porque aquí no pueden sino sobrevivir.

Un médico residente no gana más de 1,5 millones bolívares, si hace guardias nocturnas, cobra eso. Si está haciendo un rural solo percibe salario básico.

En Caracas, se pueden movilizar en Metro. Aún así, con ese sueldo no les da la talla para comer, pagar transporte y comprar ropa. Mucho menos para seguir especializándose.

Otro factor importante que influye en la deserción es la violencia a la que el personal médico está sometido en sus puestos de trabajo. Lorenzo dijo que tiempo atrás los templos y los hospitales eran santuarios. Sitios que hoy en día no son respetados.

Además de que trabajan en condiciones infrahumanas, esta generación de médicos se enfrenta a todo. Le estamos pidiendo a esos muchachos que se formen en unos hospitales donde los puñalean, como sucedió recientemente en Barcelona o como ha ocurrido en el Clínico Universitario de Caracas, donde los delincuentes se han caído a tiros para efectuar rescates.

Igual se exponen a la violencia política de los directores de hospitales, quienes los atacan a fin de silenciar las denuncias por falta de insumos.

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El médico sostuvo que los residentes muchas veces improvisan para atender a un paciente. Esa es la situación actual, una crisis total que los está empujando a irse. Ahora también se van las enfermeras en cambote.

Frente a ello, Cristina de Cámara, médico que acaba de salir al ruedo hospitalario, también pone sus esperanzas en España, el país europeo donde el Ministerio de Sanidad ha sido receptivo ante la fuga de profesionales de la salud. Más de la mitad de mi promoción ha emigrado o tiene planes de hacerlo, refirió.

Entre los países escogidos para ejercer la profesión destacan Chile, Ecuador, Perú y Argentina, donde tienen posibilidad de revalidar su licencia.

Foto: Francisco Bruzco



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