El reciente cierre de Entrelibros y Estudios en La Castellana preocupa al sector del libro, donde se teme por las consecuencias en el universo lector del país.

Caracas. Montserrat Bertolotto se siente triste. Hay razones. Su negocio de más de 40 años dejará de abrir sus puertas. Atrás quedará ese lugar en los Palos Grandes que se convirtió en el sueño hecho verdad: Entrelibros. 

Desde 1977 la librería fue una forma de vivir que más que negocio fue una pasión por ofrecer mundos a través de la lectura. “Es más que todo un asunto romántico”, dice la mujer de origen catalán que llegó al país hace más de 70 años. “Uno tiene que quemar etapas, y me tocó”.

Junto con su esposo, Luciano Bertolotto, en Entrelibros creó una mística rutina que le granjeó leales clientes y amigos.Cuando decidimos abrir un negocio, le dije a mi esposo que quería una librería. Él me complació. Ahora, tomamos esta decisión por varias circunstancias. Como se sabe, está la crisis general del país. El sector de libros está muy golpeado desde hace años. Pero también muchos familiares se han ido. Nuestros hijos no están acá, y nosotros somos muy mayores”, dice Montserrat Bertolotto, de 83 años de edad, la mente creadora de una librería en la que ha contado con su esposo, de 85 años de edad, como copiloto. 

Ese mundo que construyeron fue disminuyendo. Recuerda con regocijo cómo los vínculos con Entrelibros pasaron a nuevas generaciones. Clientes que primero llevaron a sus hijos y luego a sus nietos. Pero muchos empezaron a irse de Venezuela. Además, la pandemia y sus despiadadas maneras afectaron al sector. 

El matrimonio no descarta emigrar. Por los momentos, ordenan los libros que durante estos días rematarán. De sobrar algunos, tal vez los donen a algún colegio. “Estamos evaluando. El libro es una cosa que jamás se puede botar. Estaremos abiertos dos o tres semanas más”. 

Para ilustrar cómo eran las ventas, detalla: “Nosotros mandábamos a hacer etiquetas con el nombre de la librería. Dos o tres veces al año pedíamos aproximadamente cinco rollos, de 1000 etiquetas cada uno. Ahora tenemos tres rollos sin empezar. Hace dos años que no encargamos más”. 

La dueña de Entrelibros recuerda cuando Venezuela era sede de editoriales como Ediciones B, Random House o Planeta, pero esos sellos ahora tienen oficinas en países como Colombia. Tampoco quedan muchos importadores de libros. Esa es la verdad, acota.

Montserrat y Luciano Bertolotto en la librería Entrelibros. Foto posiblemente tomada en 2011. Cortesía Montserrat Bertolotto

En sus anaqueles era común encontrar ficción, novelas históricas, libros para niños y adolescentes. La mezzanina del local estaba dedicada a la literatura infantil y juvenil. “Envío un fuerte abrazo a la gente que nos conoce, que ha estado con nosotros y nos ha ayudado tanto. Los queremos mucho”, concluye Montserrat Bertolotto. 

La noticia de Entrelibros se conoció la misma semana del cierre de la sede de Librería Estudios en La Castellana. Ahora solo operará la ubicada en Altagracia, en el centro de Caracas.

El crítico de cine Luis Bond y la abogada Andrea Rondón publicaron en redes lo ocurrido. Coincidieron en el lugar mientras los encargados empaquetaban los libros. De esa forma se enteraron. Una triste sorpresa para ambos. 

Luis Bond lamenta que no informaran con antelación sobre la mudanza. Considera que un lugar emblemático para los lectores de la ciudad necesitaba un cierre digno, un encuentro entre los asiduos que han conseguido en esos anaqueles libros entrañables.

Librerías Caracas
A mediados de abril comenzaron a embalar los libros de Estudios en La Castellana. Cortesía de Luis Bond

“Me afectó y sorprendió profundamente la actitud despersonalizada del representante de la nueva directiva, el señor Toledo que se llamó a sí mismo, de forma jocosa, el ejecutor”, indica en su cuenta de Instagram el también profesor universitario. 

Y agrega: “Lejos de mostrar algo de empatía, sus comentarios estuvieron completamente fuera de lugar, como si se cerrara una franquicia genérica, minimizando la situación diciendo ‘ahora tendremos delivery, no pasa nada’, omitiendo que Estudios no es un simple negocio: es una familia”. 

La Librería Estudios La Castellana fue fundada a finales de los años setenta por el padre Carmelo Vilda. Un proyecto concentrado en la literatura, la poesía y el ensayo que surge como una de las áreas de acción de la Distribuidora Estudios, principalmente enfocada en publicaciones educativas, como los libros Angelito y Mi Jardín. Parte de una iniciativa de la Compañía de Jesús en Venezuela. El librero actual es Jesús Santana, quien está en el cargo desde 2011. 

Librería Estudios de La Castellana fue un lugar para diversas tertulias. Cortesía Luis Bond

El sacerdote Eloy Rivas Sánchez es administrador general de la Compañía de Jesús en Venezuela. A través de Whatsapp, pide que toda inquietud sobre el cierre de la librería fuera comunicada por escrito por ese medio. Afirma: “Le comento que debido a la situación de pandemia COVID-19 estamos en un proceso de transformación organizativa que nos permita continuar funcionando como un modelo de servicio de calidad, viable y sustentable. Es importante destacar que en el equipo humano de Distribuidora Estudios seguimos empeñados y comprometidos a seguir trabajando por la calidad de la educación y de la formación en Venezuela, que es nuestro horizonte fundacional. En esta dirección, pronto haremos público un comunicado oficial para nuestros clientes y aliados”. 

Asevera que la decisión no se debe a una nueva gerencia. “Hace un año, se realizó la planificación estratégica de la Compañía de Jesús en Venezuela, denominado El Plan Apostólico. En este proceso se revisó y evaluó la misión, el alcance y la sustentabilidad de todas sus obras. En el caso de Distribuidora Estudios se evaluó viabilidad operativa y financiera de sus resultados y gestión desde el año 2017; y una vez hecha esta revisión y presentados los hallazgos a las instancias correspondientes, la gerencia, que no es nueva, procedió a implementar las recomendaciones y acciones correspondientes para mantener la sustentabilidad operativa de la empresa”.

Sobre la inexistente comunicación al público sobre el cierre, el padre indica que las dinámicas actuales del país muchas veces limitan la capacidad de respuesta. Dice que probablemente por cortesía debieron comunicarlo, pero que no haberlo hecho no se debe a una decisión premeditada. “Comprendemos el sentir de algunos clientes vinculados a nuestra antigua sede de La Castellana, pero no podemos en estas circunstancias del país alimentar pesimismos; al contrario, las crisis brindan posibilidades inéditas e insospechables para despertar en cada uno de nosotros la creatividad e ingenio que nos permita superar las dificultades”.

Recuerda, además, que preparan nuevas promociones y servicios de entrega a domicilio, adaptados al contexto de la pandemia. Se le preguntó por las funciones y el nombre completo del señor Toledo. Responde que no puede dar crédito alguno a información que se transmita a través de canales no oficiales. 

Sobre la continuidad en la importación de novedades para la librería, asegura que una vez finalice el actual proceso que llevan a cabo, retomarán esas dinámicas. “También tenemos en proyecto, pero en su momento habría que ver la factibilidad, el acompañamiento editorial de nuevos escritores nacionales en las áreas de humanidades para generar una mayor oferta literaria con talento venezolano. Además de la necesaria actualización de nuestros tradicionales textos escolares”. 

Entre libreros de Caracas recientemente corrió el rumor del posible cierre de la librería Historia, ubicada en el casco histórico de Caracas. Pero uno de sus responsables, Luis Castellanos, asegura que no es verdad. “Mientras el cuerpo aguante, seguimos”, comenta quien actualmente se encuentra solo encargado del negocio. Su hermano Jonás está “quebrantado de salud”. Atiende al público en las semanas de flexibilización. 

El historial

Estas dos librerías cerradas se suman a la lista de las tantas iniciativas privadas que han clausurado en años recientes. Para el registro y los buenos recuerdos quedaron nombres como Suma, Lectura, Macondo, Lugar Común, Templo Interno, Noctua, Cruz del Sur o La Librería del Ateneo de Caracas. El Estado mantiene la red Librerías del Sur, pero con un catálogo circunscrito en buena parte a la ideología revolucionaria que desde el poder se pregona. 

Sin embargo, todavía hay librerías privadas que siguen en medio de la lúgubre realidad política, social y económica. La cadena Alejandría es una de las que todavía opera. Actualmente despachan durante las semanas flexibles en la sede de Paseo Las Mercedes, pero antes de la pandemia atendían al público en el local de Plaza Venezuela, y en la ciudad de Mérida, estas dos últimas en las otroras librerías Ludens. La ubicada en el Centro Comercial Chacaíto cerró cuando en 2016 hubo uno de los cambios de administración que ha tenido. 

El librero Javier Marichal recuerda que son momentos en los que lo virtual y lo real provocan confusiones. Asegura que la situación es compleja, incluso antes de la pandemia. Recuerda la partida de sellos internacionales en la época del férreo control de cambio, que dificultaba obtener en divisas algún retorno. “Pero también está la inflación, que ha pulverizado los sueldos. Las prioridades no están en el libro sino en algo tan elemental como el alimento, y ahora con la pandemia, en la medicina y el cuidado de los seres queridos. Tenemos que mencionar a la diáspora, que no solo se ha llevado a un número importante de lectores, sino también a profesores universitarios, personas que tenían un consumo bibliográfico importante”, acota quien hasta 2011 fue librero de Librería Estudios La Castellana. Durante la pandemia han impulsado la venta a través del delivery. En Instagram publican lo que tienen.  

Librería
La vitrina de la librería Alejandría en Paseo Las Mercedes se caracteriza por estar siempre reluciente. Cortesía Javier Marichal

Reconoce que son momentos en los que están cambiando los paradigmas tanto en producción, distribución y consumo de libros, pero recuerda un reciente artículo de Jorge Carrión, en el que detalló cómo durante el confinamiento, en ciudades como Barcelona y Madrid, se han abierto librerías. “La gente  tiene una enorme necesidad de tener la lectura como forma de distracción, de entender el mundo y comprenderse como ser humano”.

Recuerda que los libreros venezolanos también se han enfocado en ofrecer libros de segunda mano. Ante la ausencia de novedades como antes, hemos tenido que encontrar esas maneras de satisfacer a los clientes que buscan obras que están agotadas o fuera de catálogo.

Ahora bien, exalta a aquellas editoriales que siguen ofreciendo títulos en el país. Entre los sellos que constantemente ponen sus libros en los anaqueles locales están Eclepsidra, Libros del Fuego, Editorial Dahbar, Monroy Editor, Ediciones Ekaré, Oscar Toddman Editores. Son solo algunos. “Hay que celebrarlo”, dice, al igual que elogia otras librerías que se mantienen, como El Buscón, La Gran Pulpería del Libro y Kalathos. 

En el Trasnocho Cultural está El Buscón. Su gerente, Katyna Henríquez Consalvi, reconoce que cada vez que se entera del cierre de una librería, surge una enorme preocupación. “Es sentir que nos vamos quedando solos. Uno piensa en cómo una sociedad puede vivir sin librerías, espacios para el encuentro, para la vida democrática. Deseo que este panorama cambie. Tener más librerías implica un mayor universo de lectores. El futuro de ese universo está en riesgo”. 

Exalta la labor de editores locales por continuar su labor, a pesar de problemas como el desabastecimiento de insumos o la falta de incentivos desde el Estado. “Es muy doloroso ver cómo entran al país otras importaciones. Lo presenciamos en todos lados. Me imagino que estas personas tienen facilidades e incentivos que le permiten traer estos productos”. 

Actualmente El Buscón realiza envíos a domicilio. Ha sido la manera de subsistir. Dice que antes de la pandemia aproximadamente podían vender 2000 libros por mes. Ahora la cifra ronda los 300. Cuando hay flexibilización, hay quienes se acercan al local, pero el envío a casa  ha sido la forma principal de generar ingresos, además de llegar a otro público, pues han hecho envíos al interior del país, incluso al extranjero. La vitrina ahora está en su cuenta en Instagram. “Igual la experiencia ha sido muy fuerte. Se redujo mucho el personal, Prácticamente quedamos cuatro personas”. 

“Nunca imaginé que el perfil inicial que le dimos a la librería, enfocado en libros raros, agotados y, por lo tanto, de segunda mano, nos mantendría con vida en el futuro. Bueno, muchas de las librerías que han cerrado apostaban al libro usado, pero eso no es suficiente”, agrega la librera. 

Librerías Caracas
El Buscón suele tener como visitantes al público que visita el Trasnocho Cultural. Cortesía Katyna Henríquez Consalvi
No son bodegones

Esta semana la Cámara Venezolana del Libro y la Cámara Venezolana de Editores publicaron un boletín en el que expresan su preocupación por el sector.

A propósito de la celebración el 23 de abril del Día Internacional del Libro, ambas organizaciones gremiales titularon el comunicado así: “¡El sector editorial venezolano necesita urgentemente respiradores!”.

Piden la vacunación para la población, el personal sanitario y docente, para que de esta forma se pueda trabajar de forma continua en las escuelas. Además, solicitan incentivos fiscales y oportunidades crediticias que favorezcan la producción.

Enumeran problemas como la caída del consumo del venezolano con especial decrecimiento del libro, los altos costos de producción, ausencia de licitaciones para bibliotecas, deficiencia en la plataforma tecnológica. Señalan, además, que de acuerdo con registros de la Cámara Venezolana de Editores hay “una pérdida de mercado de alrededor de 70 %, derivada de la prohibición de entrada de la editoriales de textos escolares privadas a los colegios públicos y la implantación de la Colección Bicentenario”.

Destaca: “Carecemos de los atractivos de los bodegones, sin embargo, somos responsables de la generación de conocimiento, educación y cultura, pero nuestros márgenes de rentabilidad y flujo de caja están prácticamente agotados. Escasez de inventario y poca capacidad de producción es la sombra que se cierne sobre los libros”.

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