La selección de Venezuela tuvo un retroceso en Chile, en comparación a hace cuatro años, y se despidió temprano por primera vez desde Perú 2004

Cristóbal Naranjo/ @cristobnaranjo

Caracas. Un gol más. Solo eso le faltó a la Vinotinto para acceder a los cuartos de final de la Copa América por tercera edición consecutiva. El cuadro de Noel “Chita” Sanvicente se quedó corto ante Brasil y se despidió temprano del torneo, cosa que no ocurría desde Perú 2004.

En realidad la faceta ofensiva fue la tarea pendiente del combinado en todo el certamen. Solo marcó dos goles en tres partidos y pisó muy poco el área contraria en sus choques de la fase de grupos. Ante Brasil el tanto llegó de un rebote luego de una pelota quieta. Y nuevamente la escuadra criolla careció de claridad en la generación de juego.

«El problema no fue Brasil, fuimos nosotros que nos dejábamos recuperar el balón rápidamente. No tuvimos la claridad para herirlos cuando recuperábamos la pelota», admitió el director técnico en la rueda de prensa posterior al compromiso.

En Santiago, a falta de fútbol, Venezuela apeló a la garra y el corazón en los minutos finales y fue capaz de ponerle emoción al desenlace del partido. Pareció pegarle el desgaste del choque ante Perú y no le alcanzó con su tímida reacción.

Lo positivo

La eliminación en la primera fase, pese a ser un retroceso en lo meramente estadístico y deportivo, también dejó aspectos positivos de cara a la eliminatoria Rusia 2018, que arranca en octubre.

En la faceta defensiva, el equipo mostró grandes avances con respecto al comienzo del ciclo y los juegos amistosos. En los tres encuentros, la selección se caracterizó por ser solidaria para defender y no sufrió en demasía el asedio de los rivales. En buena medida, esa disciplina táctica se debió al buen estado físico del plantel, que solo cayó un poco el domingo, debido al gran esfuerzo que supuso jugar 60 minutos con uno menos ante Perú y el poco tiempo de recuperación para el último duelo.

En lo individual, la Vinotinto definió de manera acertada algunos puestos que no tenían dueño fijo antes del pitazo inicial en Chile. Alain Baroja se consolidó como un portero seguro y bien ubicado en los tres cotejos. Tomás Rincón -organizador indiscutible del grupo en la mitad- consiguió en Luis Manuel Seijas un compañero que lo complementó y lo ayudó en las labores de contención.

¿Y Arango?

Quien parece no tener todavía un sustituto en la creación es Juan Arango, que deshoja la margarita y posiblemente anuncie su adiós a la selección en los próximos días. La sociedad de Alejandro Guerra y Ronald Vargas por las bandas se mostró intermitente. Destacó ante Colombia, no pudo juntarse por la expulsión de Fernando Amorebieta ante los incas y frente a la Canarinha se mostró muy improductiva.

El técnico Sanvicente deberá definir si mantiene una escuadra que prioriza la función defensiva y en el ataque le apuesta a las segundas jugadas y a la pelota quieta para lastimar a los contrincantes; si ratifica y consolida la dupla Vargas -Guerra en la zona de volantes-; si apela a un esquema con un acompañante para Salomón Rondón o si le da cabida en el plantel a nuevos nombres como Rómulo Otero y Arquímides Figuera. A fin de cuentas, para “Chita”, Chile 2015 también le sirvió de aprendizaje.


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