Una joven de 32 años contó que abandonó sus prácticas de música, después de siete años, porque le daba miedo salir tan temprano de su casa, en El Cementerio, y que le robaran el instrumento valorado en 300 mil bolívares

Yohana Marra/@yohanamarra

Caracas. A las 8:00 am de todos los sábados Cecilia (nombre ficticio por protección) salía de su casa, en El Cementerio, a recibir clases de saxofón. Agarrar calle a esa hora le resultó un peligro porque había muchos sujetos drogados o borrachos de la noche anterior; sin dejar por fuera a los motorizados que pasaban de un lado a otro.

Se convirtió en un sacrificio seguir en sus prácticas musicales, que hizo durante siete años, hasta que aceptó que por la delincuencia no debía hacerlo más. Su saxofón está valorado en 300 mil bolívares y si se lo llegaban a robar no tendría de dónde sacar el dinero para comprar uno nuevo.

“Me daba miedo que me robaran mi instrumento; dejé de ir a mis clases de saxofón por la inseguridad. Después de las 9:00 am es que se medio puede salir de la casa un sábado y a esa hora no me servía”, soltó la joven de 32 años.

Pero las clases de saxofón no fue de lo único que se privó Cecilia. También lo piensa dos veces antes de ir al cine, salir a comer o a un cumpleaños porque llegar es apretado.

“Después de las 10:00 pm prefiero no llegar a mi casa, es una guillotina. Si voy a un cumpleaños, por ejemplo, trato de estar lo más pronto posible o simplemente no voy, porque además del peligro a los taxistas no le gusta meterse para El Cementerio tan tarde”.

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Por si fuera poco, por su zona se forman tiroteos a cualquier hora del día. Su hogar queda entre el barrio Los Mangos y Los Samanes, y cuando hay enfrentamientos por allá arriba pasan corriendo cerca de su casa.

“Si el tiroteo es en otro barrio ellos pueden meterse por los callejones y tienen manera de salir cerca de mi casa, entonces da miedo por donde lo mires”.

Frecuentemente su mamá la llama para avisarle que se hay una plomazón por la zona. La joven aseguró que desde hace cinco meses esta situación empeoró y ya no tienen horario.

“Hay tanta inseguridad por la casa que ya no salgo con carteras grandes, llevo lo menos posible para no llamar la atención. Me escondo el celular en el lugar más remoto. Es lamentable”, añadió la muchacha.

El barrio no es el mismo

En consecuencia a tantos episodios con la violencia, a quienes viven cerca de su casa les cambió el estilo de vida y ahora las calles parecen un desierto.  “Ya no hay vecinos en las calles, antes se paraban a hablar y ahora no. El ambiente siempre está tenso”.

Cecilia confesó que tiene miedo de los sujetos que se paran en esquinas, silban sospechosamente, suben y bajan el barrio en moto o caminan muy pegados a ella. “No es que te roben, el miedo también es que te disparen o apuñalen para quitarte algo”.

Lamentó que los jóvenes no puedan estudiar tranquilos por no tener garantías de seguridad en su comunidad. Con el avance de la tecnología muchos llevan sus tabletas a clases, pero corren el riesgo de que los roben en la camionetica.

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“Siempre ha existido la inseguridad y la violencia, pero ya está en el tope. Nunca nos acostumbramos a la inseguridad pero es lo que nos toca o nunca te adaptarás”.

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Foto: Cristian Hernández


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