En el sector Las Terrazas tienen un mes sin agua. Ni las cisternas han llegado para auxiliar a la población.

Caracas. Un taxista fallecido por COVID-19. La noticia la rodó el propio gobernante Nicolás Maduro en cadena nacional, el pasado 29 de marzo. De inmediato se activaron las alarmas en la parroquia Antímano. 

El hombre, que ya estaba retirado del volante, fue ubicado por unos como vecino del sector La Grama, hubo otros que dijeron que vivía en el barrio El Carmen. 

Lo cierto del caso es que sí murió, pero en la comunidad se dice que fue porque sufría de diabetes y que le dio un infarto. “Nada del virus, sus mismos hijos lo dijeron”, señalaron con toda seguridad quienes en la calle hablan del caso.

Eso desinfló la noticia oficial. Y ya más nadie mencionó lo del taxista fallecido por COVID-19, la que llamaron la tercera víctima. Tampoco el Gobierno rectificó la noticia.  

Era la primera vez que se identificaba el virus en una zona popular, el extremo de la ciudad y lejos de Miranda, donde hay identificados 58 casos positivos.

Nos imaginamos que vendrían a acordonar la zona, que no iban a dejar a salir a nadie, que esto se llenaría de médicos, pero qué va. Nada de eso, aquí estamos abandonados. Y eso del taxista no fue así, ese señor vivía por esa calle, mire. Y por ahí todo está como si nada.

Es el testimonio de un transeúnte que, sin tapabocas, estaba sentado en la plaza de la iglesia Nuestra Señora del Rosario. Señaló la calle Cruz Verde, por donde se sube a La Pedrera. Por ahí, también indicó otro residente, vivía el taxista.

“En la parte alta de La Cumbre se dice que hay casos positivos. Pero no hemos visto a la gente de la plataforma Patria haciendo seguimiento. Eso es pura mentira, aquí uno sobrevive porque sale. No han llegado ni las cajas del Clap, sácalo por ahí”, dijo Ruth Villegas, quien habló con desdén cuando se refirió a las políticas sociales del gobierno de Maduro.

Muy poco buhoneros en las calles. Foto: Luis Morillo

En la parroquia Antímano la cuarentena aún no es asimilada como tal. En la plaza Bolívar la gente se sienta como un domingo cualquiera. Hay parejas hablando como si nada, niños jugando sobre los bancos, señores de la tercera edad pasando las horas.

Los comercios trabajan hasta el mediodía, repitiendo el protocolo de las colas con distancia, el uso de tapabocas y de guantes el que los tenga. No hay despliegue de policías para hacer cumplir las normas de prevención sanitaria.

Por los alrededores de la Jefatura, dos cuadras más allá de la plaza, han hecho limpieza desde el 29 de marzo para acá. Sin embargo, en los cerros abunda la basura y la maleza que ahora, en temporada de calor y sequía, se incendia. 

Fabriel Prato, vecino, también criticó la falta de atención a las zonas populares. El suministro de agua, el transporte, la comida, telefonía e Internet son pésimos servicios en la parroquia.

Por eso no entendemos, en el caso de la telefonía e Internet, cómo los muchachos van a estudiar. Esa es otra irregularidad del Gobierno. Aquí conseguir señal en el teléfono es una proeza,  menos la gente va a tener Internet. Sin teléfonos inteligentes y sin computadoras cómo se van a enterar de las tareas, se preguntó.

En el sector Las Terrazas tienen un mes sin agua. Ni las cisternas han llegado para auxiliar a la población. 

Por tanto, las medidas de higiene personal pasan por debajo de la mesa. «Lavarse las manos, lavar la ropa es una tarea titánica en medio de esta pandemia», dijo Milagros Castillo.

Los vecinos todavía al mediodía hacen compras. Las panaderías y las farmacias permanecen abiertas, esperando el último llamado de los policías que pasan con el camión y por los altavoces avisan que deben cumplir con el cierre y con la cuarentena.

Las colas se hacen respetando el distanciamiento. Foto: Luis Morillo

“Lávese las manos y quédese en su casa”. Es la cuña que repiten una y otra vez. “Si me llevaran la comida a la puerta de mi casa, no saliera, pero eso no ocurre. Tengo muchachos y no los puedo dejar pasando hambre”, dijo un hombre ya entrado en años que descansaba en la plaza.

Antímano, una parroquia con una población que supera los 160.000 habitantes y que fue visitada por el fallecido Hugo Chávez el 1° de diciembre de 2010 —fecha cuando prometió desalojo y casa para los habitantes de La Pedrera, más de 400 familias— tiene fallas en todos sus servicios.

Se decía que era la parroquia, junto con  El Valle, de las más chavistas de Caracas y hoy en día sus habitantes sufren la desidia gubernamental.

Del transporte ni hablar. Las rutas troncales hacen su agosto ahora que hay menos unidades por el tema de la gasolina, “a veces quieren cobrar lo que les da la gana. Es el pueblo dañando al mismo pueblo, y lo peor es que no hay institución donde quejarse. Esas unidades son de ellos y uno tiene que subir al cerro. Con estas bolsas, con ese sol, cómo hace uno”, dijo un usuario.

Pasado el mediodía todos se van aguardando. Foto: Luis Morillo

Muy pocos buhoneros se ven en las calles, el que vende monte, el de los cigarros, el de las chucherías, pero igual van dejando las esquinas en la medida que la gente se recoge en la parroquia Antímano y da paso al fantasma de la llamada cuarentena social.

parroquia Antímano
La gente sale a buscar comida todos los días. Foto: Luis Morillo
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