Sus hijos aseveran que la negligencia de efectivos del Sebin al negarle atención médica fue lo que ocasionó la muerte de su padre, quien se encontraba en un cuadro depresivo y desorientado psicológicamente.

Caracas. La última vez que los hijos de Modesto Díaz vieron a su padre fue como hablar con una pared. “Estaba desorientado, desencajado. Casi no nos reconocía. No entendía lo que le decíamos”, dice uno de ellos, Marvin Díaz. El aislamiento por dos meses en la cárcel de El Helicoide generó un deterioro en las condiciones de salud de Modesto, militar retirado de 63 años, que prestó servicio en el Ejército y en la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Para sus hijos, este mismo aislamiento fue lo que ocasionó su muerte. 

Díaz era un preso común, presuntamente acusado por posesión ilícita de armas. No obstante, nunca tuvo audiencia preliminar. Lo detuvieron el 25 de agosto de este año en Sabana Grande e inmediatamente fue trasladado a El Helicoide y puesto bajo aislamiento, asegura su familia, quienes lograron verlo dos meses después, el 28 de octubre. Pero ya era tarde. La depresión y el miedo se habían apoderado de esta persona que sus allegados recuerdan centrada, alegre, culta y fraterna, sobre todo lo último. Mi tío creía en la fraternidad, en la unión familiar. Era un ejemplo. Tenía ese carisma de buen padre, de líder de familia, cuenta su sobrino, Juan José Delgado.

Piel amarilla, 30 kilos menos, dificultad para hablar y caminar, y sin lucidez, ese es el último recuerdo que Marvin y Queover Díaz tienen de su papá aquel domingo 4 de noviembre que lo visitaron, y fecha en la que falleció. Se cansaron de solicitar a funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) una atención médica durante el plazo de detención de su padre, pero nunca se la concedieron.

A las 6:30 p. m. los hijos del militar recibieron una llamada de efectivos del Sebin en la que les anunciaron que su padre había sido trasladado de emergencia al Hospital Universitario. Un anuncio tardío, porque cuando llegaron al centro hospitalario se enteraron de que Modesto había ingresado a las 4:10 p. m. sin signos vitales y el cuerpo se encontraba en la morgue de Bello Monte.

Nosotros queríamos sacarlo rápido de ahí, cambiarlo de penal. Al final, ni siquiera sabíamos si era culpable por el delito del que lo acusaban porque cuando lo vimos su mente ya estaba ida. La tortura psicológica fue lo que lo mató. El no vernos, no tener contacto con ninguna persona cercana, lo destruyó. Tenía hasta miedo de comer porque pensaba que lo iban a envenenar. Así nos dijo, desesperado, narra Queover Díaz.

Modesto era atleta y miembro de la Federación Venezolana de Tiro (Fevetiro). Sus hijos comentan que a veces ayudaba al mantenimiento y cuidado de las armas. Lo que te puedo decir es que mi papá era armero, siempre trabajó con armas, pero en el buen uso de las armas. Cualquiera que revisa su trayectoria profesional encontrará que tuvo una carrera impecable y nadie podrá tergiversar eso, sostiene Marvin Díaz.  

Sargento primero, oriundo de Camatagua, el segundo de 11 hermanos y chavista por convicción. De hecho, sus ideales políticos le ocasionaban discusiones esporádicas con sus hermanas, quienes comulgan con los líderes de oposición. Yo siempre le decía que si no veía lo mal que estaba el país, y no solo eso, que cada vez está peor, comenta su hermana, Sonia Díaz. Pero a pesar de las diferencias, como todo hermano mayor, Sonia relata que su difunto hermano la protegía, la cuidaba. Su otra hermana, Claribel Díaz, cuenta que ella le pedía la bendición como 20 veces en cada oportunidad que lo veía. Éramos como cualquier par de hermanos. Siempre apoyándonos en las buenas y en las malas. Pero esto es un gran injusticia. Lo mataron, dice.

Los familiares introdujeron una denuncia ante el Ministerio Público, porque, más allá de que el acta de defunción indique que la causa de muerte fue un infarto intestinal, están convencidos de que Díaz murió por la negligencia de los efectivos del Sebin. Además, sus hijos aseguran que él era una persona sana sin ningún tipo de problema médico antes de ingresar a la cárcel. Les preocupa que, como su papá, son numerosos los casos que hay en El Helicoide donde se violan los Derechos Humanos. “No hay ningún tipo de derecho, si ni siquiera te garantizan el de la vida, que es el más preciado”, señaló.

Desde el velorio de su padre, justo al lado de la urna —de la cual no se separaron ni siquiera para comer o beber café— expresaron que son varios los enfermos tras las rejas. Incluso han escuchado historias de jóvenes con más de 25 audiencias preliminares diferidas y que tienen dos años detenidos.

Modesto sería el tercer preso que muere en El Helicoide. Los otros dos, que eran presos políticos, fueron: Rodolfo González, también conocido como el Aviador, acusado por el Gobierno de participar en las protestas de 2014 y ser cómplice de “hechos violentos”. El otro caso fue el del concejal por el municipio Libertador y dirigente de Primero Justicia, Fernando Albán, que el Estado sostiene que suicidó lanzándose de un piso 10, mientras que diputados a la Asamblea Nacional e instancias internacionales exigen investigaciones independientes que esclarezcan las condiciones de su muerte.

Lee también
Sebin hostiga y persigue al exgobernador Velásquez en Puerto Ordaz

Participa en la conversación