El alza en los rubros agrícolas golpea con fuerza el bolsillo de los consumidores en la capital. Los incrementos de hasta 100 % en los mercados municipales reducen la capacidad de compra y fuerzan cambios drásticos en la dieta de las familias.
Caracas. Con saltos en los precios que van desde un 44 % en el tomate hasta un 100 % en el pimentón, la cesta de verduras encarece la mesa de los caraqueños. Los $30 que un comprador destina para subsistir apenas un par de semanas equivalen hoy al costo de 5 kilos de pollo, evidencia del desplazamiento del presupuesto familiar hacia los productos del campo.
Durante el último mes, hortalizas fundamentales como la cebolla registraron un incremento superior a los Bs. 1.000 por kilogramo en los mercados municipales. Este ajuste golpea con fuerza el poder adquisitivo, la capacidad económica para comprar bienes y servicios, de los compradores al momento de abastecerse de alimentos frescos.
El kilo de tomate pasó de Bs. 2500 en agosto a Bs. 3600 en septiembre. Por su parte, la cebolla se cotizaba en Bs. 1600 y actualmente alcanza los Bs. 2600, marcando un repunte del 62,5 % en apenas 30 días. El pimentón registró la mayor variación al pasar de Bs. 1500 a Bs. 3000 por kilo.
De acuerdo con estimaciones del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), la canasta alimentaria para una familia de cinco personas supera ampliamente el costo de la canasta básica regional.
Este encarecimiento contrasta con la realidad del ingreso mínimo del sector público, que se calcula a una base de 130 bolívares sin variaciones desde 2023, el cual se ubica muy por debajo de la cobertura necesaria para adquirir los productos agrícolas indispensables.

Presupuestos reducidos al mínimo
Para Gregorio Moreno, adquirir hortalizas y frutas resulta una dinámica cada vez más compleja. Cada mes debe destinar más recursos a la cesta básica, empujado no solo por la inflación que afecta directamente a los alimentos, sino también por la depreciación constante del bolívar.
“Ahorita se me hace bastante cuesta arriba comprar verduras, frutas y hortalizas porque todos los días cambian de precio. El mes pasado el tomate estaba más económico, pero ya está por las nubes otra vez. Lo mismo pasa con el pimentón, la cebolla y la zanahoria, que son rubros básicos para hacer una ensalada. Antes llevaba por kilos, ahora compro por unidad”,
dijo.
Señaló que hace cuatro o cinco años la compra de productos frescos representaba la fracción menor de su presupuesto. Sin embargo, hoy compite directamente con el gasto destinado a proteínas como carne o pollo, e incluso con los víveres.
“Hace algunos años compraba primero la proteína, luego los víveres y con el remanente adquiría las hortalizas y las frutas, y el dinero rendía. Ahorita, con estos precios, hay que gastar al menos $ 30 para abastecerse solo por una semana o máximo 15 días. Con ese monto podría comprar hasta 5 kilos de pollo; miren a dónde hemos llegado”, cuestionó.
Moreno espera que en los próximos meses se concrete un ajuste en los ingresos de los trabajadores y se estabilice el panorama macroeconómico, la situación general de la economía de un país, para frenar la pérdida del poder de compra.
“Corren rumores de un ajuste en el sueldo mínimo, ojalá se dé y el dinero alcance. Tienen que corregir la economía, frenar la fijación de precios en divisas y bajar la inflación. De lo contrario, seguiremos en lo mismo”, afirmó a las afueras del mercado de Quinta Crespo.

La cacería de ofertas
Por su parte, Daniel Sierra asegura que vive en una constante búsqueda de ofertas para optimizar su presupuesto en frutas y verduras.
“Vengo a Guaicaipuro porque resido cerca, en la avenida Andrés Bello, pero compro muy poco aquí porque los precios son elevados. Prácticamente me desplazo por toda Caracas buscando alternativas. Actualmente combino compras entre supermercados y los camiones de los gochos para hacer rendir el dinero”, aseguró.
Sierra recordó que la fluctuación en los precios de los rubros agrícolas suele responder a factores estacionales, las variaciones de oferta vinculadas a las épocas de cosecha o clima. Por lo que, frecuentemente, opta por sustituir productos costosos por opciones más accesibles.
“En mi casa consumimos mucho aguacate, pero dejamos de comprarlo un tiempo porque rozaba los $ 8 el kilo. Ahorita hay abundancia por la temporada y se consiguen hasta 5 kilos por $3 o$ 4. Eso ocurre con varias hortalizas y frutas. Por ejemplo, como la cebolla está cara, prefiero llevar cebollín, y sustituyo el pimentón por ají dulce”, destacó.
Brecha entre ingresos e inflación
Asimismo, lamentó la inestabilidad de los precios y sostuvo que la pérdida de valor del bolívar frente al dólar, en referencia al tipo de cambio oficial publicado por el Banco Central de Venezuela (BCV), empuja las cotizaciones al alza.
“El problema de fondo es la dolarización de los precios. Como uno percibe sus ingresos y paga en bolívares, siempre hay un desfase por la variación diaria de la tasa del BCV. Si ganáramos y pagáramos directamente en dólares, el impacto sobre el ingreso familiar no sería tan severo”, adujo.

El encargado de un puesto de hortalizas en los alrededores de Quinta Crespo atribuyó el encarecimiento del tomate, la cebolla y el pimentón a las severas condiciones climáticas que atraviesa el campo venezolano.
“El factor principal es la sequía que afecta al país. Cuando el clima daña las cosechas se genera escasez y los precios se elevan automáticamente. No me extrañaría que continúen los aumentos, porque los efectos del fenómeno El Niño se van a extender”, puntualizó.
Por su parte, gremios del sector agropecuario como la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) han afirmado que a las afectaciones del clima se le suman las dificultades operativas. Entre estas destacaron las trabas para conseguir insumos agrícolas , semillas, fertilizantes o pesticidas, y los elevados costos del flete , el valor del transporte de la mercancía, desde los estados productores.
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