Existen otros riesgos como la contaminación de la madera por químicos o materiales de construcción cercanos, presencia de alacranes o animales peligrosos y componentes que, al exponerlos a altas temperaturas, podrían incluso hacer que explote la madera.

Caracas. La falta de gas doméstico en las comunidades más remotas y los continuos apagones que ocurren desde marzo a escala nacional han propiciado el uso de la leña para cocinar o calentar comida. Pese a que esta práctica no es nueva, el aumento de la misma y la tala y quema indiscriminadas podrían acarrear consecuencias considerables en el ambiente.

Según datos recopilados en una encuesta hecha por el Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos (OVSP), 58 % de los consultados afirmó no recibir gas en sus comunidades, lo que los ha obligado a migrar a otros sectores para adquirir bombonas u optar por la leña como último recurso.

Esta práctica, pese a que no ha podido ser evaluada cuantitativamente, “está sucediendo a escala nacional”, según señaló Alejandro Álvarez, biólogo y coordinador de la ONG Clima 21 Ambiente y Derechos Humanos. Álvarez hace hincapié en el aumento del uso de leña para cocinar en las zonas populares, especialmente en aquellas ubicadas en pendientes.

El biólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) menciona que muchas de estas zonas cuentan con bosques cercanos, por lo que —al deforestarlos— “se deja el suelo desnudo y las pendientes pierden la capacidad de sostener”.

Una de las características de los bosques es que las raíces de los árboles hacen una especie de malla que hace que el suelo quede mucho más firme. Si quitas los árboles, ante altas precipitaciones, la posibilidad de derrumbes y deslaves es mayor, menciona Álvarez.

El riesgo de inundaciones, por su parte, incrementa debido a que son los árboles los que absorben el agua de las lluvias y la mantienen por lo que al eliminarlos del agua, el flujo se escurre por la pendiente y arrasa con todo a su paso.

Álvarez dice que la tala de árboles para producir leña no es una actividad reciente, pero que su aumento y práctica indiscriminada pueden producir a largo plazo un deterioro general en el ecosistema, puesto que son recursos naturales que requieren tiempo para ser renovados.

“La venta de leña se convirtió en negocio, y se está convirtiendo en una práctica muy destructiva”, advierte.

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El uso de leña para cocinar —que hasta hace unos años se llevaba a cabo ocasionalmente o en comunidades lejanas y de difícil acceso— se ha vuelto evidente incluso en urbes como Caracas y Maracaibo. Según el OVSP, 73 % de la población depende de bombonas para hacer uso de gas doméstico para cocinar, mientras que 5 de cada 10 venezolanos sufre apagones de luz todos los días.

“Es lógico que, para atender sus necesidades, las personas tengan que buscar combustible de otra forma”, menciona José Matute, biólogo y supervisor de mantenimiento de parques del Instituto Nacional de Parques (Inparques).

Matute señala que ante la inexistencia de otra alternativa “la gente empieza a utilizar madera que cae naturalmente. Una vez que esta se agota, empieza a cortar árboles”. El biólogo advierte que la práctica descontrolada de la tala de árboles “puede afectar zonas vírgenes, retroceder la recuperación de otras y favorecer la proliferación de incendios en zonas secas.

Es testigo de cómo hay comunidades remotas, con baja densidad de población, que llevan a cabo jornadas de reposición y repoblación de árboles y tratan de mantener un equilibrio entre lo que consumen y lo que siembran. Sin embargo, niega que sea una solución viable a grandes escalas pues “la tasa de crecimiento de los árboles es muy lenta”.

«El Estado debe cumplir con la regularización de los servicios públicos para que así se preserve la naturaleza y los parques nacionales. Es necesario que los gobiernos [nacional, estadal y municipal] busquen alternativas para solucionar y evitar esta práctica, exclama.

El uso de leña con fines domésticos no solo es perjudicial para el ambiente, sino para el organismo humano. Además de los problemas respiratorios que puede generar, no todos los árboles son aptos para tal fin.

Cuando la persona no conoce muy bien la madera que recolecta, no debería usarla. Hay árboles que son tóxicos, como el manzanillo, que tiene componentes en la corteza que son altamente alergógenos, advierte.

Asímismo, existen otros riesgos como la contaminación de la madera por químicos o materiales de construcción cercanos, presencia de alacranes o animales peligrosos y componentes que, al exponerlos a altas temperaturas, podrían incluso hacer que explote la madera.


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