La pandemia convirtió a vecinos de Los Helechos en una sola familia

Cuando un residente de Los Helechos se contagia de COVID-19, sus vecinos están para ayudarlo. Comida, medicinas, dinero o cualquier tipo de colaboración. El paciente solo debe notificar lo que necesita y, de inmediato, recibirá el apoyo. Así fue como uno de los conserjes recaudó suficiente efectivo para trasladarse hasta un hospital, la vecina de la torre A consiguió un oxímetro y Sonia pagó sus exámenes de sangre.

San Antonio. No había pasado ni una hora. Incrédula, Sonia Bravo lloraba de felicidad. En solo minutos, ya tenía en su cuenta los 40 dólares que necesitaba para pagar los exámenes de sangre para ella y su hija; ambas se habían contagiado por segunda vez del virus. El dinero fue donado por los miembros de su comunidad, luego de que una vecina hiciera la solicitud en un grupo de WhatsApp.

En medio de una crisis de salud, admitir que tienes coronavirus se convirtió en un acto de valentía. El temor a sufrir estigma social impide a las personas decir abiertamente que se contagiaron de la enfermedad. De acuerdo con las Naciones Unidas, la estigmatización puede hacer que el virus se extienda más rápido en las comunidades. Esto sucede porque, por miedo a sufrir discriminación, las personas ocultan la enfermedad y evitan la atención médica.

Sin embargo, en las residencias Los Helechos, de San Antonio de los Altos, el discurso de discriminación se cambió por uno de empatía y solidaridad. Mediante un comité de COVID-19, los vecinos difunden información pertinente, toman las medidas necesarias, están al tanto de las necesidades de los pacientes y dispuestos a colaborar.

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En su informe El estigma social asociado a la COVID-19, Unicef sugiere la importancia de que el virus y su impacto sean abordados en forma abierta, honesta y eficaz. A través de consejos de salud seguros, empatía hacia los afectados, comprensión de la enfermedad en sí, y mediante adopción de medidas y prácticas eficaces, pueden garantizar a las personas mantenerse a salvo, indica el documento.

Pero tejer estas redes de confianza no fue tan sencillo, confiesa Sonia, encargada del comité. En un principio, el objetivo del grupo era notificar cuál vecino posiblemente estaba contagiado y tomar las medidas necesarias para evitar la propagación de la enfermedad. En su segunda ola de COVID-19, Venezuela enfrenta un colapso sanitario. Con los hospitales al borde de la crisis, sin suficiente personal médico, sumado a las dificultades económicas que abruman al ciudadano, muchos prefieren tratarse en casa a ser trasladados a un centro público de salud.

Hasta la fecha, Venezuela suma 179.365 casos confirmados y 1853 muertes por el virus. Detrás de Caracas, que cuenta con 36.792 contagios, el estado Miranda es la segunda entidad del país con más infecciones, con un total de 23.959 casos.

“Incluso para quienes conformamos el comité era difícil señalar a quien ya sabíamos que tenía covid y, mucho más, hacerlo público. Por supuesto, teníamos miedo de que fueran trasladados, pero llegó un momento en que tenía que decirse, porque ya había varios fallecidos, hasta ahora unos ocho”, afirma.

Cuando Sonia decidió dar el gran paso y anunció que se había contagiado del virus, la situación cambió. Para sorpresa de todos, la respuesta fue positiva. Después, los casos empezaron a salir a la luz, pero en vez de ser juzgados recibieron apoyo.

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Uno de ellos fue la conserje de la torre F, quien temía revelar su estado de salud. Para que su esposo pudiera llevarle alimentos, agua y sábanas al Hospital Victorino Santaella Ruiz, donde estaba ingresada, los vecinos recaudaron bolívares en efectivo y se lo donaron. Sin embargo, la conserje falleció, ahora la comunidad se organiza para hacer los trámites y cubrir los gastos funerarios.

“Les hacemos las compras, les llevamos comida, cada quien se apoya con el vecino más cercano. Cuando alguno necesitan ayuda económica, se recauda el dinero. Estamos rodeados de gente muy linda, es una gran familia Los Helechos”, asegura Sonia.

Así, el conjunto residencial se convirtió en una familia. No obstante, según Sonia, todavía se percibe el miedo. Si un vecino prefiere guardar silencio, se toman medidas. Los cubanos del CDI acuden hasta la puerta del apartamento del posible contagiado, se le hace una revisión médica y se dan las recomendaciones.

Una mejor organización

Inspirada en el modelo de organización del Concejo Municipal de la Alcaldía de Los Salias, que funciona a través de comités, Sonia creó varios comités en la residencia. Por iniciativa propia, recolectó los números de teléfono de los vecinos de las ocho torres de Los Helechos y creó varios grupos de WhatsApp, cada uno con una finalidad específica.

“Toda la iniciativa surge de un taller de voces comunitarias. Por la crisis que enfrentamos decidí poner en práctica lo que aprendí, abrí grupos de WhatsApp para estar más unidos y poder ayudar a mis vecinos. Así llegamos a esto tan bonito”, comenta.

En total, son cinco comités para solventar situaciones específicas. Uno de servicios públicos, en el cual se reportan las fallas eléctricas, de internet, Intercable o problemas relacionados con el suministro de agua. Luego, un encargado hace la denuncia ante los entes pertinentes. El segundo comité es de medicina, ahí se publican los servicios públicos. Además, agregaron a los médicos y enfermeros de la residencia.

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El tercero, el comité de seguridad para emergencias. En este grupo tienen a personal de Protección Civil, de los Bomberos de San Antonio de los Altos y de PoliSalias para atender cualquier eventualidad. Finalmente, en el comité de deportes se maneja todo lo relacionado con el mantenimiento de las canchas. Sonia destaca que cada grupo tiene un delegado y se añadió a un concejal del municipio.

Desde hace un mes funciona el comité de COVID-19 de Los Helechos. Al grupo de WhatsApp se agregaron a empleados de CDI y voceros de la Alcaldía de Los Salias. Desde luego, no solo se emplea para pedir donativos, a través de este también se coordinan los traslados y desinfecciones de los edificios.


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