Aunque las consultas se reanudaron el 9 de julio, el Hospital Domingo Luciani mantiene suspendidas las citas en tres áreas hasta septiembre. La falta de personal y las dificultades generadas por la contingencia sísmica han aumentado la presión sobre el centro asistencial, donde cientos de pacientes esperan horas para recibir atención.

Caracas. Pasillos abarrotados, madrugadas a la intemperie y filas que superan las seis horas marcan el día a día en el Hospital Dr. Domingo Luciani. Transcurridos más de 40 días desde los sismos de junio, el emblemático centro de El Llanito intenta recuperar su ritmo de atención en medio de una profunda saturación.

Con especialidades sin disponibilidad por más de un mes, largas listas de espera y urgencias colapsadas, cientos de pacientes de distintas regiones enfrentan a diario la incertidumbre de no saber si conseguirán un cupo.

Un recorrido realizado por Crónica Uno en cuatro especialidades del centro asistencial, ubicado en el este de Caracas, confirmó que en tres de ellas las citas están suspendidas hasta finales de agosto, mientras que en otros servicios la espera se extiende hasta septiembre.

En el servicio de emergencia y triaje, el área donde se clasifica la gravedad de los enfermos para determinar el orden de su atención, admiten personas con cuadros urgentes. Sin embargo, los afectados reportan largas esperas de más de seis horas, falta de información y desorganización en los accesos.

Aunque gremios y sindicatos del sector salud han solicitado información formal a la directiva del hospital y al Ministerio de Salud sobre el plan de contingencia y la dotación de insumos, para la fecha de publicación no han obtenido respuesta oficial por parte de las autoridades hospitalarias.

Sin cupos y con respuestas a medias

Trabajadores de guardia del área administrativa y médica explicaron que, tras priorizar la atención a las víctimas de los terremotos registrados hace 43 días atrás durante las dos primeras semanas posteriores a la tragedia, el centro hospitalario retoma la normalidad de forma progresiva.

La contingencia persiste ante la falta de personal y el alto volumen de personas que aún llegan desde Aragua, La Guaira y los Valles del Tuy.

Jazmín Vera, una comerciante informal de 68 años, es una de las decenas de personas que se aglomeran en un angosto pasillo del servicio de oftalmología, la rama médica encargada del diagnóstico y tratamiento de las enfermedades de los ojos.

Llegó a pedir cita a las 7:30 a. m. con un fuerte dolor en el ojo izquierdo, además de enrojecimiento y sensación de tensión. El malestar la obligó a improvisar un parche protector.

No obstante, al llegar al área se encontró con la taquilla de citas cerrada y un cartel que avisaba que no habrá cupo hasta finales de agosto. Desesperada por el dolor, consultó a un integrante del personal y le indicaron que acudiera a la emergencia.

“Me vine a la emergencia y me dijeron que esperara a una enfermera para explicar mi caso y ver si me atendían. Estuve allí  casi dos horas y nunca llegó nadie. Luego me dijeron que había una lista y no admitían a más personas. Hay demasiada desorganización. Me tocará ir a otro hospital porque aquí perdí el tiempo y ni siquiera conseguí un alivio al dolor”,

relató Vera.

Áreas rebasadas

En el mismo piso, a pocos metros, se encuentra el área de traumatología. Allí, tres consultorios intentan dar abasto para atender el gran volumen de pacientes: hay personas en camillas, en sillas de ruedas, con fracturas y recién operadas.

Durante el turno de la mañana reparten 20 números, pero los usuarios deben llegar de madrugada para asegurar un cupo.

Jeancarlo contó que salió de su casa en Lídice a las 4:00 a. m. para llegar poco antes de las 5:00 a. m. al hospital. En la lista le asignaron el número 13. Pero, a las 11:00 a. m. los médicos todavía no evaluaban al paciente número 6.

“Aquí hay que venir preparado con desayuno, almuerzo y bastante paciencia porque uno no sabe a qué hora va salir. Ya me acostumbré porque tengo casi siete meses en consulta desde que me operaron. A veces consigo cita y a veces no. Otros días no viene el especialista que me operó. Así son las cosas aquí”, afirmó.

González fue intervenido en noviembre de 2025 por una fractura de cadera que sufrió al caer por unas escaleras. Entre insumos y materiales gastó 500 dólares, costo que el hospital no pudo cubrir.

Prefirió asumir el gasto porque, antes de lograr el ingreso en El Llanito, pasó por un ‘peloteo’, la práctica de remitir a un enfermo de un centro a otro sin ofrecerle solución, en otros tres centros de salud. En unos no había especialistas, en otros faltaban insumos o no tenían cupo para cirugía.

Lista de espera que abarca meses

Datos del último informe publicado en 2025 por el Observatorio Venezolano de la Salud reflejan un 70 % de escasez de insumos necesarios para las operaciones en los principales hospitales.

El estudio también reveló que 60 % de los centros asistenciales no cuentan con un suministro de agua constante, mientras que la ausencia de personal especializado es de 40 %.

A mediados de 2023 el hospital anunció la apertura de un servicio de atención para pacientes con trastorno del espectro autista, una condición del neurodesarrollo que afecta la comunicación y la interacción social. El área brinda terapias de lenguaje, psicología, psicomotricidad, pedagogía, musicoterapia y nutrición a niños, niñas y adolescentes.

En la actualidad el servicio permanece activo, pero la lista de espera para recibir atención es larga. Un empleado de la unidad multidisciplinaria que prefirió resguardar su identidad explicó que la unidad abre dos programas de atención al año con seis meses de duración. En cada ciclo admiten a 55 niños previamente evaluados y con referencia médica.

“Cada día se anotan nuevos pacientes, pero pasan meses antes de que logren el ingreso en un nuevo ciclo. Muchos pierden la oportunidad porque no resisten el tiempo de espera. La demanda es alta y no contamos con suficientes especialistas para atender a un volumen mayor”, señaló el trabajador sobre la falta de personal.

La salud mental sin atención inmediata

En el área de psicología y psiquiatría la sala de espera es una de las pocas sin saturación de usuarios. Pese a su condición de hospital de referencia tipo IV, este centro asistencial no admite pacientes externos, personas que acuden directamente sin haber sido canalizadas por el propio centro, ni atiende emergencias de salud mental.

Las personas que se mantienen en control en esa área llegan derivadas por especialistas de otros departamentos del mismo centro hospitalario.

Aun así, tampoco hay citas de control para niños ni adultos hasta el mes de septiembre. Un trabajador confirmó a Crónica Uno que, aunque el centro asistencial reanudó las citas especializadas el 9 de julio, el proceso para ofrecer atención al grupo de pacientes rezagados tras la tragedia resulta complejo.

A esta situación se suman los pacientes y cuidadores que acuden al servicio con crisis de ansiedad, pánico y otros trastornos que aumentaron a causa del doble sismo que afectó la región central del país.

“Una gran cantidad de gente quedó inestable emocionalmente y busca ayuda. Aquí lamentablemente no admitimos esos casos y la norma es remitirlos al Hospital Psiquiátrico de Los Chorros o al de Lídice. Tratamos de orientarlos con los recursos que tenemos por ahora”, concluyó el trabajador.

En El Llanito persisten las dificultades de un sistema de salud que intenta responder a la demanda con recursos limitados. Los daños y ajustes derivados de la emergencia sísmica profundizaron problemas que ya afectaban al hospital, como la falta de personal médico, la escasez de insumos y los procesos que retrasan la atención.

Para quienes llegan cada día al Hospital Dr. Domingo Luciani, conseguir una consulta o resolver una urgencia depende de largas esperas, del dinero disponible y de la posibilidad de encontrar un cupo.

(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.

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