En medio de las dificultades la maestra Belkis seguirá remando su barco hacia las Colinas del Saber, nombre del preescolar al que dedica su vocación, porque está convencida de que así contribuye al desarrollo del país. Hoy en medio de la pandemia recibe todos los días a 36 niños, a quienes instruye en áreas principales de educación básica.

Cumaná. Belkis García es una joven mujer natural de la Guaira y madre de tres hijos, que hoy bien podría estar viviendo en España o Argentina, pero sus ganas de enseñar a los más pequeños son más grandes y la mantienen enraizada en Araya, cuna de sus padres, tierra de sal y de los azules de Cruz Salmerón Acosta, municipio del estado Sucre.

Sus hijos, como otros tantos, emigraron del país y pese a la insistencia para que viva con ellos, justo cuando han decidido echar raíces en otras latitudes, ella prefiere visitarlos de vez en cuando, pero siempre con el compromiso de regresar a Araya para hacer lo que más le gusta: enseñar a los niños de su comunidad.

A mis hijos les digo siempre: ‘Esto es lo que me gusta, no podría hacer otra cosa’. Y ellos después de insistir tanto al fin lo entendieron y ahora me apoyan”.

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Belkis recibe  lápices, cuadernos y otros implementos que le envían sus hijos que están en el exterior para repartir entre sus alumnos. Foto: Mónica Salazar.

A Belkis, sus padres la llevaron a Araya muy chiquita, allí estudió hasta cuarto grado y regresó a la Guaira, pero, como la tierra llama, volvió a la península hace12 años de donde salió solo por un tiempo para estudiar en Vargas y fundar un preescolar. Sin embargo, era otro mar el que la atraía.

Cuando llegó la hora de elegir qué estudiar a nivel superior, por lo más práctico para ella en ese momento, escogió Contabilidad, pero siempre con la debilidad por el proceso de enseñanza para los más chicos.

Así que no perdió tiempo y continúo con su formación integral, pero esta vez aprovechó la oportunidad de participar en un programa que adelantaba para la época la Casa Guipuzcoana en la Guaira donde dictaban cursos de educación dentro de un proyecto de recreación para los niños en edad preescolar.

Belkis participó de este programa, que encendió aún más la llama que mantenía muy dentro de su corazón: “Quería enseñar a los pequeños y culminar satisfactoriamente ese curso me motivó a consolidar mi propio proyecto: montar mi propio preescolar”.

Colina del Saber fue un sueño hecho realidad. Ese es el nombre del preescolar de Belkis, que por causas de fuerza mayor tuvo que cerrar sus puertas en la Guaira cuando debió dedicarse al cuidado de un hermano enfermo en Araya.

Pero este compromiso no la alejó de lo que siempre le ha gustado hacer, enseñar.

Con la ayuda de mis hijos, me traje todas las cosas de mi preescolar para Araya. Cargamos con mesas, sillas, estantes, nos trajimos todo lo que pudimos y abrí mi escuelita aquí, donde me necesitan”.

La escuelita de Belkis

En Araya, municipio Cruz Salmerón Acosta del estado Sucre, la escuelita de Belkis hace la diferencia en medio de la pandemia.

Belkis dispuso de los espacios de su propia casa para recrear la escuelita donde recibe, bajo todas las normas de bioseguridad, a los niños que van a vivir la aventura de aprender “con la maestra de la escuelita” como todos la conocen.

Aunque reconoce que la profesión del maestro en Venezuela es muy maltratada y sabe de las necesidades del gremio docente, ella hace lo que le corresponde, dice que mientras pueda seguirá “la fuerza de su corazón”.

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Belkis no se rinde ante las dificultades y seguirá impartiendo sus clases. Foto: Mónica Salazar.

Sabe de muchos maestros en la península que no tienen ni siquiera zapatos para ir a sus planteles a dar clases, incluso conoce de algunos que le confiesan que lo que ganan no les alcanza ni para comer.

Belkis asegura que las penurias de los maestros son las mismas de los niños que van a su escuelita, en la que los que pueden hacen un pago simbólico de 150.000 bolívares mensuales.

“Aquí me llegan niños sin comer incluso algunos se me han desmayado, pero con mis propios recursos y lo que me mandan mis hijos ayudo a los más necesitados”.

Belkis no recibe patrocinio ni público ni privado. Cuenta con sus hijos como sus más fieles colaboradores. “Mis hijos me apoyan en esta labor que decidí continuar y me envían cuadernos, lápices, creyones y lo que en medio de sus posibilidades me puedan aportar y eso se los agradezco infinitamente”.

A la escuelita de Belkis, ubicada en el sector Plaza Bolívar de Araya, van todos los días aproximadamente 36 niños en edad escolar. Todos en nivel de educación básica. Son atendidos en dos turnos: en la mañana de 10:00 a. m. a 12:00 m. y en la tarde, de 1:00 p. m. a 4:00 p. m.

Buenos resultados

Para muchos representantes matricular a sus niños en la escuelita de Belkis ha sido la mejor opción en medio de esta pandemia.

Uno de los representantes asegura que hace un año inscribió a su niño en clases particulares, porque le habían dado muy buena referencia de la maestra. “Y efectivamente ha sido así. Mi hijo ha adelantado en su lectura y escritura, sabe sumar, restar y multiplicar, su comportamiento con la maestra ha sido muy bueno”, acotó.

Otra mamá califica la labor de la maestra Belkis de muy noble y oportuna. “Su forma de educar está basada en el respeto y la dedicación, con especial atención a las necesidades y formas de aprender de cada niño”.

En su caso, asegura la representante consultada, ha visto grandes avances académicos en su hijo en un tiempo relativamente corto. “Mi niño espera ansioso la hora de clases y se quiere ir antes de tiempo a la escuelita”.

Para esta madre, ese gusto de su hijo por ir impaciente a la escuelita de la maestra Belkis le “demuestra que se siente amado y seguro en ese lugar y no tenemos más que agradecimiento hacia ella como persona y admiración por su trabajo”.

Entretanto, Belkis afirma que en medio de las dificultades ella seguirá remando su barco hacia las Colinas del Saber, porque está convencida de que así contribuye al desarrollo del país. “Hoy más que nunca Venezuela necesita de una sociedad educada”.


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