En ese año oscuro en el que Diannet Blanco estuvo recluida en el Sebin se aferró a su entereza, cualidad que heredó de una familia aguerrida que ha enfrentado tiranías y sufrido los confines del encierro. Por eso ahora, su mayor motivación es defender los derechos de otros. En este perfil contamos la historia de una maestra que tras muchas noches en una celda, hoy disfruta sentir y ver, a través de una ventana sin barrotes, el sol y las estrellas allá en lo alto.

Caracas. —Una noche una de las muchachas dijo que necesitaba ver la luna. Fue en ese momento cuando me sentí presa y tuve la sensación de que mi estómago era un vacío hondo. Varias nos juntamos, pegaditas una de las otras, a una pequeña ventana, y vimos la luna antes de que desapareciera. Esa noche me acosté pensando en los meses que tenía sin ver el cielo. Sin ver las estrellas. Sin sentir el sol —recuerda Diannet Blanco, una educadora encarcelada y acusada injustamente de terrorista por protestar.

Fue una de las 5.341 personas arrestadas con fines políticos en Venezuela, entre el 1 de abril y el 31 de agosto de 2017, según el reporte de la organización no gubernamental Foro Penal.

Diannet vivió ese episodio en una celda del Servicio de Inteligencia Militar (Sebin), en Caracas, donde estuvo encerrada un año y 12 días, después de que un 20 de mayo de 2017 se la llevaran arbitrariamente. A las 11:00 pm tocaron la puerta de su casa. 

Le hicieron una “operación tun tun”, una modalidad de allanamiento de las fuerzas de seguridad del Estado venezolano. Días antes un dirigente gubernamental la señalaba como “terrorista”.

Creció sin su madre, porque un cáncer se la arrebató cuando tenía 15 años. Sin embargo, no se quebró. Le tocó madurar antes de tiempo. Dice que se formó siempre con mente crítica y reflexiva, y alzaba la voz ante lo que consideraba injusto.

En 2017 participó activamente en las protestas de calle en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

—Manifestaba no sólo para ejercer mi derecho a expresarme, también para ayudar a los heridos —dice Diannet.

Fue suficiente para ser perseguida y quedar tras las rejas. Sufrió vejaciones de todo tipo. Hacía pupú en bolsas plásticas, se bañaba con solo cinco litros de agua -cuando había- y compartía una celda de 50 metros cuadrados con 26 mujeres.

Cuatro meses después de su encierro fue que finalmente les permitieron ver a sus tías, sus madres adoptivas porque fueron quienes la criaron. Ese día les pidió que no lloraran.

Dios no nos pone pruebas que no seamos capaces de superar» , les dijo.

El frío de los barrotes llegó a sentirlo en su temprana imaginación infantil, cuando su abuela paterna, Luisa Matilde Aragort, le contaba cómo su abuelo Eustoquio, un negro de Curiepe, Miranda, había encarado la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

—Mientras la escuchaba, cerraba mis ojos y recreaba en mi mente ese relato: un hombre firme y valiente luchando por la libertad —cuenta Diannet.

A su abuela Luisa Matilde, oriunda de Altagracia de Orituco, Guárico, la recuerda como una llanera con temple.

—Era de avanzada. Una maestra normalista que fundó en Guatire la escuela Eugenio Pignat De Bellard.

Con esas raíces libertarias se formó Diannet, nacida un 23 de abril y criada en Guatire. En esa ciudad cercana a Caracas, en medio del calor, creció con tres hermanas y un hermano.

A los 13 años su tía Isabel Blanco Aragort le regaló un libro de Luis Beltrán Prieto Figueroa, Joven empínate, y esa lectura terminó de marcar su existencia, la de una mujer con convicciones.

—Comencé a tomar conciencia del papel que debía asumir como joven y ponerme al servicio de una mejor sociedad.

Ser maestra, por el legado de su abuela, se convirtió en su vocación y un anhelo conquistado al egresar de la carrera de educación en la Universidad Central de Venezuela.

El 1 de junio de 2018 una carcelera le dijo que sería trasladada. Su ansiedad subió al máximo. Horas después estaba con otros presos más conocidos como Daniel Ceballos y el general Ángel Vivas, en la Casa Amarilla, la sede de la cancillería venezolana.

Ese día no regresó a los calabozos del Sebin. Le dieron una libertad condicional. Aunque no le explicaron las razones de su liberación, Diannet cree que fue consecuencia de las campañas de varias organizaciónes de derechos humanos, que denunciaron la violación del debido proceso y las condicines en las que se encontraban, luego del motín del 16 de mayo de 2018 en su centro de reclusión.

Aquel día, Diannet y sus compañeras de celda, en medio de una revuelta de presos de más de 24 horas, registraron y publicaron en redes sociales un video hecho con un teléfono celular, en el que denunciaron las vejaciones a las que eran sometidas en la sede del Sebin, y se hizo viral.

En las imágenes pedían el apoyo de la sociedad civil y de la Iglesia. Este hecho fue el antecedente a su traslado.

—Lamentablemente, los presos políticos en este régimen pasamos a ser rehenes. La excarcelación ocurrió en una negociación cuyos puntos de acuerdo desconozco, pero fue una libertad condicional bajo medidas cautelares de presentación.

Cada 15 días, aun sabiéndose inocente, se presentaba a los tribunales para un juicio abierto, por eso siente que desde entonces solo le quitaron los barrotes a su celda. Diannet es terca en su necesidad de libertad.

Con la intención de buscar herramientas para ayudar a la gente que más lo necesita en las comunidades vulnerables, el 1 de febrero de 2019 Diannet llegó al foro ¿Cómo enfrentar la violencia política en los barrios?, organizado en alianza entre Crónica.Uno y Provea, institución de derechos humanos en la que buscó apoyo y de la que ahora forma parte.

Rodolfo Montes de Oca, abogado de Provea, comenta que a partir de entonces, ella fue el catalizador para organizar a 10 comités populares de derechos humanos en Caracas, Guarenas y Vargas.

Diannet, la activista, no para.

—Es comprometida, con mística, precavida, meticulosa —así la describe Montes de Oca.

La Diannet de hoy es una mujer sin miedo, con una voz firme que da confianza -la de una maestra que guía-. La prisión la transformó.

Sin titubeos, promueve los derechos humanos y defiende a otros. Encontró una nueva vocación, dice que se reinventó. Y sale adelante junto a su pareja, Gabriel Blanco, a quien conoció en su época universitaria y la respalda en su lucha.

La cárcel le dejó secuelas, confiesa. Trata de subsanar un estreñimiento, por aguantar las evacuaciones en reclusión, y padece algunas afecciones de visión. Pero Diannet no mira hacia atrás. Es optimista, un valor que, dice, conduce a actos de confianza y fe.

—Soy optimista con carácter resiliente, porque veo las cosas en su aspecto positivo, o más favorable. Significa tener una actitud que permita valorar positivamente cada circunstancia que se vive y afrontar los obstáculos con ánimo y perseverancia.

Le motiva seguir con compromiso el amor por la libertad y los valores democráticos. Como venezolana, siente el deber de la corresponsabilidad en el rescate de la dignidad del país y del respeto de los derechos humanos.

Ahora, ve una celda como un desierto para conocerse en lo más íntimo.

—Desde la resiliencia puedo decir que la cárcel puede servir para evolucionar espiritualmente. La prisión obliga a la reflexión, a tomar conciencia.

De algún modo, ese proceso de introspección en prisión, la cambió y renovó sus fuerzas.

—El encierro me impulsó a centrar la esencia de lo que me constituye como ser humano. A reforzar mis creencias políticas y valores espirituales. Aunque parezca improbable, en la prisión es posible tener esperanzas y sueños. Es lo que te sostiene para que se vuelvan realidad.

Como una mariposa que sale del capullo, dice que mutó para volar. Agrega que aprendió a mirar el corazón, incluso el de sus carceleros. Y sus convicciones son inquebrantables.

—La cárcel fortaleció mi voluntad de luchar, con orgullo digo que mi espíritu salió intacto.

Aunque su libertad física fue cercenada durante la reclusión, cree que siempre fue libre de pensamiento y dignidad para sobrellevar esa injusticia.

Hace apenas unos días, comenzando el mes de diciembre, le llegó la comunicación que más anhelaba: la noticia de su libertad plena. Y aunque su abogado le recomendó no hablar públicamente del tema, Diannet, esta mujer de tez morena clara y con rulos sueltos, agradece sentirse finalmente libre. Y más que nunca disfruta contemplar la luna, las estrellas y se deja abrazar plenamente por el sol.

*Este trabajo fue producto de la primera cohorte del Diplomado Nuevas Narrativas Multimedia Historias que Laten, en su versión online, en alianza con el CIAP-UCAB y la Fundación Konrad Adenauer, en Caracas de octubre de 2020 a febrero de 2021.


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