Comerciantes del CSB pagan a Colectivo 6 de Diciembre para garantizar la seguridad

Comerciantes del CSB

Los inquilinos de los locales se han reunido en varias oportunidades con representantes de CorpoCapital. Las quejas de robos están planteadas y sustentadas. A la fecha, no hay respuesta ni para el mantenimiento de la infraestructura, ni para resolver el tema de la seguridad.

Caracas. La palabra abandono no describe lo que se ve dentro y fuera del Centro Simón Bolívar (CSB). Lo que está pasando con ese edificio patrimonial raya en la indolencia gubernamental y ciudadana. Tanto es así, que para poder tener un mínimo de seguridad los comerciantes del CSB pagan a grupos de choque —también conocidos como colectivos— para que garanticen la seguridad.

Las dos torres del Centro se carcomen por las filtraciones, que se aprecian en columnas, paredes y techos. El daño causado por la falta de mantenimiento está en toda la construcción, que data de 1955 y da cobijo a los ministerios de Cultura, Salud, Ecosocialismo y Aguas, al Servicio Autónomo de la Propiedad Intelectual y a la Fundación Red de Artes, así como dependencias de los tribunales y a otras instituciones gubernamentales que hacen uso de las torres gemelas, declaradas bien de interés patrimonial por el Gobierno.

Un atractivo que tenía el CSB lo representaba la galería de comercios ubicada en el nivel avenida, en la plaza y el sótano.

Hoy en día, principalmente el sótano y más hacia el lado este —donde está el mosaico de Oswaldo Guayasamín Homenaje al hombre americano— lo que reina son la oscuridad y la inseguridad.

Los ministerios clausuraron los ascensores del sótano. Foto: Mabel Sarmiento Garmendia

Los locales cerrados hablan por sí solos sobre la merma de la actividad. «80 %», dijo José Manuel Reis, comerciante.

Esa situación atrajo la indigencia, la delincuencia y generó espacios para el consumo y tráfico de drogas y de sexo.

La situación no es desconocida por los entes gubernamentales:

En vez de buscar solución, lo que hicieron fue cerrar sus salidas hacia los sótanos y solo dejar las que van hacia el nivel avenida. Entonces ya no pasa nadie por estos lados. Tampoco los que por rutina usaban los pasillos internos para tener comunicación entre el Metro y el terminal Río Tuy, contó Lucy Jiménez, a quien el pasado 27 de febrero le hurtaron varios electrodomésticos, sin que hasta ahora el Cicpc le dé pistas de los ladrones.

Los comerciantes se han reunido en varias oportunidades con representantes de CorpoCapital. Las quejas están planteadas y sustentadas. A la fecha, no hay respuesta ni para el mantenimiento de la infraestructura, ni para resolver el tema de la seguridad.

Felipe Castro, también arrendatario, dijo que más bien las autoridades de CorpoCapital duran muy poco y, por tanto, no se avanza en los planes de rescate.

Por tanto, tomaron la determinación de pagarle al Colectivo 6 de diciembre, para que cumpla funciones de seguridad. Lo hicieron conscientes del riesgo. Pero era perder todo o seguir trabajando.

Los comerciantes han alumbrado algunos pasillos. Pero la instalación es muy grande y muchos de los espacios lucen así. Foto: Mabel Sarmiento Garmendia

15 hombres, algunos expolicías, se reparten la custodia, que por deber le corresponde al Estado por tratarse de un patrimonio de la ciudad. Están en el nivel avenida, en la plaza, en los sótanos y hacen rondas por los pasillos.

Ellos mismos, sus nombres se reservan, han agarrado “a violadores en plena faena, a GNB teniendo sexo con menores, a funcionarios consumiendo drogas”, además de los hampones comunes. Todo eso lo tienen registrado en fotos y en un libro donde anotan las incidencias.

Cuando son casos graves, los pasan a la Policía Nacional Bolivariana (PNB), los llevan esposados y dejan que los oficiales cursen la investigación.

“Desde que estamos aquí ha bajado el delito, se nota más seguridad y la policía lo sabe. Sucede que ahora hay algunos roces con los guardias”, dijo uno de los colectivos.

“No es el deber ser, pagarle a unos colectivos, pero es lo que nos está resultado”, comentó otro trabajador que pidió mantener su identidad en reserva pues piensa que las autoridades pueden amedrentarlo.

La mayoría de los locales están cerrados. Foto: Mabel Sarmiento Garmendia

Y no solamente hay un servicio de seguridad tercerizada en un bien de interés cultural, sino que además la limpieza también es otro gasto que sostienen los comerciantes.

“Si quieres un baño público, ven al CSB”, dijo Jesús Iglesias. Prácticamente en eso se convirtieron las escaleras, los pasillos sin luz y las fosas de los ascensores clausurados.

La hediondez supera todos los niveles de aguante de una nariz sana. Es insoportable. “Por eso la gente no pasó más por aquí”, refirió Iglesias.

El deterioro se extiende por todos lados_ Foto: Mabel Sarmiento Garmendia

Ahora le cancelan un salario a dos muchachas que todas las mañanas asean los corredores y hacen un poco más habitable el espacio. También compraron algunos bombillos e iluminaron los tramos donde hay más locales en funcionamiento.

No han podido hacer nada con las filtraciones, pues eso demanda un trabajo especial. Las losas que se ven en el CSB son originales y no es fácil removerlas sin la supervisión del Instituto de Patrimonio Cultural.

Ahora un nuevo problema se suma al rosario de quejas: la plaza Caracas, en la cubierta superior, es usada como estacionamiento de los organismos del Estado.

Este miércoles 52 vehículos estaban parados en horas de la mañana en ese espacio que ya no tiene ni alumbrado público.

Uno de los porteros del Ministerio de Trabajo, al consultársele si cualquiera podía aparcar en ese sitio, dijo que era para funcionarios públicos, “pero si es por un caso especial para traer a una persona con discapacidad, se pude parar”.

Los carros que aparcan en la plaza son todos de los entes públicos. Foto: Mabel Sarmiento Garmendia

Los comerciantes hace dos meses solicitaron que colocaran una guaya en el acceso que da hacia la avenida Baralt, y todavía la están esperando. Mientras llega la solución, el piso de la plaza se fractura, ya hay zanjas de más de tres metros, se observa un desnivel y un hundimiento en el ala central y cuando llueve el agua se filtra a los locales y pasillos.

Todos los martes CorpoCapital se reunían con los comerciantes. Estos encuentros están suspendidos y, por ende, se desconocen los planes de recuperación. Por lo pronto, los afectados están organizándose y reactivando la asociación de comerciantes, para no solo enviar comunicaciones a los ministerios sino también para buscar soluciones a corto plazo.

Las filtraciones del ala superior no dan tregua a los comerciantes. Foto: Mabel Sarmiento Garmendia

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