Luis Bolívar no se ha podido hacer un examen de control tumoral luego de su operación de cáncer de colon. De 1 millón de bolívares que costaba al principio de la pandemia, ahora vale Bs. 12.000.000. Bolívar tiene salario de profesor jubilado, difícilmente puede cubrir ese monto. A lo sumo puede comprar el tubo para recoger la muestra. Para llegar a esa cifra tiene que reunir 30 meses de pensión.

Caracas. Para hacer un simple examen de laboratorio, como una hematología, hay que tener mínimo 10 dólares. Pero un jubilado con una pensión de 1 dólar solo llegaría a comprar un tubo de ensayo para recoger la muestra. 

Si de una patología crónica se trata, los costos de un diagnóstico de imagen de rutina, como una placa de tórax, pasan de los 30 dólares. 

Desde un examen para saber los valores de la hemoglobina hasta una tomografía, todo eso se hacía en la red hospitalaria pública. De eso hará 10, 15 años. Desde 2014 para acá, la salud pública venezolana, que fue referencia mundial, se vino a menos. 

Ya para esa fecha miles de pacientes no podían recibir tratamientos médicos esenciales, y miles más estaban en lista de espera para someterse a cirugías que podrían ser vitales, debido a que los médicos no tenían los elementos necesarios para operar.

Al día de hoy ese panorama es más sombrío, pues se suman decesos como consecuencia de la falta de insumos, medicamentos e, incluso, de agua y luz.  En 2019 el monitoreo de la Encuesta Nacional de Hospitales reportó 164 muertes atribuibles a las fallas de luz. 

Solo en el servicio de Nefrología del J. M. de los Ríos, entre 2017 y 2018, fallecieron 19 pacientes. En 2019 la desidia gubernamental cobró la vida de varios niños de Hematología que esperaban por trasplante de médula ósea. Y todavía los veinte y tantos que quedan están a la espera, pero sufriendo, además de la enfermedad, severas penurias, pues en sus unidades no pueden hacerles estudios de rutina.

El sacrificio del paciente

Cristina, paciente de Hematología, cada 21 días viaja desde los Valles del Tuy a Caracas para transfundirse. Debe llevar exámenes de rutina que no puede costear su familia.

Su mamá, Rosa Colina, contó que antes podía asumir el costo de una simple hematología: “Ahora nos ha tocado pagar Bs. 1.350.000 ($3,19) luego de buscar en varios sitios precios más asequibles. Una ferritina cuesta Bs. 2.500.000 ($5,9), y una química sanguínea casi lo mismo, dependiendo de dónde la solicite la doctora”.

En estos momentos a Cristina no le han podido hacer la carga viral de hepatitis C porque cuesta 70 dólares, ni el perfil hepático, que vale 25 dólares. Por eso no está asistiendo a la consulta de gastro: “La prioridad es hacer hematología, cada 21 días, para que la puedan transfundir”.

Katherine Marínez, directora de Prepara Familia: Tenemos una red de donantes y ellos asumen el pago de uno o dos exámenes, todo calculado en dólares, desde una hematología completa hasta diagnósticos más complejos. El donante paga directamente al laboratorio una vez verifica vía telefónica los montos, pues no están imprimiendo los presupuesto. Gracias a Dios que tenemos ese apoyo, porque en el J. M. de los Ríos no hay reactivos constantemente. Tampoco hacen resonancias ni tomografías. En el área de Hematología piden exámenes que cuestan 80 dólares. Los de rutina, como carga viral, son impagables, y eso es muy dramático para las familia.

Cristina se está sacrificando. Sus órganos ya padecen la falta de medicamentos, como el Exjade, un quelante que se usa para reducir la carga de hierro tras las transfusiones y que no toma desde hace más de dos años, porque el gobierno no lo importa y a sus papás no le da la talla para pagarlo en dólares.

No sabe cómo están sus valores hepáticos ni su carga viral. Vale decir que la hepatitis C la contrajo en el mismo hospital.

A Rosa le toca salir con los tubos de ensayos llenos de sangre a peregrinar por los laboratorios. Igual que Luis Bolívar, quien vive en San Juan de Los Morros, no se ha podido hacer un examen de control tumoral luego de su operación de cáncer de colon. De 1 millón de bolívares que costaba al principio de la pandemia, ahora vale Bs. 12.000.000 ($28). Bolívar tiene salario de profesor jubilado, difícilmente puede cubrir ese monto. A lo sumo puede comprar el tubo para recoger la muestra. Para llegar a esa cifra tiene que reunir 30 meses de pensión. 

Lo otro que genera estrés y borra cualquier espacio para la positividad es que cuando los pacientes van a un laboratorio, en este caso los privados, y muestran las órdenes médicas a los bionalistas, las respuestas que obtienen son: No hacemos pruebas hormonales, tampoco inmunohistoquímicas, diagnósticos especializados para los que se requieren cierto tipo de químicos y reactivos importados.

O algo recurrente en tiempos de pandemia, los HCM no cubren esas pruebas y hay que confiar en el reembolso, para lo cual hay que tener informe médico y facturas.

Muchos, por la cuarentena, tienen que recurrir a consultas privadas pagando hasta 50 dólares y asumir incluso el precio de la impresión del informe y de la factura.

Stefani, paciente renal: “La última hematología me salió en 10 dólares, pero  eso no es lo único en lo que gasta un paciente crónico. Tengo que tomar pastillas para la tensión, ácido fólico, vitaminas, hierro, eritropoyetina, anticoagulante, aparte de los de la enfermedad de base. No puedo dejar de tomar ninguna pastilla y los exámenes de laboratorio me los mandan a hacer todas las semanas si se me bajan los valores de la hemoglobina, si la tengo normal son cada 15 días”.

Judith León, presidenta de la Federación de Colegios de Bioanalistas de Venezuela, dijo que a pesar de que hay una Comisión Presidencial con el apoyo técnico de la OMS para atender los casos COVID-19, no hay en el país una dotación adecuada en los hospitales para el debido diagnóstico.

“Todo lo que pasa por un médico, pasa primero por el laboratorio. Un médico para diagnosticar tiene que tener esa información, saber cómo están los valores de una persona y poder así determinar un  tratamiento. Pues bien, antes de la pandemia eso no era posible y durante esta etapa eso no ha mejorado”, señaló.

El dato 

Tenemos 100 % de los servicios de laboratorios inoperativos, según León.

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“Ni siquiera 46 hospitales centinelas tenían las condiciones ni equipos para hacer seguimiento  y control a los pacientes. En mayo la federación presentó un proyecto con cuatro laboratorios donde se podían hacer las pruebas rápidas para descentralizar los casos, y no fue atendida la propuesta. Sí crearon recientemente otros centros: uno en Guarenas y en el IVIC, por ejemplo, pero sigue la opacidad informativa. No hay más inversión en la infraestructura hospitalaria, y esos pacientes con coronavirus, de moderado a grave, también necesitan hematología, que les midan sus funciones renales, el hígado, la parte cardiovascular, y ese sistema está fallando en los centros centinelas.

“En el Algodonal, están haciendo glicemia, urea y creatinina, pero, por ejemplo, la ferritina no la hacen en ningún puesto asistencial público”. 

En los privados también hay fallas, por el alto precio de los reactivos y las dificultades para ingresarlos al país, por eso –comentó León– muchas veces tienen retrasos en la entrega de los resultados y no tienen frecuencia en la realización de los estudios por la poca capacidad para reponer los insumos.

No se trata de tomar las muestras y sacarlas en unos tubos, se necesitan reactivos, tecnología, kits para el tratamiento y personal. Hace falta luz, aire acondicionado e impresoras, insumos de los que adolecen muchos laboratorios pequeños.

El dato 

Solo 16 % de los laboratorios del país pudiera atender una emergencia. 

Sin imagen, diagnóstico a ciegas

“Necesita un gammagrama óseo, pero desde hace mucho tiempo no se realiza en el país. Nos vamos a arriesgar a operar así”. Eso le decía el doctor a María* mientras ojeaba la historia clínica: un tipo de cáncer tiroideo.

Un perfil preoperatorio cuesta más de $18.

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María asintió sin preguntar mucho. Se veía asustada. Era la segunda vez que pasaba por el quirófano para tratar la misma patología.

“Te vamos a quitar todo lo que queda de la tiroides. Luego tendrás que tomar minerales como el yodo y el magnesio…”. El doctor seguía hablando, mientras María tenía la mente ausente. Ya comprar los materiales preoperatorios la tenía desencajada, buscar los donantes de sangre era otro tema en la agenda. 

Un gammagrama óseo es una prueba de medicina nuclear. En el procedimiento se utiliza una cantidad muy pequeña de una sustancia radiactiva, denominada marcador que se inyecta en una vena y en las partes donde el cuerpo ha absorbido demasiado marcador se muestra el cáncer. En los hospitales ciertamente no lo hacen desde hace mucho tiempo. En los centros de radiología particulares son casi mil dólares, una cifra tan engorrosa como el nombre del estudio.

Una placa de tórax no baja de 30 dólares, que es un estudio de rutina ahora que está la COVID-19. No obstante, ese RX lo piden para casos de infecciones pulmonares, como asma, neumonía, bronquitis, tuberculosis y a los pacientes que van a entrar a una cirugía. La mayoría de los médicos internistas en su evaluación completa piden ese estudio, por el que ahora cobran adicional el informe.

La Encuesta Nacional de Hospitales publicada en febrero de 2020 señaló que los servicios de apoyo: laboratorio, rayos X y resonadores presentaron durante todo el año 2019 una inoperatividad de 50 %. Mientras los tomógrafos registraron fallas que alcanzaron 70 %.

Hemofílicos doblemente afectados

Los exámenes de diagnóstico para la hemofilia son varios, no es solo el factor 8, pues las alteraciones de la coagulación pueden ser muchas y para llegar a hemofilia hay previamente muchas pruebas. Si los análisis dan alteradas hay más estudios hasta llegar al diagnóstico. Si, por ejemplo, ya hay una familia con hemofilia y lo que se va a hacer es el descarte de un familiar, sí se hace una sola prueba de laboratorio. Pero el único centro que hace estos diagnósticos es el Banco Municipal de Sangre y es de manera gratuita, sin embargo, en estos momentos no hay reactivos. Luego el hemofílico se hace controles, que son de anticuerpos –al principio regularmente, y luego más espaciados– de inhibidores, también la serología y hematología si hay sangrado.

En los pocos centros donde se hacen tomografías de forma irregular, no hacen con contraste. Ese líquido, dependiendo del estudio, lo pueden vender en 80 dólares en el mercado negro. En clínicas privadas con servicio de radiología que lo tienen, le dan el mayor peso en la factura a ese insumo. Por ejemplo, en la Policlínica Las Mercedes una tomografía con contraste de pelvis o abdomen cuesta 200 dólares. Los precios obedecen a la demanda, pues centros como la Méndez Gimón para el 24 de septiembre no estaba realizando TAC.

*María, se usa seudónimo a petición de la paciente.

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