El barbero Simón Centeno se sobrepone día a día a la violencia del pueblo del Cambur pero aún batalla contra la crisis económica

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En El Cambur no solo hay violencia, el asesinato de Mónica Spear sigue siendo una sombra sobre ellos, por eso Simón Centeno es una luz en el espacio, trabaja como barbero desde hace 10 años, pero aún no logra terminar de salir a flote.

Valencia. La necesidad llevó a Simón Centeno a tomar un espacio de la plaza principal de El Cambur como su lugar de trabajo. El Cambur, es el mismo sitio donde hace casi una década unos delincuentes asesinaron a la modelo y actriz de televisión Mónica Spear y a su esposo Thomas Berry.

A Centeno lo conocen, es el barbero de la zona y aunque ya han pasado 10 años desde el momento en que se dedicó a la barbería ambulante, esa necesidad no ha desaparecido, es como si las cosas no hubiesen cambiado mucho desde el día uno, aunque si, si han ocurrido cambios y es que ahora, dice, está peor.

Su puesto de trabajo queda diagonal a la iglesia y justo al lado de él hay un banco de cemento deteriorado en el que ubica el talco, las hojillas, la navaja y todos los materiales para ponerle a la máquina de corte.

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Con 10 años como barbero Simón espera tener un local para sentir más seguridad. Foto: Armando Díaz

Junto al banco de cemento, está una silla en la que está sentado uno de sus clientes, es mediodía y por fortuna el sol porteño no golpea con toda su fuerza a Centeno y su cliente. La temporada de lluvia está llegando, por lo que las nubes se vuelven parte del paisaje, sin embargo hay muchísima humedad y se ve el sudor correr por la frente del hombre.

Centeno puede hacer entre cinco y seis cortes diarios a hombres de todas las edades. En esta oportunidad su cliente es un hombre que ronda los 50 años. Lo tiene cubierto del cuello para abajo, para evitar que su cliente y su ropa queden llenas de pelos.

«Ahí vamos, luchando porque la cosa no va bien». Dice mientras pasa su máquina con cuchillas doradas por la cabeza del cliente.

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Con su trabajo como barbero Simón mantiene a su pareja e hijos Foto: Armando Díaz
Cada pelo cuenta

Por las condiciones de su trabajo, no puede cobrar lo que cobrarían en otras zonas del Puerto o incluso en Valencia. En estas zonas un corte sencillo va de $10 hacia arriba, la tarifa varía según el tipo de establecimiento. puesto que ahora la típica barbería italiana de los años 80 es parte del pasado, la mayoría de estos negocios en la capital carabobeña cobran precios similares a los de Centeno, la falta de nuevos estilos, nuevos equipos y un salón moderno y acorde a los tiempos actuales los hacen quedar atrás en el mundo de los barberos.

Muchas cosas han pasado desde que inició su oficio, pero sin duda alguna, este barbero tiene muy claras las cosas. «Me encanta esto porque ser barbero es un arte».

A diferencia de otros barberos en Carabobo y en el país, Centeno aprendió el oficio viendo. No acudió a academias pomposas, ni a cursos que dan emprendedores a menor precio para ayudar a muchos otros interesados en aprender. «Yo aprendí en la calle», explica Centeno.

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Foto: Armando Díaz

10 años atrás, Centeno visitaba algunas barberías en donde a él le cortaban el pelo y observaba los movimientos. Pero no solo eso, también los tipos de máquinas, la manera en la que movían el aparato y sobre todo lo que la gente pedía.

La barbería no es un oficio para que el experto haga lo que quiera, sino para escuchar lo que los clientes quieren. «Ellos son los que piden las tendencia. Los chamos son los que a veces te muestran foto de algún cantante. Que si Bad Bunny o J Balvin».

Entre los estilos que más practica Centeno destacan: los degradados, las crestas y el Mcgrady, en honor el basquetbolista Tracy Mcgrady, pero este barbero explica que está abierto a lo que le pongan. Cada edad tiene su estilo: los mayores son más conservadores y a los jóvenes le gusta la vanguardia; una estrella sobre la oreja, unas iniciales una parte más densa y otra casi que militar.

A su cliente de turno le hace un simple degradado con un «pulidito aquí y pulidito allá» como precisa Centeno y cuando se acerca a ver que todo esté a la perfección explica que en sus inicios los resultados no eran tan prolijos.

Al principio eso me quedaba matado. Después iba arreglándolo, porque quedaba fea, fea, pero mientras uno más corta, más aprende. Es más, te lo digo así. El primer corte que hice si tuviese un nombre como estilo sería, el corte totuma».

Foto: Armando Díaz

Centeno vive con su pareja y sus cuatro chamos, a los que trata de mantener, pero por mucho que tenga entre cinco y seis clientes diarios y les cobre 5$ no está nada fácil rendir la plata.

«La situación la veo dura, pero hay que ganarse la vida. Hasta el momento solo hago esto, pero si me tocara así sea echar pala y pico no tengo problema».

El barbero trabaja de sol a sol. Ya a las 7:00 a.m. esta apostado en la plaza esperando a su clientela y esperando también que el día termine con buenos dividendos, porque no solo se trata de mantener a su familia, si no comprar todos los implementos que gasta en la semana. Compras así le cuestan alrededor de 15$ y 20$ lo cual le deja con menos dinero para todo el mes, peor aún así resiste.

Por ahora, Centeno tiene un cochinito, el cual trata de no tocar, puesto que su meta es montar un local, no importa si es algo pequeño, pero que le permita tener más independencia y seguridad, una cosa que le haga sentir que el esfuerzo de 10 años vale la pena.


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