Las calles, así como las estaciones de servicio, se han convertido en el escenario ideal para quienes tienen poco presupuesto. Mientras que los restaurantes han devenido en «discotecas» y ofrecen combos de dos hamburguesas y un tobo de cervezas para atraer a la clientela.

Maturín. De lunes a jueves Maturín es una ciudad fantasma: sus calles vacías, oscuras e inseguras han generado que la vida nocturna y comercial se vea desplazada. Sin embargo, cuando inicia el fin de semana, la historia es otra. Los locales encienden luces, ponen a enfriar las cervezas y ofrecen una alternativa de entretenimiento —dolarizada— para un target comprendido entre los 18 y 45 años. Las rumbas en la capital monaguense se niegan a morir.

En 2009 sobraban las opciones para visitar. La gente podía elegir entre las fiestas de calle o pagar el servicio de tragos y baile en discotecas. No obstante, este tipo de lugares quedó en segundo plano debido a la crisis y ahora sitios que tenían un esquema solo de restaurante han optado por brindar a sus clientes una suerte de predespacho. Esto es, darle al negocio un ambiente de discoteca pasada cierta hora.

José Antonio Yaguaran, mejor conocido como Dj Nino Prez, ha estado en la movida nocturna de la ciudad desde 1997, lo que ha propiciado que su forma de trabajo evolucione de acuerdo con las tendencias de turno y estilo de vida del maturinés.

Cuando yo empecé la moda eran fiestas públicas en clubes e incluso en la calle, con minitecas. Sin embargo, hoy día, eso ha cambiado como consecuencia de la inseguridad e incluso los permisos necesarios para realizar estos eventos, además de que tengo entendido se aprobaron varias leyes referidas a la contaminación sónica, contó.

Yaguaran sostiene que las discotecas desaparecieron y que solo hay negocios que hacen fusiones: «Ejemplo, restaurantes que se convierten en discoteca y promocionan un producto o servicio por fin de semana. Como un combo de dos hamburguesas y tobo de cervezas o noches temáticas. Pero discotecas como Ágora o Paladium ya no hay.

La zona de Tipuro, ubicada al noreste de la ciudad, es el centro favorito de visita actualmente por la variedad de sus locales.

rumbas se niegan
Foto: Cortesía
¿Sin dólares no hay rumba?

Como en todas las áreas del país que se han dolarizado, salir de fiesta en Maturín también implica un monto mínimo en divisas, que según algunas personas entrevistadas por Crónica.Uno ronda los 20 dólares y cubre —hasta el momento de publicación de esta nota— los gastos de transporte y servicio del local. La mayoría de los sitios nocturnos de la ciudad están ubicados en centros comerciales resguardados por vigilancia privada.

Yo salgo casi todos los fines de semana, voy a la zona de Tipuro porque es tranquilo y hay seguridad. Para poder rumbear en Maturín se necesitan al menos 20 dólares, por supuesto, el precio de los servicios varía de acuerdo con la ocasión y al tipo de bebida que prefieran, comentó José Jesús Perdomo, de 22 años de edad.

Con todo, es posible que la asistencia a estos lugares se vea mermada por factores como la escasez de gasolina o el aumento del dólar. “He ido a toques en establecimientos donde entran 300 personas y solo van 80 cuando se incrementan estos problemas”, acotó Dj Nino. Para las personas que no tienen vehículo propio también aplican otros condicionamientos, como el hecho de que los taxis solo atienden por previa cita, sobre todo a altas horas de la noche, y la tarifa sobrepasa los 300.000 bolívares dependiendo del recorrido.

No tengo dólares ¿A dónde voy?

Para Dj Nino, los precios han dividido a la gente en dos tipos de público: «Los que pueden y quieren pagar un servicio en un local y los que prefieren ir a una estación de servicio a tomar en el carro. En la estación de servicio Escorpio se reúnen cada fin de semana y ningún cuerpo policial los retira de ese espacio ¿cómo rumbeas en una bomba de gasolina? ¿Quién responde después por la limpieza o accidentes que ocurran ese espacio? Nadie.

Se ha hecho costumbre estacionar los carros en un espacio amplio que suele tener a pocos metros un expendio de licores, donde las bebidas fluyen entre la multitud. Esto ha traído como consecuencia que se realicen operativos policiales que, por lo general, dan por terminadas las reuniones.

No estoy de acuerdo con las rumbas callejeras, pero para algunos representa una opción si no tienen el dinero para pagar un servicio. Pero hay mucha inseguridad y poco control, destacó José Jesús Perdomo.

A pesar de todo, los operativos de seguridad no son constantes y las rumbas callejeras se mantienen bajo el propio riesgo de los asistentes.


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