El Hotel Miramar, joya arquitectónica de principios del siglo XX, yace en el abandono al final del Paseo de Macuto. Sus vecinos lamentan que los espacios se hayan convertido en guarida de delincuentes e indigentes. Pese a las recomendaciones de restauración de grupos protectores del patrimonio nacional, el Ministerio de la Cultura, la Gobernación de La Guaira y la Alcaldía de Vargas no han mostrado interés en rescatar este sitio, donde estuvo el cantante argentino, Carlos Gardel.

La Guaira. Cuando se recorre el Paseo de Macuto en tiempos de COVID-19, la decadencia no solo se percibe en el deterioro de sus caminerías y espacios playeros. También, emerge a los ojos del visitante el desplome paulatino de una joya arquitectónica del siglo XX: el Hotel Miramar, donde el 25 de abril de 1935 el cantante argentino, Carlos Gardel, se hospedó por dos horas.

Tras arribar por el Puerto de La Guaira y recibir el afecto de miles de admiradores, el rey del tango no entonó ninguna pieza en la terraza del hotel, pero disfrutó de un almuerzo, atendió a la prensa e intercambió pareceres con los organizadores de su gira en Venezuela.

Hoy, ese Hotel Miramar muestra un estado de abandono directamente proporcional al declive social y humanitario del país.

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Foto: Cortesía Mirna Montemayor.

Cualquier turista, desprevenido del valor patrimonial del inmueble, pudiera pensar que el sitio es una jungla de maleza, olores nauseabundos y decadencia estructural. No se imaginaría el prestigio turístico que tuvo el hotel, concebido por el arquitecto Alejandro Chataing.

Preocupa, entonces, a sus vecinos que se haya convertido en guarida de indigentes, invasores y también de otros, que ejecutan delitos contra los temporadistas y transeúntes.

Indolencia
La infraestructura sobrevivió al terremoto de Caracas de 1967 (que se sintió en algunas zonas del este del Litoral Central) y a la tragedia de las lluvias de diciembre de 1999.

Entre las décadas de los setenta y fines de los noventa, en varios espacios del hotel funcionó un albergue del extinto Instituto Nacional del Menor (Inam). También se pudo realizar un mantenimiento preventivo, a través de un convenio entre la Fundación Museo Armando Reverón y la Alcaldía del municipio Vargas, en aras de promover actividades culturales con niños y jóvenes.

Con el advenimiento del nuevo estado Vargas en 1999, se congelaron los proyectos de rescate hasta el día de hoy: la terraza donde estuvo Gardel, los balcones, las cúpulas, las salas, los mosaicos de sus pisos y las habitaciones han soportado la corrosión de la humedad y la falta de un mantenimiento mínimo.

Ni siquiera por tener cerca un módulo de la Policía de La Guaira, los maleantes se inhiben de avanzar hacia las instalaciones desguarnecidas.

Hemos denunciado esta situación de delincuencia en los alrededores del Miramar y la policía no hace absolutamente nada. Esa zona es solitaria, poco transitada por vehículos, y cuando cae la noche empieza el desfile de esos malvivientes”, relató Dilia Rodríguez, quien es habitante del sector, donde también se ubica el hospital Materno Infantil de Macuto.

En la comisaría policial se pudo conocer que todas las semanas se registran un promedio de entre una y tres denuncias de los vecinos que sienten temor por la presencia de las personas en situación de calle.

Restaurar no da votos
“Aquí pasa como con otros inmuebles patrimoniales: no hay interés de parte del gobierno nacional, regional ni municipal, de restaurar o rescatar nada. Eso no da votos ni tampoco están dispuestos a cumplir con los protocolos internacionales de refacción”, declaró el excronista de La Guaira, Abilio de Oliveira.

El planteamiento anterior coincide con el de grupos protectores de bienes patrimoniales en la región, que propugnan la restauración del hotel como símbolo de un estado turístico, además de recordar que el mismo fue declarado Monumento Histórico Nacional en la Gaceta N.º 35.441, publicada el 15 de abril de 1994.

Esto es un gran problema para los comerciantes y todos lo que queremos reactivar la vida del Paseo de Macuto. En el Miramar están esos delincuentes y tampoco vienen las cuadrillas de limpieza de la Alcaldía y la gobernación para, por lo menos, cortar el monte inmenso y recoger toda la porquería de allí”, comentó Luis Cardona, encargado de una fuente de soda, próxima a la entrada del hotel inaugurado en 1928.

Otros vecinos sospechan que el desinterés para restaurar el inmueble no se fundamenta en la ignorancia cultural o la erogación del dinero público.

“Hemos escuchado en los consejos comunales, cada vez con más fuerza, que lo quieren es buscar el momento para echar abajo sus ruinas y levantar algo que les deje millones de dólares a los enchufados y eso sí sería una vergüenza”, advirtió Emilio Ladera, residente del Casco Histórico de Macuto.

En los presupuestos ordinarios de 2021 del Instituto de Patrimonio Cultural, la Gobernación de La Guaira y la Alcaldía de Vargas, no hay un solo bolívar destinado al rescate del Hotel Miramar ni de otro bien de herencia cultural en Macuto, como la Pensión Guanches y la Quinta La Azuleja, afectadas desde el deslave natural de 1999.


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