La emergencia humanitaria sigue su curso en un país donde la escasez de medicinas en redes privadas ronda 80 %, según el Reporte Nacional: Emergencia Humanitaria Compleja Septiembre 2018, y que ha provocado que el consumo per cápita de medicamentos bajara de 22 a 1,5 unidades en cuatro años. Frente a esta situación, algunas farmacias solo muestran jarabes y antigripales, mientras que otras han optado por ofrecer productos distintos a alimentos y medicamentos.

Caracas. La crisis en Venezuela continúa haciendo estragos y, a espera de lo que pueda pasar con el ingreso a Venezuela de la ayuda humanitaria que está en Cúcuta, la escasez de medicinas sigue galopando en las farmacias de la capital, donde la respuesta más común al preguntar por un fármaco es “no hay”.

Durante un recorrido por distintas farmacias del oeste de Caracas que hizo el equipo de Crónica.Uno, se evidenciaron las penurias que deben atravesar quienes sufren de diabetes, hipertensión, depresión o convulsiones, así como sus familiares.

En Fundafarmacia de la avenida San Martín, a la altura de la plaza Capuchinos, al menos desde noviembre no reciben insulina, antibióticos, tratamientos para la hipertensión, analgésicos, psicotrópicos, entre otros. Sus estantes son evidencia de una crisis que, según la Asociación Civil Convite, hasta agosto del año pasado tenía un saldo de 79,9 % de escasez de medicamentos para controlar la hipertensión; 83,3 % para la diabetes y 95,6 % para infecciones respiratorias agudas.

Los estantes de las distintas farmacias se limitan a mostrar jarabes para la tos, antigripales y pastillas para aliviar malestares en general. Las pastillas anticonceptivas brillan por su ausencia, como comentó Gabriela Herrera, ciudadana que aseguró haber recorrido “varias farmacias desde Los Molinos”. Herrera también buscaba pastillas para el asma, que no consigue desde diciembre y que la han hecho depender simplemente del inhalador.

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En el Farmatodo ubicado frente a la Maternidad Concepción Palacios, las personas preguntan constantemente —récipe en mano— por los tratamientos e insumos que requieren ellos o sus familiares. Lucía Negrín, habitante de Los Cortijos pero que trabaja por la zona, entró a dicha sucursal en busca de hidrocortisona que le sirve “para calmar los problemas pulmonares” de su hija de 6 años, pero su tercer intento en todo el día fue en vano.

Los estantes que antes eran exclusivos para medicinas ahora comparten espacio con avenas, fórmulas e infusiones | Foto: Alberto Torres

En dicho Farmatodo, pese a que el área de farmacia ha sido reducida, sí hay existencia de antidepresivos, insulina y tratamientos para la hipertensión, que oscilan entre 5000 y 40.000 bolívares soberanos. Anticonvulsivos como fenobarbital y carbamazepina hace rato que no entran en el inventario de ese establecimiento, así como en la mayoría de los consultados.

La escasez de medicamentos ha provocado que muchas farmacias migren a otros sectores y se conviertan, prácticamente, en bazares y supermercados. Tal es el caso del Farmayor de la avenida Páez, en El Paraíso, cuyos anaqueles ahora muestran vajillas, envases plásticos y hasta tiene un pasillo donde se exhiben electrodomésticos y sillas playeras.

Ventiladores, sillas y productos de camping son los que ahora ocupan los pasillos de algunas farmacias | Foto: Alberto Torres

En junio de 2018 —durante un foro sobre la crisis de salud organizado por Crónica.Uno— el presidente de la Federación Farmacéutica de Venezuela (Fefarven), Freddy Ceballos, alertó que en 2017 «alrededor de 125 farmacias» cerraron sus puertas y que esperaban perder «100 más» durante el año pasado.

En Farmarato de La Vega el panorama era más alentador. La farmaceuta que se encontraba atendiendo al público afirmó tener disponibilidad de tratamientos para la hipertensión, diabetes y convulsiones, sin embargo, la ausencia de antidepresivos ha sido una constante «desde hace tiempo». Cristóbal Ramírez, habitante de Montalbán, mencionó que constantemente visita dicho establecimiento pues es «de los pocos» que venden insulina de manera regular en la capital.

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Farmarato, en La Vega, es de las pocas farmacias con alta disponibilidad de productos. Foto: Alberto Torres

El apagón del 14 de febrero coincidió con el recorrido y afectó al Locatel de San Martín, que no abrió sus puertas sino una hora después de la falla eléctrica. Allí, la respuesta de la farmacéutica a cargo cuando se le consultaba por Losartan, amoxicilina y hasta antialérgicos pediátricos, alternaba entre: «No tenemos disponibilidad», «eso tiene tiempo que no llega», «cuando llega se acaba muy rápido».

De acuerdo con el Reporte Nacional: Emergencia Humanitaria Compleja Septiembre 2018 elaborado por distintas asociaciones y organizaciones ligadas al sector «entre los años 2016 y 2018, la red de farmacias privadas registró una escasez de medicinas en sus anaqueles que osciló entre 80 % a 85 %» mientras que, desde 2014, el consumo de medicinas bajó de 22 a 1,5 unidades per cápita.

Farmayor de la avenida O’Higgins, cercano a la redoma La India de El Paraíso, tampoco contaba con medicinas distintas a jarabes y antigripales. La mayoría de sus anaqueles, tanto los de los pasillos como los que están dentro del área de farmacia, mostraban el esqueleto de un sector en decadencia y que, según la Sociedad Venezolana de Medicina Interna, afecta a más de 18 millones de personas que «no tienen garantías de acceso a diagnósticos ni a tratamientos», de las cuales al menos 7 millones son personas hipertensas y 2,4 millones sufren de diabetes.


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