Ramona Gómez solo recibe ayuda de Graciela Gómez, una de sus hijas, que barre en una panadería cercana del sector y con lo que le pagan —efectivo o pan— ayuda a su madre. Sus otros hijos no le dan nada.

Maracaibo. El trabajo duro lo lleva escrito en sus pupilas. Las arrugas que le adornan la cara se inundan de lágrimas cuando narra “la desgracia” en la que ha caído. Ramona Gómez de 83 años es pensionada, vive en el sector 18 de Octubre, al norte de Maracaibo. Ella levantó a sus siete hijos con la venta de empanadas. Así pudo construir la humilde casa en la que hoy vive con su hijo, José Gregorio Gómez, de 56 años y Pablo Zambrano, de 84 años, su esposo, todos discapacitados y mal nutridos.

Ramona dejó entrar a Crónica.uno en su hogar para mostrar su realidad. Yo cobro la pensión pero eso no me alcanza para nada. Tengo que ir hasta cuatro veces seguidas a los bancos para que me puedan pagar. Cuando me dan los cobres compro yuca y mantequilla y comemos una vez al día hasta que me vuelvan a pagar.

La mujer con problemas de hipertensión confesó que se levanta temprano y visita la sede del consejo comunal donde “una muchacha” le da comida “a veces”, también va a la Iglesia y el padre también le colabora, así pasa sus días, pidiendo para poder comer.

Su esposo y su hijo duermen, comen y hacen sus necesidades en dos colchones que tienen en un cuarto caluroso y con poca luz. José Gregorio, ex policía regional del Estado fue golpeado brutalmente en protestas de 2016, causándole discapacidades motoras y mentales. Pablo no puede caminar debido a un problema en su rodilla derecha y sufre de convulsiones. Ninguno de los tres toma sus medicamentos por los altos costos, aunque Ramona confiesa: A veces nos visitan los médicos cubanos, dicen que ellos y yo estamos desnutridos pero no nos dan medicinas porque en el CDI no hay.

Ramona solo recibe ayuda de su hija, Graciela Gómez, de 61 años, que barre en una panadería cercana del sector y con lo que le pagan —efectivo o pan— ayuda a su madre. Sus otros hijos no le dan nada.

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Mientras mostraba su carnet de la Patria la mujer soltó:

Yo lo que pido es que me ayuden por ellos, no por mí. No quiero ver más a mi hijo y a mi esposo sufriendo. Quisiera que volvieran aquellos tiempos en los que uno se ganaba sus cosas porque pedir es horrible, da pena. Hace cuatro años que estamos pasando hambre y aunque yo amo a Chávez, Maduro no entiende que lo que dan no alcanza. Todo está muy caro, a veces me provoca terminar de morirme porque ya no aguanto más.

Fotos: Mariela Nava



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