“La bebé nació en el hospital Doctor Osio de Cúa, en Los Valles del Tuy. Presentó obstrucción intestinal. No evacúa, todo lo vomita, por eso la transfirieron para el Clínico Universitario de Caracas. Llegamos aquí con todos los exámenes para que la metieran directo al quirófano y no han podido. Desde que llegamos nos han maltratado. Tuve que hablar en Dirección y ya por lo menos bajaron los insultos de parte del personal”, denunció Lucimer Hernández, abuela materna de la niña.

Caracas. Óscar José Infante caminaba con desespero de un lado a otro del estacionamiento del Hospital Clínico Universitario. “Me dijeron que buscara a los periodistas y les contara mi caso. Mi niña está muy grave. Nos piden un montón de cosas para poder operarla”.

Agregó: “Yo hago todo lo posible por pasarlos al hospital. Por favor, ayúdenme”. No vaciló en esta última frase. Sobre la mascarilla, la expresión de sus ojos clamaba auxilio. Movía las manos con insistencia. Estaba nervioso y, para su desgracia, no contaba con muy buenos amigos dentro del hospital: hace un par de días le prohibieron la entrada por reclamar.

Dicen que soy drogadicto, yo lo que hago es limpiar los vagones del Metro. Con eso me gano la vida, ahora estoy aquí con mi hija de 10 días de nacida”, dijo Infante, que no se quitaba de los hombros el bolso tricolor.

La bebé nació en el hospital Doctor Osio de Cúa, en Los Valles del Tuy. Presentó obstrucción intestinal.

“No evacúa, todo lo vomita, por eso la transfirieron para el Hospital Clínico Universitario de Caracas. Llegamos aquí con todos los exámenes para que la metieran directo al quirófano y no han podido. Desde que llegamos nos han maltratado. Tuve que hablar en Dirección y ya por lo menos bajaron los insultos de parte del personal”, denunció Lucimer Hernández, abuela materna de la niña.

“Nos piden aminoácidos, vitaminas y sutura para poder operar a la niña” en el Hospital Clínico Universitario

Les están pidiendo aminoácidos, lípidos, vitamina B-12, ácido fólico en ampolla, anticonvulsionantes y sutura. «Los aminoácidos los tiene el Pérez Carreño, pero nos dicen que tiene que ser el director quien solicite el envío de ese insumo. Él me ha dicho que tenga calma, pero la niña no espera, ha desmejorado mucho y está convulsionando”, informó.

La mamá, Roxis Figuera, una joven de 25 años de edad, lo que ha hecho es caminar por todo el hospital pidiendo ayuda. El resto del tiempo lo pasa en la puerta de la sala de cuidados neonatales del piso 9.

Mi hija es la única que está allá adentro”, dice con desconsuelo.

El pronóstico que les dan es que está en condiciones de grave a crítica y ya no tienen recursos. Tampoco los tenían antes, pero se ayudaron con donaciones y fundaciones. “Ya no tenemos más dinero, nos hemos quedado sin nada y en este hospital no hay nada. Nos urge que la operen para que la salven”, destacó la abuela.

Mientras la familia aguarda en el pasillo, nadie sale a darles información. “Uno viene mal y aquí le empeoran las cosas”, reclamó.

El Universitario es uno de los hospitales centinelas para recibir los casos sospechosos y positivos de COVID-19. En el recinto falla el agua, no hay desinfectante ni jabón. Los tapabocas y guantes son exclusivos para algunas áreas.

En medio de esta crisis llegan pocos enfermos. Solo los casos críticos son atendidos. De hecho, el puesto asistencial luce desolado en todas sus áreas, incluso en la Emergencia.

La falta de transporte también incide en la merma diaria de pacientes. En el caso de Roxis y su esposo, se movilizan en Ferrocarril y Metro porque tienen un informe médico. De otra manera, no podrían llegar a diario a ver a su única hija.