Esli Carrullo es padre de dos pequeños a quienes tiene que llevar consigo a recorrer la ciudad a bordo de un autobús, por no tener con quién dejarlos. Contó que la madre de los niños los abandonó hace más de un año y aseguró que el amor por sus hijos es lo que lo motiva.

Maracaibo. Los usuarios de la ruta Buena Vista-Centro se alarman cada vez que se montan en el bus rojo. Muchos se quedan mirando con preocupación el cuadro que vive Esli Carrullo, chofer de la unidad colectiva. Mientras él maneja, Elizabeth Cristina, de 4 años, y Esli Abraham, de seis, lo acompañan sentados en el motor del autobús donde, dependiendo de la hora, se van sorteando entre el sueño y la pereza.

Hace un año y medio aproximadamente, Esli se quedó a cargo de sus dos niños luego de que la madre de ambos menores se fuera de la casa: “Nos abandonó”. El hombre de 48 años contó que prefiere trabajar con sus hijos a bordo que verlos pasando hambre o dejarlos abandonados. Aunque hace 21 años que es chofer, dice que últimamente la vida se le puso dura.

Cargo a los niños porque no tengo quien me los cuide, entre semana pago una niñera, pero los fines de semana o cuando ella no puede me los tengo que traer. El padre dice estar consciente del peligro que significa trabajar con sus pequeños y de las críticas de las que es objeto, pero asegura que nada detendrá el amor que siente por sus hijos.

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Su faena inicia a las seis de la mañana. Al llegar al centro, en el primer viaje les da desayuno a los niños y continúa su rutina. Comentó que trabaja hasta la 1 de la tarde, cuando logra juntar el dinero para el almuerzo y la cena.

“Es difícil, bastante, porque lo que se hace aquí no alcanza para nada. La madre agarró otro rumbo, se fue con otro señor hace más de dos años por eso no tengo quien me los cuide. Ser padre soltero no es fácil pero yo voy a hacer todo por mis hijos”, expresó.

Los hermanitos Carrullo no van a clases porque a su padre solo le alcanza para comprar comida. Esli relató que él además debe hacerse cargo de su madre, “ella está enferma, a veces me ayuda pero no puede”. Todos viven en una casa en el sector Country Club, al oeste de Maracaibo.

En temporadas difíciles cuando baja la cantidad de pasajeros el panorama se pone negro para el padre soltero: “Lo que hago es entre ocho y 10.000 bolívares en un viaje y solo hago dos o tres”.

Aunque el hombre no se tomó tiempo para reprochar el abandono de la que fue su esposa, dijo convencido: “Ahorita le sonrío a la vida con todo el dolor de mi alma, porque yo sí los quiero. Eso es lo que me motiva a echarle pichón, por ellos es que yo hago esto, porque quiero para ellos lo mejor y sé que poco a poco lo vamos a lograr”.

Foto: Mariela Nava


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