Lo que sí hay en La Vega es mucha tensión. La gente sale en la mañana a buscar lo básico, aprovechan que los comercios están abiertos y que funcionan las rutas troncales para resolver el día a día. Ya a las 3:00 p. m. las calles van quedando desoladas. La gente huye además al virus de la desinformación.

Caracas. Tres fallecidos producto de la COVID-19 en un mes, más varios casos, unos confirmados positivos y otros sospechosos. Eso es lo que saben los habitantes de la parroquia La Vega, quienes ahora, además de la amenaza de la pandemia, se sienten asediados por el virus de la desinformación, principalmente de la que emana de las fuente oficiales. Los residentes señalaron que desconocen la magnitud de los contagios y las medidas que se están tomando.

Desde este lunes 22 de junio, la parroquia, que tiene una población de más de 200.000 personas, está cercada. Nadie sale, nadie entra. Eso es lo que refieren los vecinos. 

Al parecer, la información que circuló fue que desinfectarían algunas comunidades donde hay presuntos contagios, todos en la parte baja de la parroquia.

Los sectores que han sido señalados son:

  1. San Miguel Arcángel, donde se detectó un caso y fue trasladado al CDI centinela en El Limón, carretera vieja Caracas-La Guaira.
  2. Tamacum que pertenece al Eje 3, donde se ubicó a una trabajadora de la salud enferma; la comunidad Pedro José Yovera, en la cual hay cinco personas una de ellas de 13 años de edad a las que se les practicaron pruebas y fueron trasladadas a un hotel de la avenida Urdaneta.
  3. La zona Renacer El Milagro, donde igualmente había seis sospechosos, una de ellos una señora de 78 años que falleció, según dijeron los responsables de calle.
  4. La Libertad del Carmen, comunidad en la cual detectaron con síntomas a dos personas, una de ellas es un niño de dos años de edad.

Estos casos están divulgados en los grupos de Whatsapp, en los cuales han incluso publicado los nombres de los afectados y de los líderes de calle. Estas cadenas ruedan libremente entre gente de otras comunidades. 

No obstante, los mismos vecinos no saben cómo responder ante la amenaza del virus de la desinformación en sus propias calles, pues dicen que hasta las noticias divulgadas por los Clap les resulta «dudosa».

“Por la actuación de esos grupos hay mucha gente que ya no les cree, no tienen mucho respaldo y por eso aquí hay esa incomodidad. Uno no sabe si hay esos contagios o son los que ellos están tomando como resultado de los test rápidos que están haciendo”, dijo José Jaimes, residente de Los Cangilones, precisamente donde este 24 de junio se hizo saneamiento sanitario, «pero con tinte político».

Nadie entra, nadie sale

El revuelo comenzó este lunes 22 de junio, cuando amanecieron cerrados los tres accesos principales, tanto para peatones como para conductores, por la sospecha de más casos positivos. 

Desde el kilómetro 5 de la carretera Panamericana no se puede acceder hacia la llamada carretera negra que conecta con el sector Las Casitas. Pero tampoco se puede entrar o salir por la redoma La India o por la calle La Hoyada. Solo los que tienen el salvoconducto y los motorizados pueden cruzar el piquete.

“Intenté pasar por La India a eso de las 8:00 a. m. y no pude. Hay que tener obligatoriamente el salvoconducto. Luego de tantas vuelta pude hacerlo caminando por la calle del liceo Pedro Fonte. Esperemos que levanten esta cuarentena radical para el próximo lunes porque está bastante difícil, para los que vivimos aquí”, dijo Nelson Vivas.

Hay quienes salen antes de las 6:00 a. m. o retornan pasadas las 7:00 p. m. para obviar el cerco policial. Internamente, todo fluye con aparente normalidad y es  “porque no hay una directriz comunicacional de parte de los consejos comunales, ellos han perdido mucho el liderazgo. Yo no tengo conocimiento de algún caso, solo he oído los de Tamacum. Pero en la parte alta, la gente anda como si nada, hacen hasta fiesta”, comentó Algimiro Díaz, del sector Las Madres.

Cotejando con el gobierno

La señora de 78 años que murió coincide con los datos reportados el 19 de junio, cuando en su balance diario voceros del Gobierno hablaron de la muerte de una mujer de 78 años de edad, vecina de La Vega. Tenía hipertensión y cardiopatía isquémica. Presentó fiebre, dificultad respiratoria y dolor en el tórax que en principio se le atribuyó a su condición cardíaca. Acudió al Hospital Militar de Caracas el 13 de junio y allí dio positivo en la prueba rápida. Fue referida al Hospital Universitario de Caracas, pero ingresó a terapia intensiva dos días después. Falleció por un paro el 18 de junio.

Otro caso fue anunciado el 24 de junio, cuando las autoridades en cadena nacional informaron de la muerte de un señor de 68 años, igual de la parroquia, que tenía antecedentes de hipertensión. Presentó una falla multiorgánica.

Y hace un mes, el 25 de mayo, hablaron del deceso de un señor de 65 años, que habría sido contagiado por un familiar que volvió de Colombia y regresó a La Vega, estuvo hospitalizado y se complicó con neumonía. El hombre era hipertenso y padecía de diabetes. Murió en el hospital Jesús Yerena de Lídice, esos fueron los únicos datos oficiales.

Lo que sí hay en La Vega es mucha tensión por el virus de la desinformación. La gente sale en la mañana a buscar lo básico, aprovechan que los comercios están abiertos y que funcionan las rutas troncales para resolver el día a día. Ya a las 3:00 p. m. las calles van quedando desoladas.

Los vecinos de las partes altas comentaron que no hay limpiezas masivas ni jornadas sanitarias y que más bien lo que echan en falta en toda la parroquia es el agua. Después de 18 días secos se la enviaron por cuatro horas una vez a la semana, denunciaron los habitantes de la parte alta, de los bloques y Las Casitas.

Ana Fernández, líder comunitaria, destacó que no están haciendo las jornadas sanitarias y que tampoco están llevando la comida a las casas de los pacientes crónicos. «En el bloque se pagó un transporte para ir a otra comunidad a retirar la bolsa. Aquí no están dando medicamentos, en mi caso, que soy insulinadependiente, cada vez que voy al CDI me dicen que no hay nada. Un doctor cubano pasó por los bloques y medio preguntó de lejito si teníamos síntomas. Aquí estamos solos sin ayuda, no somos felices, encerrados, sin comida y sin servicios públicos».

Fernández se quejó además de que, en medio de la pandemia y con el virus de la desinformación colmando los grupos de Whastsapp, las fallas en la telefonía dependiente de Cantv y los bajones de luz son el pan nuestro de cada día, sin contar el abuso desmedido del cobro del pasaje del transporte público, que para subir o bajar de las partes altas, hasta el parque Juan Cuchara, están cobrando entre 15.000 y 25.000 bolívares.

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