32 horas sin luz en Valencia dejaron en números rojos a comerciantes de la ciudad

La falta del servicio de luz, que en algunos sectores aún no ha sido restituido, causó pérdidas a comerciantes, que vieron mermadas sus ventas por la poca afluencia de compradores y fallas en las comunicaciones telefónicas y de internet.

Valencia. Valencia estuvo 32 horas sin servicio eléctrico y aunque las autoridades de Corpoelec no han emitido un comunicado precisando lo ocurrido, ni mucho menos el gobernador de Carabobo, Rafael Lacava, o el alcalde Julio Fuenmayor, la realidad es que el pasado jueves 4 de agosto, alrededor de las 7 de la noche, un rayo impactó con la subestación La Quizanda, ubicada en la Zona Industrial de la capital carabobeña.

De acuerdo con un audio difundido por redes sociales, el impacto del rayo generó un incendio en la subestación, cortándole el servicio a buena parte del municipio Valencia, en especial a las urbanizaciones de la parroquia San José (Prebo I, II y III, El Bosque, Kerdell, El Trigal, etc). El daño no solo ha dejado sin luz a buena parte de la ciudad, sino que también ha interferido en las comunicaciones telefónicas y en el servicio de internet.

Otros de los grandes afectados por el fenómeno han sido los comerciantes. En el centro histórico de la ciudad, el volumen de compradores disminuyó por el apagón. Muchos negocios se valieron de plantas eléctricas para poder subir las santamarías, otros las tuvieron que abrir a medias, pero aquellos que no cuentan con los recursos para un generador, recurrieron a velas y  linternas de  celulares.

Fotografía: Armando Díaz.

En una mercería ubicada en el boulevard Constitución, Brennys Pérez acaba de vivir su primer apagón como vendedora del local. Lleva solo una semana y ya ha sufrido uno de los embates de la crisis: «Abrimos a las ocho de la mañana, bien tempranito y te puedo decir ahora mismo que es mediodía que el primer problema es la baja de clientes».

En este local normalmente al mediodía ya han entrado unos 300 clientes y han vendido cerca de $ 1.000. Pero a causa del apagón las ganancias se reducen a unos $ 300. «Somos una mercería muy conocida en la zona. Aquí viene todo el mundo a comprar. Decirte que se llevan un cordel o un botón sería mentirte. Aquí se llevan todo. Solo tienes que ver nuestros estantes. Siempre estamos llenos gracias a Dios», aseguró.

Fotografía: Armando Díaz.

Durante la entrevista hecha a Pérez cerca de 20 personas entraron en el negocio, la mayoría de ellos mujeres. Una buena parte salió con bolsas llenas. A pesar del apagón las trabajadoras resuelven con las linternas del celular y alumbran cada rincón y cada pequeña caja. De hecho, el haz de luz se ve en constante movimiento mientras unas tres pequeñas velas iluminan el mostrador pobremente.

En el fondo del local hay una lámpara recargable del tamaño de una pelota de fútbol que facilita aún más el proceso a las trabajadoras. «Creo que lo más difícil de trabajar así es que, como verás, una mercería siempre está full de cositas. Si me piden algo que es muy pequeño, encontrarlo se vuelve más complejo, entonces toca enfocar bien esos ojos o buscar por el código del producto hasta llegar a él. Normalmente me toma unos 30 segundos. Sin luz, cuando mucho, tres minutos».

Fotografía: Armando Díaz.

En cuanto a los pagos, la mercería cuenta con un punto de venta con el que reciben los pagos. «Pero no te creas, la señal también ha estado bien fastidiosa, entonces hay que intentar varias veces hasta que lo procesan, pero otras veces no ha habido tanta suerte. Entonces el cliente se cansa y se va».

Aunque en esta mercería han logrado salir airosos ante la adversidad, otros no han tenido la misma suerte, como es el caso de una farmacia ubicada en el mismo boulevard. Dos de sus cinco empleados están sentados en las escaleras del comercio, conversando, matando el tiempo. No son los únicos, en el local de al lado, que ofrece servicios de telefonía Movistar, el panorama se repite.

Fotografía: Armando Díaz.

Mariángel Vera es una de las encargadas de dicha farmacia. «Estoy aquí sentada porque ya no se qué hacer. Abrimos tempranito en la mañana, pero no hemos vendido nada. Realmente es imposible, porque la señal no sirve, los puntos de venta están muertos y el sistema está caído», expresó.

Esta farmacia, ubicada en un punto privilegiado de la ciudad, vende por día alrededor de $ 500. Este viernes no llegan a los $ 50. «Es muy frustrante porque hay que cumplir horario a sabiendas de que el servicio no vuelva por hoy. Entonces como personal hay que venir y estar y estar sin hacer realmente nada. Lo único que hemos hecho es ordenar las estanterías, tratar de rellenar espacios, pero igual es muy frustrante».

Mientras Vera conversa con el equipo de Crónica.Uno, un hombre de alrededor de 70 años de edad se acerca a la vendedora: «¿Tiene brugesic?». Aunque el señor recibe como respuesta un sí, este va acompañado de un «pero no se lo podemos vender porque no tenemos luz».

Fotografía: Armando Díaz.

Aunque otros locales tienen las santamarías arriba, esta farmacia la tiene casi un 70 %  abajo. Solo se puede ver el mostrador si alguien se agacha, es ahí donde uno puede mirar a los cajeros con cara de sueño esperando que el servicio eléctrico sea repuesto.

«Hoy es un día de pérdida y un día de pérdida es un día que difícilmente se podrá recuperar», explica la mujer, que lleva cuatro meses en el negocio.

Al mediodía, a algunos locales del centro histórico se les restituyó el servicio eléctrico. De hecho, al momento se escucharon varios gritos. «Volvió, volvió», pero en la zapatería El Trigal, a escasos metros de la plaza Bolívar, las luces siguen apagadas y el negocio vacío, a excepción de las dos trabajadoras que visten chemises violetas y el encargado, quien dice que «es preocupante este tipo de apagones porque si no hay luz, no hay clientes».

Fotografía: Armando Díaz.

Durante toda la mañana solo han logrado vender tres pares de zapatos, lo cual es una pérdida para ellos. «Para nosotros vender solo tres pares un viernes es sinónimo de pérdida. Gracias a Dios nuestro producto no depende de refrigeración, pero me pongo a pensar en los demás comerciantes. Esos si se la ven fea», manifestó.

En un viernes normal la zapatería El Trigal puede llegar a vender hasta 50 pares de zapatos. Lo cual le da unos altos índices de ganancia, equivalentes a unos $ 1500, pero en esta oportunidad escasamente rozan los $ 100. Aunque el panorama es malo, el trabajador explica que espera que el servicio sea restituido pronto y el escenario no se termine transformando en una nueva versión del apagón de 2019, el cual afectó a casi todo el país dejando a algunas regiones hasta cinco días sin servicios.

«Nosotros podemos tener el punto de venta inalámbrico pero eso de nada sirve si cuando la gente pasa en frente del negocio nos ven con las luces apagadas. Eso es una mala señal, así nadie vende. La gente pasa de largo porque piensan que no podemos resolver y no hay forma de culparlos. Yo también lo haría»:

Fotografía: Armando Díaz.

Otros ni siquiera han logrado vender algo de su mercancía, como es el caso de los trabajadores de un mercado a cielo abierto que hay justo al inicio del mencionado boulevard. Mucho están sentados en sillas de plástico a la espera de que alguien pase. A diferencia de otros momentos, los vendedores no saltan de sus puestos a ofrecer mercancía y debido a la caída de los servicios telefónicos la mayoría desconoce que un rayo cayó en la subestación La Quizanda.

«Ay mijo esto no es nada bueno. Yo no sé qué fue lo que pasó, pero sin señal ¿Cómo vendemos? La única opción es que nos paguen en dólares, pero en efectivo, y no todo el mundo tiene para darnos $ 10 o $ 15 porque lamentablemente no hay suficientes billetes. Yo solo le pido a Dios que nos resuelvan pronto, porque esto no puede seguir», explicó.

Fotografía: Armando Díaz.

Otros prefieren no hablar, es el caso de varios comerciantes provenientes del medio oriente. «No vamos a cooperar con ustedes y menos con periodistas venezolanos que les gusta inventar». Sin embargo, sus locales también sufren los embates de la famosa explosión.

No obstante, todos los entrevistados, exceptuando la dependienta de la mercería, afirman que en el casco histórico son muy pocas las veces que se va el servicio eléctrico. «Al mes puede que se vaya dos veces», aseveran.

A las 2:30 a.m. del sábado 6 de agosto el servicio fue restituido, pero la alegría duró poco para algunos sectores como Sabana Larga, al norte de la ciudad, donde a las 10:13 a.m la electricidad fue cortada nuevamente.


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